Reportaje:

Nervios en los bancos alemanes

Las pérdidas, los despidos y la fuerte morosidad provocan una crisis de confianza en el sector

Pérdidas históricas, drásticos recortes de gastos, cumbres en la cancillería, búsqueda de nuevas y poco usuales formas de financiación: en estos días, los nervios están a flor de piel en la gran banca alemana. Aun así, son infundados los temores de que el sector financiero de la mayor economía de la zona euro entre en una crisis similar a la experimentada en los años noventa por Japón, según coinciden los expertos, quienes, sin embargo, alertan del peligro de una crisis de confianza de consecuencias impredecibles.

Ya muchas veces se había dicho en público: 2002 fue el peor año para la banca alemana desde la Segunda Guerra Mundial. Los resultados que comenzaron a ser publicados en las últimas semanas así lo demuestran: mientras el número dos, el Hypovereinsbank, y el número cuatro, el Commerzbank, registraron las primeras pérdidas netas de su historia (858 y 298 millones de euros, respectivamente), el líder, Deutsche Bank, tan sólo con grandes ventas de activos pudo alcanzar beneficios de 397 millones de euros.

El número tres, el Dresdner Bank, tan sólo dará a conocer sus resultados a inicios de abril, pero su propietario, la aseguradora Allianz, ya el año pasado había comunicado que esta entidad acumuló pérdidas por 2.000 millones en los primeros nueve meses del año.

En principio, estas cifras no difieren demasiado de las de otras entidades europeas. Apenas la semana pasada, el Grupo Crédit Suisse, por ejemplo, dio a conocer pérdidas de cerca de 2.300 millones de euros. A diferencia de lo que sucede con sus competido-res internacionales, los bancos alemanes, sin embargo, arrastran una serie de problemas que, a juicio de expertos como Johannes Wassenberg, de la agencia de calificaciones Moody's, dificultan un rápido regreso a los beneficios.

Para comenzar, los cuatro grandes bancos alemanes tan sólo gestionan el 13% del volumen crediticio de su país, mientras las mutuas y las cajas de ahorros alcanzan una cuota de mercado del 51%. También debido a la competencia de estas entidades que to-davía gozan de sustanciales garantías públicas, los grandes bancos privados en los años noventa apostaron por otros negocios, como la gestión de activos y la banca de inversión.

Esta decisión estratégica (ya revertida, en parte: el Deutsche Bank, por ejemplo, decidió volver a integrar en su grupo una banca minorista de la que antes quería deshacerse) supuso grandes inversiones y sólo arrojó beneficios mientras los mercados financieros se expandían. Con la sostenida crisis de las bolsas, las ganancias comenzaron a convertirse en pérdidas.

A este problema se suma la debilidad de la economía alemana, que en el ejercicio pasado apenas creció un 0,2%, y ya lleva cuatro años en serie con récords de suspensiones de pagos entre sus empresas. Todos los grandes bancos alemanes, por consiguiente, han tenido que aumentar mucho en los últimos meses las provisiones de riesgo para hacer frente a la creciente morosidad. Con el fin de sostener la cuenta de resultados, al mismo tiempo, han vendido -muchas veces a pérdidas- los activos acumulados durante décadas.

Es ante este trasfondo que el presidente del Deutsche Bank, Jo-sef Ackermann, en una reciente reunión con el canciller, Gerhard Schröder, planteó, según algunas fuentes, la idea de crear una entidad pública que pueda asumir y gestionar la cartera de morosos de los bancos privados. Este modelo de un bad bank (o banco basura) fue ensayado en las crisis bancarias de Japón y Suecia. "Incluso en el caso de razonables escenarios de tensión para este año, hay suficiente liquidez", dice Wassenberg.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 02 de marzo de 2003.

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