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DOBLE HOMICIDIO EN EL HOSPITAL

Una médica de Madrid mata a una compañera y a una paciente a cuchilladas en un arrebato de locura

Otras seis personas resultan heridas en el ataque, dos de ellas de extrema gravedad

Dos mujeres muertas y seis heridos, dos de ellos en estado crítico, es el fatídico resultado del episodio violento que protagonizó una médica de la Clínica La Concepción, en Madrid. Noelia de Mingo Nieto, de 31 años, residente de la sección de Reumatología, víctima de un brote psicótico, empuñó un gran cuchillo y la emprendió a puñaladas con todo el que se le ponía por delante. Primero se dirigió al control de enfermería de su unidad y apuñaló de muerte a su compañera Leila El Ouamaari, de 26 años. Una paciente, Jacinta Gómez de la Llave, pereció tras sufrir cuatro heridas de arma en el tórax. Con el mismo cuchillo hirió a un auxiliar, dos enfermeras, dos médicos y el familiar de otro enfermo. El estado de dos de los heridos es crítico.

Noelia de Mingo estaba en el cuarto de enfermeras de la unidad 43, en la tercera planta de la clínica. A las 14.25, su cerebro se quebró. Las depresiones que sufría desde hacía tiempo explotaron en un brote psicótico. Empuñó un cuchillo de grandes dimensiones y sin mediar palabra apuñaló una y otra vez por la espalda a una compañera que en esos momentos trasteaba sobre un mostrador entre vendajes, medicamentos y papeles. Se llamaba Leila El Ouamaari, una médica residente de 27 años, de nacionalidad francesa con ascendencia magrebí. Llegó al quirófano en parada cardiorrespiratoria y no pudieron salvarla.

La pesadilla había comenzado. En esos momentos se montó un gran revuelo en la unidad. Varios trabajadores acudieron en defensa de su compañera Leila, pero Noelia de Mingo empezó a pegar cuchilladas a diestro y siniestro sin mirar a quién hería dentro de su furia homicida.

Tras la puerta de madera con una ventana de cristal pintado de blanco, con una señal de prohibido el paso, comenzaron a escucharse gritos y golpes. Así reconstruyeron los hechos médicos y enfermeros del centro.

Alertado por el escándalo, un hombre de mediana edad, que había ido a visitar a su madre enferma internada en esa planta, entornó la puerta de la habitación 4308. Se quedó helado. Del cuarto de enfermeras vio "salir corriendo a una mujer [Leila El Ouamaari] con la bata blanca ensangrentada y que con una de sus manos intentaba detener la hemorragia que le habían producido varias cuchilladas".

A partir de este momento, los acontecimientos se precipitaron. "Vi a otra enfermera o médica huyendo de la habitación, esta vez con un corte enorme en el cuello. Otros enfermeros y enfermeras entraban en la salita. Entonces la vi a ella, desencajada, con el cuchillo en la mano, ensangrentada". Desde entonces, Juan sólo contó con el sentido del oído para conocer lo que ocurría tras la puerta de la habitación. Cerró y pegó su cuerpo con todas sus fuerzas contra la puerta. Cogió su teléfono móvil y llamó a la policía.

Desde otro teléfono de pared situado junto a la puerta de la habitación 4308, Jacinta Gómez de la Llave, de 77 años, hablaba con su hijo. Vio cómo Leila se desangraba. Intentó ir hacia ella para ayudar, pero Noelia de Mingo se le vino encima. Le hundió el cuchillo cuatro veces en el tórax. También la mató.

Sólo minutos más tarde, al volver a abrir la puerta de la habitación de su madre, los ojos de Juan corroboraron lo que sus oídos habían escuchado. Había sangre por todas partes. En el suelo, unas zapatillas de andar por casa, descansaban sobre un charco de sangre. En una de las paredes, bajo el teléfono que había usado Jacinta Gómez se podía ver una gran mancha roja, densa e informe. Había sangre en las puertas, regueros que salían de una habitación y entraban en otras.

Al ver la violencia que segregaba De Mingo, varios trabajadores cercaron a esta mujer. Pero tuvo que ser un celador el que acabara con el episodio de muerte. El empleado, vestido con bata blanca, cogió un soporte metálico para suero y comenzó a intimidar a la homicida, que poco a poco fue deponiendo su actitud, visto cómo la seguía con este bastón metálico de largas dimensiones. Al final logró acorralarla contra la pared. En ese momento, según varios testigos, de Mingo se vio rodeada y prefirió rendirse. Tenía todas las ropas y las manos manchadas de sangre. Idéntico panorama se repetía por toda la unidad, a pesar de las sábanas que pusieron los trabajadores para tapar la sangre.

El celador arrebató el cuchillo a la médica residente y se la llevó a un cuarto destinado a poner escayolas. Allí permaneció encerrada hasta que llegaron agentes del Cuerpo Nacional de Policía y la trasladaron a una habitación de la unidad de Psiquiatría del mismo centro hospitalario. A partir de entonces, la noticia se propagó a toda velocidad por La Concepción.

Varios médicos y enfermeros del servicio de urgencias salieron corriendo hasta la tercera planta con el aparataje de reanimación, donde se encuentran los quirófanos del centro hospitalario. Todos los intentos fueron inútiles, ya que las dos heridas más graves murieron en la mesa de operaciones dada la gravedad de las lesiones que sufrían.

A las tres y media de la tarde, cuando todo ya había finalizado, el cuarto de enfermeras era un caos y la policía prohibía que se limpiara nada. Ya se sabía que Leila había muerto. "No quiero quedarme sin madre, no quiero quedarme sin mi madre", sollozaba una joven a la que su hermano intentaba consolar.

Noelia De Mingo había sido un regalo de Reyes para sus padres, Consolación y Juan, que la vieron nacer el día 6 de enero de 1972. Probablemente Noelia nunca pudo adivinar que su carrera de reumatóloga terminaría en la habitación 4401 de la unidad de Psiquiatría de la clínica donde había ejercido su profesión durante tres años. Con la ropa manchada por la sangre de varios de sus compañeros, pacientes y visitantes de la clínica. Con dos muertes sobre sus espaldas.

En la habitación contigua a la de Juan, Águeda, una mujer de avanzada edad, esperaba la visita de su marido. No llegó a verlo. Félix Vallés, de 77 años, acababa de terminar de comer y dirigió sus pasos hacia la clínica para ver a su esposa enferma del corazón.

Cuando traspasó la puerta de la unidad 43 se encontró frente a frente con la homicida. Estaba fuera de sí, asestaba puñaladas a todo el que se le ponía por delante. A Félix, el zarpazo le cayó en el estómago y le alcanzó el páncreas y la arteria aorta. Se encuentra en estado muy grave y los médicos de la clínica han asegurado que dada su avanzada edad, les preocupa mucho su estado.

Una auxiliar de clínica de 51 años sufrió heridas en el pulmón izquierdo y el diafragma; su estado es crítico. Dos enfermeras y un médico después del ataque les trasladaron a la unidad de cuidados intensivos y, según el último parte, su "estado no es muy preocupante".

Sentada junto a una puerta de hojas de plástico batientes, Marisa llora desconsolada. "Esto es una película de terror", dice. Ella iba a acompañar a Félix Vallés, su padre, en la visita a su madre. "Estaba en el pasillo y le han pinchado en el estómago. ¿Cómo puede pasar esto? Mi madre me lo contó. Dice que todo eran gritos: 'Cerrad las puertas, que todo el mundo cierre las puertas'. Escuchó chillidos y golpes y sabía que su marido estaba fuera".

"Noelia es una persona que nunca se mete en problemas"

La sorpresa surgió ayer en el municipio de El Molar, situado en la carretera de Burgos (N-I) a 43 kilómetros de Madrid, donde nació y vive la doctora Noelia de Mingo Nieto. Los vecinos de esta localidad de 3.900 habitantes no salían de su asombro, ya que si algo destacaba en esa mujer era su carácter introvertido y tímido, que le hacía tener pocas relaciones y amistades en el pueblo.

Muchos habitantes desconocían que De Mingo había matado a cuchilladas a su compañera Leila El Ouamaari y a la paciente Jacinta Gómez de la Llave. Nadie podía creer que un hecho tan espeluznante hubiera sido protagonizado por la hija de los antiguos dueños de uno de los restaurantes más afamados de El Molar (Mingo), ya desaparecido.

"Era una persona muy normal. No tenía casi amigos en el pueblo porque siempre ha estudiado fuera; si se ha relacionado con alguien ha sido de fuera de aquí", señalaron tres primas de la homicida. "No salimos del asombro. Era una persona tímida, callada y no se metía en problemas. Desde luego era una persona muy normal", añadieron sus familiares.

Algunos familiares no lograban comprender qué pudo pasarle por la cabeza. "Es la mayor sorpresa de toda mi vida, porque desde luego no es una reacción lógica en ella", concluyeron.

Mayor de tres hermanos

Estudiante brillante, cursó la Educación General Básica y el bachillerato en el colegio San Estanislao de Kostka de Madrid. Después se matriculó en Medicina. Terminó los estudios hace unos cuatro años, tras lo cual comenzó a trabajar en la clínica de La Concepción. Es la mayor de tres hermanos (los otros dos son un varón y una mujer).

"No me lo puedo creer, porque hace una hora he visto a su padre, mi tío, en su coche Mercedes, que iba a echar la partida como todas las tardes. Seguro que no se había enterado de esta desgracia", comentó un familiar de la homicida. "Su hermano no lo sabe todavía y ha quedado con otro primo para recogerlo en la plaza de Castilla [en el norte de la capital] para llevarlo al hospital y contarle todo lo sucedido", añadió otra allegada. "Anteayer [por el martes] estuvimos con ella por la tarde en su casa y la vimos tan normal y tan contenta como siempre. Jamás nos habríamos imaginado algo tan horroroso", comentó otra prima.

"Por no molestar era capaz hasta de no hablar. Todas las mañanas salía muy pronto de casa y cogía el autobús para ir a su trabajo. Después regresaba entre las cinco y media y las seis de la tarde y ya no salía de casa", señalaron varios conocidos.

Mientras, ajenos a todo lo ocurrido un grupo de niños jugaba delante del Ayuntamiento de El Molar, a escasos 15 metros de la casa de Noelia de Mingo, que ayer por la tarde permanecía vacía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003

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