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OPINIÓN DEL LECTOR

Razón

Sin querer, el Gobierno de España ha dado de modo impresionante la razón a los gallegos que se desplazaron a Madrid para protestar por las consecuencias de la catástrofe del barco mal llamado Prestige. Porque esta desgracia les ha disminuido tanto que cupieron no ya cuatro, sino ocho y más por metro cuadrado de vía pública, por lo que, según la versión gubernamental, "sólo" fueron 100.000, y no los 250.000 o 300.000 que les atribuyen otras fuentes más imparciales.

Yo mismo, repartiendo folletos sanitarios, recorrí de cabo a rabo esa manifestación, como llevo haciendo hace 20 años con muchas otras. Calculé en unos 300.000 los asistentes, tres veces menos de lo afirmado por sus organizadores (exageración modesta, cuando se tiene en cuenta que los organizadores de otros eventos multiplican por diez la asistencia, sin que nadie les contradiga), pero tres veces más de lo que pretendía esa también tan interesada -en no ver- fuente gubernamental.

Por su proximidad en el espacio -mismo recorrido- y en el tiempo -una semana-, resulta inevitable compararla con la, en mi opinión, tres veces mayor manifestación que se llevó a cabo para protestar por la paz y contra la guerra.

Pero esa comparación sería injusta, pues la del desastre del Prestige ha sido una de las mayores manifestaciones "normales" (excluyendo las del 23-F, del asesinato de Miguel Ángel Blanco y contra la guerra de Irak), con el mérito adicional, como la promovida contra el Plan Hidrológico del Gobierno (asimismo, para mí, modélica tanto en organización como en civismo), de que la gran mayoría de la personas que se manifestaron provenía de regiones lejanas a la capital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003