60 años de cárcel para un rumano tras declarar tres 'testigos protegidas'

Una de las mujeres, forzadas a prostituirse, fue violada cinco veces

La Audiencia de Madrid ha condenado a un total de 60 años de cárcel a un ciudadano que formaba parte de una banda de rumanos dedicada a traer a España a compatriotas bajo el engaño de ofrecerles un trabajo y luego eran obligaban a ejercer la prostitución en la Casa de Campo. Nelu Andronic, de 25 años, ha sido condenado a cuatro años de cárcel por el delito de asociación ilícita, seis por el de detención ilegal y otros 50 por cinco delitos de agresión sexual. La condena ha sido posible gracias a las confesiones de tres víctimas declaradas testigos protegidas.

El tribunal declara probado que Nelu Andronic, que también ha usado los nombres de Jakub Tomas Koscielniak y de Boros Claudio Gigi, formó parte hasta su detención, el 4 de septiembre de 2001, de un grupo organizado de ciudadanos rumanos dedicados a captar mujeres para trasladarlas desde su país de origen a otros de Europa y luego a España bajo la falsa promesa de encontrarles trabajo.

Según la sentencia, una vez que las mujeres llegaban a España, la banda les cambiaba sus nombres y retenía sus pasaportes para inmediatamente obligarlas a ejercer la prostitución. Además, eran sometidas a una estricta vigilancia: les advertían de que si huían, o no ejercían la prostitución, les harían daño a ellas o a sus familiares de Rumania.

A una de las mujeres engañadas, que figura como testigo protegida número 1, le ofrecieron un trabajo en un túnel de lavado. Tras salir de Rumania, la banda la trasladó a Hungría, Austria e Italia, y desde allí, hasta Madrid. Ya en esta capital, la subieron en un coche y la llevaron a Benidorm y San Juan (Alicante) y a Valencia, lugares en los que fue obligada a ejercer la prostitución bajo la vigilancia y presión de los miembros de la banda.

De vuelta a Madrid

En septiembre de 2000 fue trasladada a Madrid, donde la banda le buscó una casa en el número 144 de la calle de Los Yébenes. Allí compartió habitación con otras mujeres que se hallaban en su misma situación y que diariamente eran obligadas a ejercer la prostitución en la Casa de Campo, bajo la estricta vigilancia y control de miembros del grupo organizado, entre los que se encontraba Andronic, quien figura como arrendatario del mencionado piso, aunque con el falso nombre de Boros Claudio Gigi.

Durante la estancia en esa casa, la citada testigo careció de libertad de movimiento, puesto que Andronic, en compañía de otros miembros del grupo, además de retenerle su documentación personal, se quedaba con la recaudación que ella obtenía en la Casa de Campo. Además, la banda le propinó palizas cada vez que la chica se negaba a prostituirse. Y eso no es todo: en cinco ocasiones fue forzada por el acusado a mantener relaciones sexuales con él, con penetración vaginal y bucal. Cuatro de las violaciones las cometió el procesado en la citada casa y, al menos, una en el coche en el que era trasladada por los miembros de la organización a la Casa de Campo. Si la chica se negaba a mantener contactos sexuales con el acusado, éste la agredía, según la sentencia.

Aprovechando una visita a un hospital de Majadahonda, el 25 de enero de 2001, la víctima logró huir del grupo que controlaba sus movimientos y actividades y denunció los hechos el día 20 de marzo de 2001. Su huida ha dado lugar a que su familia, que aún vive en Rumania, haya estado sufriendo continuas visitas de miembros de la organización a la que pertenece el acusado para que la víctima modifique los hechos de su denuncia y exculpe al acusado de los mismos.

En el juicio, el procesado negó los hechos. No obstante, el tribunal entiende que hay sobradas pruebas que acreditan su cruel actuación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 11 de diciembre de 2002.

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