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Crónica:Liga de Campeones | FÚTBOL

La indolencia castiga al Madrid

El cuadro de Del Bosque, incapaz de superar a un limitado Lokomotiv

Frente a un Lokomotiv que casi nada hizo por salir en la foto, el Madrid quiso calentarse anoche un ratito y acabó chamuscado. Y de qué de forma. Su futuro en la Liga de Campeones es el más incierto de los últimos años. Y lo es por su propia indolencia, por su empeño en resolver duelos de pelaje semejante a la pata coja y sin llevarse un rasguño. Al Madrid muchas veces le ha servido un ejercicio de suficiencia para despachar estos encuentros. Pero el destino le hizo un mal guiño y le dejó malherido frente al cuadro ruso, que cerró a lo grande su periplo turístico por España tras unos días de hamaca en Marbella. Un premio a su reciente conquista de su Liga, un título que ya no intimida a nadie. Y mucho menos a un Madrid que parecía en vías de resurrección tras su vuelo a Tokio y se tomó el asunto como una faena de aliño. Y no fue peor porque un tal Barber pitó el final cuando Obiarah había quebrado a Flavio y se iba hacia Casillas. Los rusos ni protestaron y los madridistas soplaron aliviados. Una ayuda fantasmal que el Madrid no mereció.

REAL MADRID 2 - LOKOMOTIV MOSCÚ 2

Real Madrid: Casillas; Salgado, Hierro, Pavón, Roberto Carlos; Makelele (Flavio, m. 31), Cambiasso (Morientes, m. 77); Figo, Raúl, Zidane; y Ronaldo (Guti, m. 46). Lokomotiv: Ovchininkov; Evseev, Nizhegorodov, Ignashevich, Pashinin, Lekgetho; Maminov, Mnguni, Loskov; Julio César (Obiorah, m. 46) y Pimenov (Drozdov, m. 80). Goles: 1-0. M. 20. Raúl recibe un pase de Ronaldo, regatea a Evseev y marca, casi sin ángulo, por debajo de las piernas de Ovchininkov. 1-1. M. 48. Obiorah define solo ante Casillas tras coger la espalda a Roberto Carlos. 1-2. M. 74. Mnguni manda el balón a la escuadra con un zurdazo desde fuera del área. 2-2. M. 75. Raúl empuja con el pecho un centro de Figo. Árbitro: Graham Barber (Reino Unido). Amonestó a Evseev y Loskov. Unos 60.000 espectadores.

Con el Lokomotiv amontonado tras la pelota, el Madrid, de inicio, emitió buenas vibraciones. El enlace entre Raúl y Ronaldo, la pareja de moda, fue inminente. Antes del cuarto de hora, el primero ya había puesto al brasileño en la frontera del gol con un magnífico pase. Una de esas asistencias a la medida del calvo, con la pelota enfilada hacia el meta y los centrales de espaldas. Ronaldo falló de forma sorprendente. Minutos después se intercambiaron los papeles. Raúl le tomó la delantera, el brasileño hizo de mensajero y de lo demás se encargaron los rusos, que deslucieron por incompetentes la soberbia maniobra del madrileño. Perfilado hacia la izquierda, dentro del área, Raúl sintió el aliento de Evseev, que se fue al suelo mientras le hacía un quite magnífico con un regate que evocó a Romario. Ya no le quedaba ángulo para enfocar el punto de mira, pero Ovchinnikov, que escoltaba el primer palo, pegó un saltito para que el balón le burlara sin remedio.

Segundos antes, el Lokomotiv había dado un susto a la parroquia cuando Pimenov se plantó como un ermitaño ante Casillas. Como el portero tiene ángel y está sobrado, la cosa se quedó en nada, si bien activó al Madrid. La ocasión hizo sonar el despertador y de la primera aventura rusa se pasó a la diana de Raúl.

Ante un rival tan soso y con un tanto en el zurrón, del Madrid cabían esperar dos caminos: que se diera un atracón o se tumbara a la bartola. Por desgracia para el espectáculo ocurrió lo peor. El equipo de Del Bosque se dejó llevar, frenó en seco su fútbol directo y cayó en la indolencia total. Sin chispa alguna, todos se encomendaron al paso del tiempo, arrastrados por ese halo de pereza que en demasiadas ocasiones le caracteriza. Justo cuando el Madrid comenzaba a abandonarse, se lesionó Makelele, lo que le dejó sin bombero. Con Flavio, es más blando, pierde dinamita, se queda sin costurón y todo le cuesta más.

Del Bosque reaccionó en la ducha intermedia. Y lo hizo de forma drástica: dio un portazo a Ronaldo, que desde el gol contaba ovejitas, y puso en escena a Guti. Sin tiempo para el nuevo ajuste, los rusos, casi sin querer, invitados al asalto por la dejadez madridista, se toparon con un gol impensable de Obiorah, al que Pavón dio vida por falta de contundencia. Por poco cascarón que tuviera el Lokomotiv, hoy cualquiera baila si le invitan y nada tiene que perder.

La propia desatención del Madrid a las cuestiones mínimas de intendencia, puso el duelo en la hoguera. Tras la derrota en Milán, la cosa no estaba para acabar la noche silbando. El Madrid se vio obligado a quitarse el chándal y meter el diente de verdad. Con el reloj en contra, se vio exigido por primera vez. Los rusos multiplicaron su fortaleza. El equipo de Del Bosque metió una nueva velocidad, Figo y Zidane dieron algo más de vértigo al juego y la pelota se enquistó en el área de Ovchinnikov. Amenazado por las prisas por su incumplimiento de los deberes, el Madrid, que tanto había jugado con fuego, se quemó de nuevo con el segundo gol del Lokomotiv. Un tanto más inesperado aún que el primero, puesto que hacía un mundo que los rusos estaban tapados hasta las cejas.

Como si fuera un castigo sobrenatural, el Madrid se vio al borde del abismo, con medio pie fuera del que proclama con derecho como su torneo angelical. Menos mal que del Lokomotiv cabía esperar lo peor, como hicieron sus defensas y portero ante Raúl, que aprovechó un mal despeje para matar el balón con un golpe de pecho.

Como penitencia mayor a sus despropósitos, el Madrid se vio obligado al final a jugarse las lentejas con diez jugadores tras lastimarse de nuevo Hierro su maltrecho tobillo y dejar el campo en camilla. Los cambios estaban realizados y al Madrid sólo le restaba un angustioso final. El que él mismo se había procurado después de una faena semejante. Ahora deberá pagar un duro peaje si quiere sobrevivir camino de la décima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002