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Necrológica:

Muere Bernaola, músico de la modernidad

El compositor vasco deja una obra ingente de piezas cultas y música para cine y televisión

Fue uno de los introductores de la vanguardia y la modernidad en la música española. Carmelo Bernaola (Otxandiano, Vizcaya, 1929), creador, profesor, intérprete de clarinete, murió ayer en Madrid, a los 72 años, tras padecer un cáncer. Fue miembro de la generación del 51, aquella que limpió el arte musical de folclorismo e introdujo a los compositores españoles en el mundo. Recibió los grandes premios musicales y artísticos, los últimos, el Guerrero y el de la Academia de Cine, por haber compuesto bandas sonoras para 160 obras audiovisuales y teatrales. De hecho, muchos le recordarán por su música seria, pero también por haber creado la melodía de la serie Verano azul o el himno del Athletic de Bilbao, su equipo del alma.

Cuando recibió hace dos meses el Premio Guerrero, muchos dijeron que era un 'músico total'. Fue uno más de los reconocimientos para quien ya tenía dos premios nacionales de música; el de la Academia de Cine, que lamentó ayer en un comunicado su pérdida; la medalla de Oro de Bellas Artes; un Goya por Pasodoble, de José Luis García Sánchez, y era miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1990. Él se alegró mucho del Guerrero: '¿Cómo no me iba a alegrar? Son 12 kilos', decía con un sentido práctico que a priori se le supone poco a un músico de vanguardia, como él, que era eso, antes que nada.

Antes que clarinetista y antes que profesor de música, una faceta que culminó en los últimos años en el Conservatorio Jesús Guridi, de Vitoria, que dirigió. Y es que Bernaola fue uno de los miembros fundamentales de la generación del 51, a la que también pertenecen Cristóbal Halffter -que ayer a duras penas asumía la noticia: 'Un gran músico, una extraordinaria persona', declaraba a Efe-, Luis de Pablo o Antón García Abril. Juntos abrieron la música española a la vanguardia europea, mundial, en busca de nuevos sonidos, de nuevos caminos para el futuro.

En los años sesenta se lió la manta a la cabeza y viajó por Italia y Alemania. Allí vivió, pero, sobre todo, aprendió. Aprendió los mecanismos de su arte, que después desarrolló en todos los géneros. En cantatas como Mística o Euskadi; en piezas sinfónicas como la Sinfonía en Do o la Sinfonieta progresiva; en piezas como su Rondó para orquesta, Numancia, Mixturas, Clamores y secuencias; así hasta 300 obras en las que están incluidas las 160 para el mundo del espectáculo, el cine, el teatro y la televisión. Pero iba por libre y nunca fue ajeno a la música popular, que cultivaba y sabía fijar en la memoria de las generaciones, como hizo con canciones como Mambrú se fue a la guerra, El cochecito leré o la sintonía de programas como La clave, de José Luis Balbín, o Verano azul, de Antonio Mercero.

Bernaola murió ayer sin darse cuenta de su mal pero con los cinco sentidos. Anteayer entró en coma hepático pero se recuperó y asombró a su hija Liliana cuando le dijo: '¿Sabes que han dado el Príncipe de Asturias a Woody Allen?'. Hoy, su cuerpo será trasladado a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), donde será velado antes de ser enterrado en Burgos, junto a sus padres y sin saber que sus cenizas no serán esparcidas por el estadio de San Mamés, como él quería. Será acompañado por sus hijos Cecilia, Liliana, Carmelo y Gonzalo y su viuda, Mari Carmen. Quizá acuda alguno de sus seis nietos, que le dieron las mayores alegrías en los últimos meses y algunos disgustos. Cuando el abuelo preguntaba a su nieto Guillermo qué tal iba con la música y éste le respondía: 'Regular, abuelo', don Carmelo no se reprimía: '¡Tiene cojones!', le soltaba. Así era él, directo, iconoclasta, libre...

Ayer, las muestras de cariño llegaron de todas partes: de las instituciones. Alberto Ruiz-Gallardón, presidente de la Comunidad de Madrid, decía: 'Fue introductor de la modernidad en España, supone un disgusto enorme para mí'. Luis Alberto de Cuenca, secretario de Estado de Cultura, declaraba: 'Mi primer poema, escrito a los 17 años, llevaba el título de una de sus obras'. Desde Bilbao, el alcalde Iñaki Azkuna quería mostrar 'el dolor de todos los bilbaínos'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002