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Reportaje:

El fútbol femenino ya existe

La presencia del Athletic en la máxima competición ha sacado de la clandestinidad a un fútbol militante

Probablemente no se pueda pedir más en tan poco tiempo. Pasar de inexistente o de realidad virtual a realidad televisada quizá sea un sueño en el fútbol femenino, especialmente en Bilbao, un monopolio del Athletic (masculino), y frente a un deporte norteuropeo o americano. Seguramente el 75% de las jugadoras del Athletic, precedentes del antiguo Leioa, alucinen con la aglomeración de coches que invaden el aparcamiento de Lezama en días de partido. El primer reto está conseguido: las mujeres del Athletic femenino llevan más público a las instalaciones de Lezama en días de partido que los varones del Athletic en los entrenamientos.

El fútbol femenino era un asunto demasiado marginal desde las precursoras del Sondika (primer club vizcaíno de élite, que ya fue campeón de la entonces máxima categoría), del Añorga guipuzcoano, del Eibartarrak. Las pioneras se conformaban con Ligas pequeñas, en ambientes pequeños y casi militantes para adentrarse en la especialidad deportiva probablemente más machista. Un deporte basado en la fortaleza física, donde la falta de centímetros o de kilos se penaliza a medida que se avanza en las categorías.

La irrupción del Athletic en la máxima categoría del fútbol femenino ha supuesto una popularización automátrica. Antes se había creado la Superliga, un intento de seleccionar los equipos, aún muy desiguales, para ofrecer un mayor atractivo competitivo. Sin embargo, la Superviga conlleva un coste (desplazamientos, entrenamientos, atenciones médica, etc.) que los modestos clubes históricos tienen problemas para asumir. El Levante fue el primero en atisbar el futuro y se quedó sin rivales. Pero encendió la luz sobre un espectáculo que podía resultar interesante. El fútbol femenino ya existía en los años 70, pero de una forma muy complementaria. Después, el fútbol sala amplió la oferta. Y en el campo escolar los equipos mixtos funcionaban con normalidad en la categorías inferiores. Se trataba entonces de ampliar la base de participación, pero la competición no despegaba: faltaban medios, jugadoras e interés social.

En el País Vasco, la repsuesta fue interesante, pero casi clandestina. La presencia del Athletic ha sacado a la luz la realidad dispersa de las mujeres que jugan al futbol en la comunidad autónoma vasca. Aprovechando la plaza del Leioa, y con la incorporación de futbolistas del Añorga rga, del Eibartarrak (guipuzcoanos) y del Bizkerre (vizcaíno), las jugadoras del Athletic se ha instalado en la élite y disputan el título de la Superliga en lucha con el Levante (está empatado a puntos) y el Puebla.

El partido contra el Levante, en Lezama, supuso un hito histórico: hubo desplazamiento de seguidores del Levante (actual campeón), fue retransmitido por ETB-1 en directo y las gradas registraron una entrada y una ambiente similar al del Bilbao Athletic, el filial rojiblanco de 2ª B. "Llegué con tiempo suficiente y aparqué dentro del parking de Lezama. Cuando concluyó el encuentro, tardé 45 minutos en abandonar las instalaciones. Era la primera vez que iba y no me lo esperaba", cuenta un socio del Athletic que acudió al partido en compañía de su hijo.

El reconocimiento social también ha llegado para el conjunto. El equipo ha sido elegido como Farolín, la máxima distinción del bilbainismo cañí, en los carnavales (por votación popular). Es decir, ya existen, y son muchos los ilustres del futbol vizcaino que se acercan a Lezama para vez sus partidos. Queda mucho más, queda el futuro.

Base por altura

El gran debate es el de siempre. La Superliga es la rampa de lanzamiento para que el fútbol femenino tenga un horizonte deportivo. Convendría, sin duda, que los grandes clubes incluyeran en sus secciones a las mujeres.

Por otro lado la Federación ha establecido una barrera precautoria para el desarrollo de este deporte entre las mujeres, prohibiendo la participación de jugadoras extranjeras. Sin duda, la presencia de futbolistas brasileñas, nórdicas, estadounidenses, animaría el espectáculo deportivo por sus años de adelanto en la práctica del fútbol. Sin embargo, desde las insta cias federativas se piensa que lo más importante es que las futbolistas españolas encuentren el acomodo necesario en los equipos y permitan aumentar el número de fichas. En Vizcaya, por ejemplo, hay 350 jugadoras en el deporte escolar y 150 jugando a fútbol 5 y fútbol 7 en categoría cadete. Más que el influjo de las extranjeras, se busca la participación. Ampliar la base en espera de multiplicarla por la altura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003

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