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Reportaje:AMENAZA DE GUERRA | La zona del conflicto

La sombra de Bin Laden en el norte de Irak

Los milicianos kurdos combaten a Ansar el Islam, una 'brigada internacional' integrista vinculada a Al Qaeda

Halabha (norte de Irak)

En Halabha huele a guerra. En este confín del norte de Irak, los milicianos kurdos mantienen arrinconado contra la frontera iraní a un centenar de combatientes de Ansar el Islam (los partidarios del islam), una guerrilla vinculada a Al Qaeda en la que se integran afganos y saudíes. La presencia de esta brigada internacional integrista en suelo iraquí es el principal argumento esgrimido por EE UU -y dado por bueno por el presidente del Gobierno español, José María Aznar- para demostrar los lazos entre el régimen de Sadam Husein y Osama Bin Laden.

Los peshmergas de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), la milicia que controla el sur de la región autónoma kurda, han levantado una verdadera muralla defensiva de trincheras, bastiones y fortines frente a la cadena montañosa Hauraman, la línea de crestas nevadas que marca la frontera con Irán. Las detonaciones de fusiles de asalto Kaláshnikov transportan hasta allí el eco de un enemigo real. Frente a la rutina de los controles de identidad en el norte del Kurdistán o en Suleymaniya, la capital del sur, en Halabha las medidas de seguridad son más bien propias de una zona de guerra.

"El miércoles día 26 de febrero, a las 12.30 horas, un terrorista hizo estallar aquí mismo la carga explosiva que transportaba cuando estaba siendo identificado", relataba ayer el comandante del puesto de control de Zamaqi, a unos tres kilómetros de Halabha, al frente de una tropa de 50 hombres con edades comprendidas entre los 58 y los 16 años y uniformes igualmente diversos. Además del suicida, murieron un peshmerga y el conductor de un vehículo, en una acción atribuida sin vacilación por la UPK a Ansar el Islam.

La batalla entre milicianos kurdos y Ansar el Islam estalló después del 11-S. El 24 de septiembre de 2001, 43 peshmergas de la UPK fueron degollados después de haberse entregado a los guerrilleros integristas en la aldea de Jeli Hama, 35 kilómetros al norte de Halabha. Ansar el Islam procede de una escisión radical del movimiento islamista iraquí. Su objetivo es combatir a los partidos antiislámicos "blasfemos" del Kurdistán autónomo, un territorio caracterizado por la tolerancia religiosa.

Cerca del animado mercado de Halabha, una ametralladora pesada montada sobre una camioneta todo terreno indica la dirección de la sede de la UPK, un verdadero cuartel. En su interior, Mahmud Sangawi, jefe local del partido kurdo, muestra a un grupo de periodistas extranjeros un vídeo sobre el atentado del puesto de control de Zamaqi. En medio de la sucesión de imágenes de miembros humanos desperdigados sobre el asfalto, no vacila en acusar a Irak e Irán de dar apoyo logístico a Ansar el Islam. "Estamos entre dos fuegos, entre la amenaza de Sadam, que ya bombardeó Halabha con gas en 1988, y los ataques terroristas de los integristas", afirma.

Cuando el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, presentó sus cargos contra el régimen de Bagdad ante el Consejo de Seguridad de la ONU, aseguró que la presencia de una guerrilla islamista vinculada a Al Qaeda en suelo iraquí venía a probar los vínculos entre Sadam y Osama Bin Laden. El régimen de Bagdad se apresuró entonces a recordar a Powell que Ansar el Islam opera en una zona del país que escapa a su control, por la protección que ofrecen desde la guerra del Golfo a la autonomía kurda los aviones de combate estadounidenses y británicos.

Los combatientes kurdos que desalojaron a los integristas de Jeli Hama hallaron los cadáveres de los peshmergas que se rindieron colgados de árboles y postes. También encontraron pintadas en árabe a favor de Bin Laden. "No tenemos ninguna duda de que Bagdad ayuda con dinero y comida a los terroristas de Ansar el Islam", afirma el responsable de la UPK en Halabha, "y nos consta que uno de sus jefes está siendo curado de sus heridas en Bagdad". Sangawi confía en poder dar pronto la "bienvenida" a fuerzas especiales de EE UU para "limpiar" las montañas de guerrilleros integristas.

Resulta difícil comprobar la versión de la UPK. Pero Halabha parece vivir ya en estado de sitio. Para viajar desde Suleymaniya la prensa internacional precisa un salvoconducto especial. Casi todos los hombres en edad militar llevan un Kaláshnikov y tienen los ojos enrojecidos por las guardias en la oscuridad. Los campesinos corren a recoger su ganado al caer la noche, cuando las carreteras se quedan desiertas y los controles son más amenazadores. En este rincón del Kurdistán parece como si la guerra tuviese el reloj adelantado.

Genocidio con armas químicas

A un tiro de piedra de Halabha, Anab es una aldea kurda marcada por la tragedia. En la colina que domina el caserío, milicianos de la UPK mantienen vigilado día y noche un frente de combates con la guerrilla integrista de Ansar el Islam. También en lo alto de Anab, un sobrio monumento recuerda la matanza de 350 de sus habitantes en 1988, cuando la aviación de Bagdad bombardeó con armas químicas (gas mostaza) poblaciones kurdas que habían colaborado con el Gobierno de Teherán durante la guerra entre Irak e Irán. Más de 5.000 personas murieron en el distrito de Halabha y unas 12.000 sufrieron lesiones en la vista y las vías respiratorias. En un recodo de la aldea aún puede verse la carcasa de una bomba de gas iraquí. Las hermanas Baurau, de 28 años, y Hatau Ahmad, de 24, juegan con sus hijos al sol ante una casa de adobe de Anab. Llevan vestidos de colores, rojo la mayor, verde la más joven, y hablan con alegre desparpajo de campesinas kurdas. Eran unas niñas cuando Sadam ordenó el bombardeo con gas de su aldea. Adolescentes cuando tuvieron que huir con su familia al vecino Irán, donde permanecieron refugiadas durante cuatro meses tras la guerra del Golfo. "En 1988 y 1991 tuvimos que salir corriendo; ahora estamos preparadas para escapar en cualquier momento", explica Baurau mientras su marido insiste en mostrar el boquete, recién reparado, abierto en un muro de la casa por un proyectil de mortero disparado por Ansar el Islam.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003

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