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El escándalo del antisemitismo mina a los liberales alemanes

Cientos de judíos se manifiestan en Berlín ante la sede del FDP

En un acto con pocos precedentes en la historia reciente de Alemania, unos cientos de miembros de la comunidad judía se manifestaron ayer ante la sede del Partido Liberal Democrático (FDP) en Berlín para exigir de esta agrupación, posible socio menor de coalición ya sea de los socialdemócratas (SPD) o de los conservadores (CDU/CSU) en un futuro Gobierno, un claro distanciamiento de supuestos brotes antisemitas entre sus filas.

Un sondeo divulgado ayer por France Presse recoge que el FDP baja del 10% en intención de voto ante las elecciones de septiembre, por primera vez desde el inicio de la campaña electoral, y coincidiendo con la polémica del antisemitismo. Aunque en los últimos ocho años nunca llegó a superar el 7%, alcanzó el 12% el mes pasado y esta semana está en el 9%. El brote antisemita surge en la más poderosa regional del FDP, la de Renania del Norte-Westfalia, liderada por Jürgen Möllemann, a quien el presidente del FDP, Guido Westerwelle, dio ayer un ultimátum para excluir antes del lunes de su grupo parlamentario a un diputado especialmente polémico.

La discusión sobre tendencias antisemitas y populistas del FDP se prolonga ya desde hace semanas, pero ayer llegó a un punto álgido: aun antes de que delante de su sede se congregaran los miembros de la comunidad judía, Westerwelle, finalmente, decidió plantar cara a Möllemann, uno de los tres vicepresidentes del partido, artífice del Proyecto 18, para alcanzar ese porcentaje de votos en las próximas elecciones generales, y partidario de lograr esta meta con estrategias populistas, como las ensayadas por Pim Fortuyn en Holanda y Jörg Haider en Austria.

Pese a severas críticas, tanto de la vieja guardia liberal como de los competidores políticos, Möllemann ha acogido entre sus filas a un diputado regional de origen sirio y ex miembro de Los Verdes, Jamal Karsli, quien opina que el Ejército israelí aplica 'métodos nazis' en los territorios palestinos y sospecha que un 'lobby sionista' controla los medios de comunicación (según dos de sus más polémicas declaraciones, por las que se ha disculpado parcialmente). Su propósito declarado es lograr el apoyo de 800.000 votantes musulmanes. Möllemann ha acusado al primer ministro israelí, Ariel Sharon, y a un destacado miembro del Consejo Central de los Judíos en Alemania de promover el antisemitismo con sus políticas.

Westerwelle, que en el debate sobre una eventual orientación populista del FDP mantiene una actitud sumamente ambigua, no pudo convencer a Möllemann de que Karsli tiene que abandonar el grupo parlamentario, en una reunión mantenida el lunes por la noche. Enfrentado a una abierta sublevación de su vicepresidente, Westerwelle ayer planteó un ultimátum: o Karsli abandona las filas liberales antes del próximo lunes, o Möllemann perderá la confianza de su presidente. Tanto la exclusión del diputado regional como una excusa formal del vicepresidente son las condiciones puestas por el influyente Consejo Central de los Judíos en Alemania para volver a una mesa con el FDP. En un debate en el Parlamento Federal (Bundestag), los socialdemócratas (SPD) alertaron ayer del peligro de la haiderización del FDP, alusión al recorrido político del liberal y ultraderechista austriaco Haider. Oradores conservadores, como el ex presidente de la CDU Wolfgang Schäuble, defendieron al FDP de la acusación de dar cobijo al antisemitismo.

Westerwelle dijo ante el Bundestag: 'No conseguirán dar a nuestro partido de centro una imagen de partido de extrema derecha', informa France Presse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002