_
_
_
_
_
Tribuna:
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Madrazo en la picota

Aunque el PSOE e Izquierda Unida parezcan no haberse enterado y sigan hurgando en la guerra de Irak, el pasado 25-M demostró empírica y fehacientemente que en España, como en casi todos los demás países, no son los temas de política internacional, sino los de política interior aquellos que inclinan la balanza de los votos. José María Aznar, que ya basó en esta hipótesis la última campaña electoral, tiene ahora el aval de los resultados para, con la vista puesta en marzo de 2004, desplegar el vasto dispositivo de propaganda del PP en torno a sus dos ejes favoritos: los presuntos éxitos económicos del Gobierno que preside (el paro en descenso, el crecimiento por encima de la media europea...) y la explotación de ese nacionalismo español tan rampante como inconfeso. Este último vector, claro está, tiene en la situación vasca su máximo nutriente; y es ahí donde se inserta la fulgurante reaparición, en el discurso monclovita, del caso de Ezquer Batua.

Se trata, en efecto, de una reaparición, porque ya en los ominosos pródromos de las elecciones de mayo de 2001 al Parlamento vasco, cuando tanto el "bloque constitucionalista" como la Brunete mediática echaron el resto para ganar su particular cruzada norteña, ya entonces Javier Madrazo -el único no nacionalista que había suscrito el pacto de Lizarra- fue objeto de una campaña de descalificación y ridiculización tanto personal como política digna de Joseph Goebbels..., aunque sus promotores gustasen y gusten de equipararse más bien con judíos perseguidos. Con todo, Izquierda Unida-Ezquer Batua (IU-EB) obtuvo el 5,5% del apoyo popular y tres diputados que -¡abominable crimen!- sumó a los del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Eusko Alkartasuna (EA) para sustentar e integrar el Gobierno de Vitoria.

Si es verdad que, en política, son los votos los que dan o quitan razones, las municipales pasadas han supuesto para la formación que encabeza Madrazo un considerable aval: IU-EB recoge el 7,9% de los sufragios, triplica sus concejales, pasa de cuatro a nueve junteros en las diputaciones forales, entra en consistorios de la importancia de San Sebastián, Getxo, Éibar o Irún y puede ser decisiva en plazas como Bilbao. ¿Gracias, en parte, a antiguos votantes batasunos? Es muy probable; pero, ¿no se trataba precisamente de eso, de empujarlos fuera del campo gravitatorio del terrorismo, de perseguir las actuaciones delictivas respetando todas las ideas? ¿O acaso habrá que ilegalizar también a IU-EB por haber recibido unos miles de sufragios contaminados?

Ilegalizarla no, pero el proceso de demonización se ha puesto en marcha otra vez con renovados bríos. Sucede que, según ciertos cálculos poselectorales, de trasladarse los resultados del 25 de mayo a unos nuevos comicios para el Parlamento vasco, IU-EB podría tener la llave de la mayoría absoluta, y ofrecérsela presumiblemente a Ibarretxe. Además, y sobre todo, Aznar ha creído descubrir en las modestas huestes de Madrazo el punto más vulnerable, la trinchera peor defendida del largo frente enemigo -el señor presidente no tiene adversarios...- y ha ordenado concentrar ahí el fuego propio: IU-EB estuvo en Lizarra, gobierna junto al PNV y EA, se resiste a la liquidación institucional de Batasuna, abona el plan Ibarretxe..., por tanto, es reo de lesa patria y cómplice del terrorismo; la Izquierda Unida estatal de Gaspar Llamazares consiente tales fechorías, luego también es culpable y está deslegitimada; el PSOE se dispone a pactar con Izquierda Unida coaliciones de gobierno en la Comunidad de Madrid, en Asturias, en muchos Ayuntamientos, ergo también el PSOE de Rodríguez Zapatero es un partido bajo sospecha, sin agallas nacional-españolas, cómplice de un cómplice de un cómplice de quienes quieren dinamitar la Constitución...

Dejando aparte su lóbrega antigüedad, lo más deprimente de este discurso es que, como ocurre siempre con cuanto toca de cerca o de lejos al País Vasco, haya una buena tropa de opinadores de izquierdas, de progresistas conspicuos para compartirlo y avalarlo. No, por supuesto, la descalificación del PSOE o de sus pactos locales con IU, pero sí la satanización de Ezquer Batua y el maltrato verbal a Madrazo, los reproches a Llamazares e incluso las condescendientes recriminaciones hacia Rodríguez Zapatero. Lo siento, pero me entristece leer a personas de antiguo y acrisolado compromiso democrático quejándose de que el funcionamiento federal de Izquierda Unida otorgue a su organización vasca tanta libertad estratégica y táctica, y reclamando en vez de eso más disciplina y más autoridad, como si Llamazares fuese el sargento de semana, y Madrazo un torpe recluta al que poner en vereda a gritos. Madrazo, como cualquier dirigente político, se debe a su programa y a sus casi 90.000 votantes del otro domingo, una cifra en ascenso que, junto a la exitosa apuesta de Esquerra Unida i Alternativa en Cataluña, más bien desacredita los uniformismos cuarteleros.

Luego está el poso de odio que la propaganda aznarista y sus -quiero creer que involuntarios- corifeos de izquierda dejan. No una saludable fobia contra los terroristas, sino odio contra todos aquellos políticos y partidos que la demagogia ha estigmatizado como tibios o blandos respecto del dogma oficial. La crónica, el pasado domingo, de los insultos a Rodríguez Zapatero y a Llamazares en el funeral de Pamplona -"¡marxistas!", "¡cabrones!", "a vosotros no os matan porque sois como ellos"...- me produjo menos indignación que la noticia del atentado de Sangüesa, el día anterior; pero sólo un grado menos de congoja.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_