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Reportaje:

Los chilenos de El Escorial

El Museo de América exhibe las obras de un grupo de artistas establecido en la sierra madrileña desde 1974

El Museo de América presenta hasta el 31 de agosto una muestra del arte surgido de los talleres de un grupo de pintores y escultores chilenos afincado en San Lorenzo de El Escorial a partir de 1974. El grupo, hoy representado por los pintores Carlos Vásquez y Dolores Walker, arribó a las laderas del monte Abantos tras el naufragio de la experiencia socialista chilena encarnada por Salvador Allende.

Bajo la sierra madrileña hallaron refugio para combatir su profunda pena compartida, la pena del sentirse parte de un pueblo desgarrado por la traición de un autócrata, hoy, al parecer, demente. Pese a todo, estos artistas consiguieron laboriosamente ahuyentar y remontar aquella tribulación, para trocarla en una esperanza plasmada en calidad creativa de la que el visitante de esta exposición, sabiamente supervisada por Marta Sierra, puede recrearse en esta muestra.

Vásquez nos inicia en su relato pictórico con cuadros de colores cuidados, bajo cuya dermis late la figura humana mortificada por una historicidad casi siempre adversa. Como si de ojos de cerradura se tratara, el artista chileno abre en muchas de sus obras focos en forma de cruz o en equis con los que subraya un aspecto cardinal del motivo por él elegido: logra así definir fragmentos y graduar escalas, transformadas por él en escalas morales, que dan cuenta del grito desgarrado de una vitalidad que áun late herida: es el aullido de toda una generación, la suya, bajo el estigma de unos sueños rotos por la barbarie. A la perfección del dibujo, manifiesta en su retrato Francis Bacon, o del colorido, como su inocente Óxido, Vásquez une la experiencia de organización artística que llevó consigo a la Casa de Cultura del complejo minero cuprífero de El Teniente, en Rancagua (Chile).

Dolores Walker brinda una plástica diversificada desde sus cuadros nutridos por frutas, vasos y frascas sobre mesas con manteles de brocados barrocos. La elegancia de los objetos adquiere una perfección a la que sólo los pliegues arrugados de sus manteles amenazan, expresión inquietante de la inestabilidad de lo existente. Sus juegos de cristal y de sombras, sus tramas de tréboles y céspedes, son preludios de agua imaginada.

En la escultura, sorprende la rotunda presencia de Sergio Castillo, la frescura de su tocayo Aguilar y la serenidad de Raúl Valdivieso en su tratamiento del cuerpo humano, estriado en su ideal Torso femenino. La maestría surge de Ricardo Mesa, por sus innovantes efectos plásticos con mallas de alambre. Sus Manos, cerradas en puños, son resortes que presagian la segunda fase, ya gozosa, de un vaivén histórico cuya primera racha mórbida los artistas de El Escorial sufrieron en su carne en Chile.

Artistas chilenos en San Lorenzo de El Escorial. Museo de América (avenida Reyes Católicos, 6, junto al Faro de Moncloa). Domingos y festivos, de 10.00 a 15.00. Martes a sábados: de 9.30 a 15.00.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002