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Reportaje:

Una crisis con muchas incógnitas

Opening, que antes del verano aún inauguraba centros, quiere reabrir para dar los cursos prometidos a miles de alumnos

Todo ha sido muy rápido: antes del verano Opening aún crecía a gran ritmo, pero entró en el mal sueño de la iliquidez tras dos años de pésimos resultados. Ha arrastrado a 133 centros de idiomas en toda España, ha dejado cuatro meses sin cobrar a 1.200 empleados y ha dejado a su suerte a 82.000 alumnos, de los que 45.000 deben a los bancos (SCH y Pastor, entre otros) 25 millones de euros que sirvieron para financiar los cursos.

Pero ¿qué es Opening? La empresa forma parte del grupo CEAC y ha corrido mucho camino a la sombra del fuerte crecimiento de los cursos de idiomas. CEAC fue fundada en Barcelona en la década de 1940 por las familias Martí Castro y Menal, que forjaron el grupo a partir de un modesto arranque en un piso en el centro de la ciudad. La segunda generación, formada por José Antonio Martí Castro, fallecido en junio pasado, y Guillermo Menal, dio un impulso a CEAC hasta convertirla en la mayor empresa española de formación a distancia. En julio, tras estallar la crisis, las familias vendieron su negocio de enseñanza a distancia a Grupo Planeta, que desestimó la compra de Opening. Abandonada por la banca y sin comprador, Opening tuvo que suspender pagos, con 121 millones de euros de deuda.

Los empleados y el comité de empresa creen que en esta crisis hay muchas incógnitas y se preguntan cómo se ha precipitado en el precipicio en pocos meses. Algunos empleados se sorprenden de que la empresa haya caído en tan poco tiempo cuando cobraba por adelantado y su red ingresaba grandes cantidades por las matrículas. Recuerdan que usó la palanca de las franquicias, que le permitieron, bajo el paraguas de la marca, abrir centros en toda España.

Opening negociaba créditos con entidades bancarias y los cedía a sus alumnos en el momento de contratar los cursos. El sistema de cesiones de créditos sonroja ahora a esas entidades, que reconocen que los créditos no se firmaban en sus sucursales, sino en las academias. El director de Opening, Rafael Macías, destaca que ha logrado el apoyo de la banca para recibir 6,9 millones de euros y volver a abrir el 23 de este mes, aunque el comité de empresa es reticente a sus planes. El caso tiene dimensión política. Entre 1991 y 2000, CEAC recibió subvenciones del Gobierno catalán para formar parados. La oposición exige al Ejecutivo de Jordi Pujol que aclare esta financiación. Martí Castro fue miembro de la fundación Fecea, que sufragó gastos de viaje del líder de UDC, Josep Antoni Duran Lleida. Su empresa recibió 18,5 millones de euros en subvenciones.

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Esta información ha sido elaborada por Judith Casals, Rosa Biot y Sergio Mellado.

Esta información ha sido elaborada por Judith Casals, Rosa Biot y Sergio Mellado.

"Debo dar clases particulares para comer"

Richard McKenzie (profesor). Tiene una hipoteca que ahora no puede pagar, los gastos de un hijo en plena vuelta al colegio y unas vacaciones que acaba de dejar atrás y que no ha disfrutado porque para eso 'hace falta dinero'. Pese a todo, asegura que hay profesores en peor situación que él. Richard Mckenzie tiene 40 años, es inglés y profesor titulado. Se incorporó como profesor a Opening en agosto de 1998, poco después de que la empresa aterrizara en Valencia. Le ofrecieron un contrato fijo que hasta entonces no había tenido. Las nóminas se empezaron a retrasar a principios de este año. Las arritmias salariales fueron atribuidas en un primer momento a un 'virus en los ordenadores', aunque siguieron llegando con retraso. Hasta finales de mayo. Desde entonces no ha cobrado su sueldo. Atribuye la crisis que sufre Opening a la 'mala gestión' y ahora busca trabajo. 'Tengo que dar clases particulares para comer'.

"Nadie me dijo que firmaba un crédito"

Francesc Bas (alumno). 'Cuando firmé el contrato con la academia yo no era consciente de que se trataba de un crédito bancario. Nadie me lo contó y yo firmé los papeles pensando que eran unas cuotas mensuales a pagar. Cuando me llegó a casa del banco el primer extracto de mi cuenta corriente me di cuenta de que había un crédito no identificado. Acabé deduciendo que se trataba del curso de Opening porque coincidían los importes', afirma Francesc Bas, alumno de uno de los centros de la empresa en Barcelona. Bas, de profesión informático, explica: 'Al matricularme por segunda vez, hasta el nivel más alto, el 15º, ya sabía que era un crédito, pero en ese momento me pareció un mal menor. El recibo no señalaba nada de Opening ni de que era un crédito. Únicamente figuraba el concepto liquidación, la compra, el ordenante, la entidad Credipago Perm.Cataluña'.

"No me quedo ni con un plan de viabilidad"

Irene Muzas (profesora) acaba de pedir dinero a su madre para sobrevivir un par de meses. Tras tres años y medio como profesora adjunta en uno de los centros que Opening tiene en Barcelona, esta joven de 28 años dejó de cobrar su sueldo el pasado mes de junio. 'Empecé a tirar de los ahorros que tenía para hacer una tesis'. Pero la crisis de la academia se ha agravado y los ahorros no han tardado en desaparecer. Aun así, Irene no abandonó. Fue de las primeras en asesorarse en el sindicato Comisiones Obreras, donde le aconsejaron que los trabajadores crearan un comité de empresa. Ella fue elegida delegada. Desde entonces no ha parado con el objetivo de recuperar lo que le corresponde. Y también para encontrar otro empleo, pues dice que no le queda ni pizca de esperanza en el futuro de la academia. 'No me quedo aquí por más que haya un plan de viabilidad. Esto me ha quemado mucho', asegura.

"La empresa ha hecho una mala gestión"

Montserrat Ruiz (comercial). Cuando la dirección de Opening comunicó hace pocos días a sus trabajadores que presentaría un expediente de regulación de empleo, Montserrat Ruiz, de 32 años, respondió con aplausos. Se anunciaba el fin de una etapa de su vida que empezó en mayo de 2000, cuando se incorporó a Aidea-Opening como comercial de ventas. 'La tensión de estos meses ha sido brutal', cuenta Montserrat, que empezó a intuir la crisis a partir de diciembre del año pasado, cuando el pago de las nóminas se atrasó una semana 'por motivos informáticos', según dijo la empresa. Esta empleada de la academia de idiomas asegura que ha habido 'una mala gestión' por parte de la dirección de la firma, que apostó 'por expandirse sin medida cuando el mercado estaba saturado'. Ruiz dice que la compañía pensó que tenía en sus manos 'una máquina de hacer dinero'. No piensa quedarse. 'Nadie quiere quedarse'.

"Me han engañado y no confío en ellos"

Dermot Stack (profesor). Este dublinés de 29 años es uno de los 180 profesores que se han visto afectados en Andalucía por el cierre de la red de centros de Opening. Dermot Stack llegó a Sevilla hace más de dos años, y desde octubre del año pasado impartía clases de inglés en el centro que Opening tiene en Sevilla-Este, uno de los barrios más populosos de la capital andaluza. A diferencia de otros compañeros de la academia, Dermot dice que tiene muy claro que sea cual sea el desenlace final del conflicto ya no desea continuar dando clases en la academia. 'Me deben tres meses de sueldo, aunque los retrasos empezaron hace cosa de unos seis meses. He tenido que dar la cara ante mis alumnos y sin saber qué decirles. Lo único que espero en estos momentos es que me den el dinero de los tres meses que me adeudan para poder buscar otro trabajo. Me han engañado y ya no tengo confianza en esta empresa'.

"No hay que pagar porque no han cumplido"

Núria Simó (alumna), de 37 años, es profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Vic. Se matriculó como alumna en septiembre del año pasado para cursar 5 niveles de los 15 que ofrecía la academia, desde el séptimo hasta el undécimo. Este último prepara para pasar el examen First Certificate. 'La matrícula me costó unos 1.200 euros y la pagué por medio de un contrato en el que figura el nombre de Credinglés-Banco Pastor. Yo sabía que era un crédito, pero no esperaba que Opening fuera a cerrar. Este cierre significa que Opening ha incumplido su parte del contrato y por tanto considero que esta situación es motivo suficiente para no seguir pagando el crédito', dice Simó. Y añade: 'La palabra préstamo no figuraba en el contrato. En los recibos indica que la cantidad corresponde a una liquidación, pero no se detallan las amortizaciones e intereses del préstamo', afirma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002

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