TOUR 2003 | Séptima etapa

El primer día de montaña deja en la cuneta 'cadáveres exquisitos'

Apoyado en el coche del Fassa Bortolo, a pleno sol sobre el asfalto derretido, Giancarlo Ferretti hacía penitencia. Depresión. Alessandro Petacchi, el sprinter hercúleo sobre el que edificaría el director italiano su Tour del Centenario, había abandonado en el primer puerto, en la primera dificultad de la carrera. Y eso que Ferretti creía haber convencido al ganador de cuatro etapas de que a un sprinter sólo se le valoran los triunfos si es capaz de terminar el Tour y si es posible vestido de verde. "Se ha ido porque se le ha metido en la cabeza irse", dijo Ferretti, que había puesto todo su equipo a disposición para el derroche de energías necesario para las victorias de Petacchi. "Pero sólo es capaz de hacer cosas grandes aquel que tiene orgullo y bravura para intentarlas. Me avergüenzo de todo lo que he dicho sobre Petacchi estos días, todo lo que ha contribuido a su exaltación en la prensa. Y le voy a pedir disculpas a Leblanc". Tampoco contribuyó a alegrarle el día al viejo Ferretti la primera prestación montañosa de Aitor González, su líder español. El ganador de la Vuelta se enfrentaba por primera vez en su vida a un puerto del Tour, y salió rebotado de La Ramaz. Perdió más de ocho minutos con Virenque y cuatro y medio con respecto a Armstrong y su paquete de favoritos. Ferretti ya se lo esperaba. "Aitor va piano, piano", dijo.

Más perdieron Botero y Simoni, los primeros cadáveres del Tour del Centenario. Más de 10 minutos. Simoni había despertado grandes esperanzas en un cierto sector por su reciente victoria en el Giro y sus declaraciones de seriedad y compromiso con el Tour. Se supone que aprovechará la pérdida de tiempo y de condición de favorito para salvar su Tour con un triunfo de etapa prestigioso, a ser posible hoy en l'Alpe d'Huez, donde volverá a exhibir su bicicleta de aluminio y carbono, tan ligera que le tiene que colgar una pesa de plomo para llegar a 6,8 kilos, el peso mínimo permitido por la UCI. Botero, pese a haber cambiado de equipo -Kelme por Telekom- sigue con sus hábitos y sus límites en la alta montaña. Y con su sufrir por culpa de los pies. "Subiendo a La Ramaz pensé que era el fin de mi carrera deportiva", comentó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0012, 12 de julio de 2003.

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