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Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

A por la Constitución

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La Unión Europea se va a dotar de una Constitución o Tratado Constitucional. Seis meses después de echar a andar la Convención sobre el Futuro de Europa, la idea de una norma básica, clara y comprensible, ha calado incluso en el Gobierno británico. Se ha fraguado un amplio consenso en Europa sobre la necesidad de una Constitución, aunque aún no sobre su contenido. Líderes del ahora dominante centro-derecha, incluyendo a Aznar, debatirán estas y otras cuestiones sobre el futuro de la UE en su reunión informal hoy en Cerdeña, y a mediados de octubre en la cumbre del Partido Popular Europeo en Estoril.

Europa necesita una Constitución para aclarar y renovar los principios que siguen impulsando esta creación, actualizar sus objetivos básicos y poner a punto sus instituciones. La elaboración de esta norma debe servir para avanzar, y no, como pretende el Gobierno británico, para frenar la construcción comunitaria, cuando ésta se enfrenta al reto histórico de su ampliación. Que se llame federal, federalista o federalizante importa menos, pues en este ejercicio no se está creando un nuevo Estado, sino un ente político de nuevo cuño. Pero resulta positivo que el término 'federal' haya dejado de ser tabú.

Por una Europa federal y por la Constitución aboga también el documento presentado ayer por Rodríguez Zapatero. Es innovador en varios aspectos, al pronunciarse por un impuesto europeo para nutrir las arcas de la UE y por un referéndum europeo para aprobar la futura Constitución. Sus propuestas institucionales complican en exceso lo que ya es un sistema complicado, por ejemplo, al sugerir la constitución de una segunda Cámara de Estados, en la que estarían representadas las comunidades autónomas, y que se sumaría al Consejo y al Parlamento Europeo. Pretende darle más poder a todos: a la Comisión, al Consejo, a la Eurocámara, a los Parlamentos nacionales, a las regiones y al Tribunal de Justicia. No es posible, pues el poder que hay es limitado. Algunas instituciones ganarán y otras perderán. Pero nadie ha presentado aún propuestas convincentes para resolver un grave problema que tiene la construcción comunitaria: cómo evitar que pierdan los Parlamentos nacionales, depositarios centrales de la democracia representativa, pues perdería también la democracia.

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La propuesta de base para Cerdeña y Estoril elaborada por el alemán Schauble y el belga Martens propone, fundamentalmente, reforzar la legitimidad democrática y la capacidad de la Comisión Europea. El documento de los populares europeos es un punto de partida para la discusión sobre el que ya existen varios centenares de enmiendas. Previsiblemente, los debates acabarán rebajando el impulso en favor de reforzar la Comisión Europea y primarán a los Estados y al Consejo. No propone la creación de un presidente del Consejo, que restaría importancia al de la Comisión, y que defienden varios mandatarios, entre ellos Aznar, y el PSOE.

Puesto que eludió hacerlo durante el semestre de presidencia española de la UE, estos debates serían la ocasión para que Aznar expusiera, si lo tiene, el diseño general que propone para esta nueva Europa, aunque el resultado final tenga que ser fruto de un consenso europeo. El gran mérito del documento del PSOE es que expresa una visión cabal, parte de la defensa de unos valores claros, y pone en el centro de la construcción europea a quienes corresponde: a los ciudadanos.

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