Reportaje:CULTURA Y ESPECTÁCULOS

EL SUEÑO AMERICANO DE GEORGE GROSZ

Se exhibe en Berlín, por primera vez, una colección de 60 fotografías del expresionista alemán realizadas durante su primer viaje a Nueva York, en 1932

La exposición George Grosz. Fotografías 1932-El ojo del artista muestra en Berlín, hasta el 15 de septiembre y por vez primera, las únicas obras fotográficas conocidas del artista alemán. Nunca antes había tomado fotos George Grosz; nunca lo hizo después. Grosz es, junto a Otto Dix, uno de los artistas alemanes más destacados del siglo XX. Alabadas son las caricaturas, los dibujos, pinturas y carteles de Grosz (Berlín, 1893-1959). Conocida es la acidez de sus cuadros, su visión crítica, su pasión por la sátira, por mostrar lo atroz de la época que le tocó vivir. Un tiempo que dejó dos guerras mundiales, millones de muertos en Europa, años de persecución y de exilio. Grosz se ocupó de ello, y otras contiendas, como la guerra civil española, inspiraron sus creaciones. Lo que la Colección Daimler Chrysler presenta ahora en Berlín es una faceta desconocida del artista. Un documento inédito que descubre rasgos inusuales de la personalidad de Grosz. 'Estas fotografías traslucen una fascinación, una sencillez, un gusto por la contemplación y una ligereza difícil de encontrar en las creaciones habituales de Grosz', señala Ralph Jentsch, encargado del archivo del artista. Jentsch reclamó en 1994 a una galería 10 piezas del pintor que se habían expuesto en 1977. Para su sorpresa, en el sobre con lo pedido se encontraban 200 imágenes del viaje que Grosz realizó a Nueva York en 1932. Años tardó el restaurador Norbert Moos en convertir los contactos en 60 copias para exponer. Los negativos han desaparecido.

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'Tras los análisis, se puede asegurar que las imágenes de Nueva York fueron tomadas el 3 y 4 de junio de 1932', afirma Jentsch. Grosz llegó a la ciudad el 3 de junio, a bordo del vapor New York. Fue su primer viaje americano, cuando la Art Student League le invitó a dar clases de pintura y él aceptó porque estaba arruinado.

En El ojo del artista (en la berlinesa Haus Huth, Alte Postdamer Strasse) se muestra la vida a bordo del vapor: retratos de compañeros de viaje (uno de ellos le enseñó a manejar la cámara Leica que el pintor acababa de comprar), la tripulación, mujeres tumbadas en las hamacas de cubierta, niños boxeando o pasajeros asomados por la borda. Y la llegada a la ciudad, con la silueta de Nueva York en la distancia. Todo en un ambiente veraniego. Una isla de quietud en el mundo que Grosz dejaba atrás. En Alemania, su país, se vivía ya bajo los signos de la inminente llegada al poder del nazismo. Grosz, de origen judío, era denunciado y perseguido, y sus cuadros, prohibidos. 'Nuestros hijos serán americanos', le escribe el artista a su esposa Eva en esos días. Y en las imágenes se plasma el más puro Nueva York años treinta. Ahí están las calles de la metrópoli en un día caluroso, llenas de hombres tocados con sombrero, las fachadas de los edificios en la avenida 57 hasta Broadway, la luz sobre las casas y los coches... Imágenes de paseos a pie o en el piso superior de un autobús.

Durante su estancia, Grosz trabajó intensamente, abrió su propia escuela (Sterne Grosz Studio) y publicó sus dibujos en The New Yorker y Vanity Fair. Poco después, en 1933, decidió instalarse definitivamente en Estados Unidos. Y eso le salvó la vida: los nazis lo buscaron, destruyeron su taller e hicieron desaparecer muchas de sus primeras obras. Grosz, por su parte, llenó los periódicos americanos de duras caricaturas sobre la Alemania nazi. El pintor se convirtió en ciudadano de Estados Unidos en 1938, pero su fascinación inicial fue remitiendo con los años. Y entró en un periodo difícil cuando las bombas aliadas sobre Berlín mataron a su familia. Difíciles momentos para el artista: depresiones, borracheras... En mayo de 1959, tras recibir la medalla de oro del Instituto Americano de las Artes, Grosz trasladó su residencia a Berlín, pero el corazón le falló a los pocos días de su regreso en la misma puerta de su casa.

Lo último que se vio del artista en España fue en 1977, en la exposición Los años berlineses, exhibida en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid (la Thyssen posee una de sus pinturas más famosas, Metrópolis, de 1917) y en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 07 de agosto de 2002.