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VISTO / OÍDO

Alfonso XIII

Se nos propone una conmemoración alta del centenario de Alfonso XIII, gratamente destronado en abril de 1931. Centenario de su coronación, en 1902, aunque ya se sentaba en el trono a los tres años, junto a su madre regente ('María Cristina nos quiere gobernar', ¿recuerdan?). Pobre bebé, qué cosas le pasaron: se le echó encima el Desastre (bendito desastre, que encaminó España hacia otros horizontes), la pobreza de este país cuajó en la bomba fallida de Mateo Morral en 1906, se sintió militarzote y lanzó la guerra de Marruecos (por eso le llamaron los aduladores El Africano), con un dictador a la italiana, a lo Mussolini (el general Primo de Rivera, nefasto para España y padre de José Antonio, nefasto también para España), y pasaron las tragedias de las batallas marroquíes, se gastó el dinero que ganó con la neutralidad en la guerra mundial, se le echaron encima sindicatos, burguesía, intelectuales; firmó penas de muerte (Galán y García Hernández) y, finalmente, tuvo que huir para dejar paso a una república que prometía. Una república intelectual, moderna, que incorporaba el pensamiento europeo y laico que él había despreciado.

Para personas de mi edad hay un equívoco curioso: no se presentaba el país como un enfrentamiento monarquía-república, sino con Alfonso XIII. El que algunos llamaron El Rey Felón se fue con el agrado de todos excepto, al parecer, el del conde de Romanones, gracioso cacique alcarreño que lloró con él lo perdido: pero se quedó. Desde el exilio de Roma, Alfonso predicó conspiraciones, pidió ayuda a Mussolini -que prefirió dársela a los falangistas, y luego, toda, a Franco- y murió en 1941, dos años después de ver que los militares monárquicos, como el truhan Franco, como Sanjurjo (que había intentado la primera restauración en agosto de 1932) o Mola, no pensaban llevarle al poder; y repudiaban a su hijo, Juan, que intentó ser combatiente franquista para hacer carrera dinástica, pero al que Franco expulsó de sus filas.

Veo ahora, en estas páginas, un artículo brillante y raro de Javier Tusell proponiendo conmemoraciones especiales de la coronación, e incluso asombrado de que el Ministerio de Cultura no se apreste a los fastos, como si la cultura tuviera algo que ver con Alfonso XIII, bajo cuyo tiempo hubo las tres generaciones que, juntas, forman el mejor siglo de oro español, el auténtico: la del 98, la intermedia y la del 27. Pero las tres se formaron contra él. Me es duro entender que un hombre como Tusell, por centrista que sea, hable de 'un rey polémico': no le quiso nadie. Aunque siempre se puede reconocer que era dicharachero, madrileñista castizo, buen garañón adulterino, tirador de pichón de rara puntería... O sea, que también tenía sus virtudes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002