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VISTO / OÍDO

El francotirador

Matar mucho, por nada y para nada: la psicología del francotirador a la americana es oscura. Lo primero que brota es que es una víctima de la sociedad que se venga: entiende por sociedad al que pase oportunamente frente a su mira telescópica, creación perfecta de esa sociedad, y le mata con precisión. Decimos que es un loco: palabra equívoca, seguramente cierta para nuestras medidas y pesos. Pero debe ir este loco terraza por terraza, con su caja de violín, como en las películas, para disparar al que pase en un buen (para él) momento. ¿Y el que quiso matar al alcalde de París? Otro loco.

Hace juego con el de Estados Unidos, pero es deleznable porque da razones: no sólo suyas, sino de racista, fascista, y algunos guerreros que se llamaron rojos: El Campesino fusilaba a los homosexuales, y Franco los encerraba en el campo de Nanclares de Oca, junto a las prostitutas. La vida del homosexual era tan peligrosa y tan grave que estaba en el armario del que empieza a salir. Cuidado, digo siempre a los amigos o amigas, que todavía no está muy segura la permisividad fuera del armario. Nadie que no sea muy duro y antiguo está seguro hoy: quizá en su trabajo, o en su reconocimiento.

Aunque el francotirador tiene (en mi imaginación) una filosofía muy amplia, muy nihilista con trozos nietzscheanos: quiere matar a todos. El hombre, la mujer, el niño y la niña, el viejecito. Los cristianos alguna vez pensaron así, cuando trataron de 'redimir' la sociedad, aunque lo confundieran tontamente con un pecado original, una serpiente, una manzana y, no lo olvidemos nunca, una mujer.

Mucho han sufrido las mujeres por esa insensata e increíble afirmación sobre el origen de la vida, que aún se mantiene y se pinta y se filma cuando se sabe lo que se sabe. Pero no tanto como para que nadie piense que el francotirador es una mujer: se dice, de corrido, 'el francotirador', y en este caso nadie se queja del sexismo de la atribución. ¿Y si fuera un homosexual, una homosexual o un cura de aldea, de los que metían mano a los niños? Siempre hacemos suposiciones a favor de la corriente política aceptable, tolerada. Y ni siquiera sé si esta acusación sirve a los que inventaron el trío manzana-serpiente-mujer. No había más que una en el mundo, y tenía que ser ella la culpable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 2002