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Entrevista:IGNACIO RUPÉREZ | Ex embajador en Bagdad | GUERRA EN IRAK | La entrevista

"Sadam se cree Nabucodonosor"

Llegó a Bagdad en febrero de 1997 para reabrir la Embajada de España, cerrada desde la primera guerra del Golfo, y, más tarde, la oficina comercial. Ignacio Rupérez, que hizo funciones de embajador en Irak durante tres años y medio, ha sido el diplomático español que más tiempo ha permanecido en Irak.

Pregunta. ¿Cómo era en esos años la relación entre España e Irak?

Respuesta. Buena. Durante mi época se hizo un intento por fomentar la cooperación cultural, educacional, etcétera. La política española con Irak tenía cuatro puntos cardinales: apoyaba su integridad territorial; mostraba su preocupación por la situación humanitaria; participaba en el programa Petróleo por Alimentos, y pedía, por último, a Bagdad que cumpliera las resoluciones de la ONU. Como en buena parte del mundo árabe, España tiene en Irak un especial valor sentimental a causa de Al Andalus. Entre los viejos dignatarios del régimen había además una gran admiración por Franco, por el desarrollismo franquista de los setenta, que Irak emuló en su época de bonanza.

"Un megalómano como él no puede pensar en rendirse. Morirá peleando"

"Sadam pidió que le hicieran un árbol genealógico que le asociara con el Profeta"

P. Pese a las penurias, pese a los desastres de las guerras contra Irán y del Golfo, Sadam estaba entonces firmemente establecido en el poder.

R. Sí, sí lo estaba gracias al aparato represivo, a la concentración de poder en manos de unos pocos, todos ellos de su tribu de Tikrit; a los castigos ejemplares, al miedo que infundía y a un cierto desinterés de la comunidad internacional.

P. Cuando Sadam desempeñó sus primeros cargos el poder residía, sin embargo, en el partido Baaz.

R. Pero aplicando métodos estalinistas -Stalin ha ejercido una gran influencia sobre él- no tardó en purgarlo para ejercer un poder personal e indiscutible. Nada más acceder a la cúpula del Estado convocó, en julio de 1979, una reunión del Consejo de la Revolución. Al Husein Mashadi, el secretario general del Consejo, que había sido previamente torturado, confesó entonces que había estado involucrado en un complot prosirio y designó a medio centenar de cómplices, que fueron detenidos allí mismo y posteriormente ejecutados. Toda la escena fue grabada en vídeo y enviada a las secciones locales del Baaz para que supieran a qué atenerse. El complot fue un pretexto para asentar su autoridad.

P. Cuando se terminan los 35 años de poder de Sadam, como vicepresidente y como jefe del Estado, ¿cómo cree que le gustaría pasar a la historia?

R. Sadam es un megalómano. Algunos le describen como un Nasser en versión sanguinaria. La comparación con Nasser le parecerá poco. Su ambición histórica se entrevé, más bien, en los carteles en los que da la mano a Amourabi o en unas medallas en las que su perfil se superpone al de Nabucodonosor . También se vislumbra en sus referencias a Saladino y que, por cierto, nació cerca de Tikrit, la ciudad de la que es originario. Hace años pidió a unos genealogistas que le hicieran un árbol genealógico que vinculara a su familia con el entorno del Profeta.

P. ¿Sus dos hijos varones se le parecen?

R. Sí, por la brutalidad de sus métodos. Llegué a Bagdad en 1997 y recuerdo que en el barrio de Al Mansur muchas familias acomodadas estaban aliviadas. Sus hijas jovencitas ya no tenían que temer las razias de Uday, el primogénito, que apresaba a las que más le gustaban para abusar de ellas. Un año antes Uday había sufrido un atentado y, desde entonces, redujo su actividad depredadora. Hay un cierto reparto de papeles entre Uday, con supuestas inclinaciones culturales en el mundo del periodismo y de la televisión, y Qusay, el pequeño, que manda la guardia pretoriana del régimen. Qusay es, en la práctica, el número dos del régimen.

P. Además de las purgas, ¿qué otras cosas aprendió Sadam de Stalin?

R. Son trayectorias bastante similares. Ambos son de origen modesto. Nacido en una familia campesina, Sadam habla un árabe muy pobre. Es autodidacta, trabajador y disciplinado. Ascendió socialmente gracias al partido al que después domesticó. Ahora el Baaz es un magma de intereses familiares y comerciales con mucha corrupción de por medio. De Stalin aprendió también el control de la población, la represión despiadada, enfrentar a unas comunidades con otras para imponer mejor su autoridad.

P. Era, por tanto, ilusorio pensar que un hombre así se exiliase como le exigió EE UU y se lo ofrecían los árabes.

R. Y que se suicidase. Él y sus hijos morirán peleando. Se inmolarán para provocar el apocalipsis final. Un megalómano que se compara con Nabucodonosor no puede pensar en rendirse. Sería un fin humillante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003