Una llamada del arzobispo a Clos frenó la creación del consejo municipal de religiones

Todo estaba a punto, en marzo de 2001, para la creación del Consejo Interreligioso de Barcelona, que debía impulsar el diálogo entre las distintas confesiones religiosas. Pero una llamada del arzobispo Ricard Maria Carles al alcalde Joan Clos abortó la iniciativa instantes antes del parto. Nada nuevo ha ocurrido, 14 meses después.

'Se retira el dictamen anterior'. No hubo mayores explicaciones, y nadie las exigió. O al menos no consta en el acta de la sesión del pleno del Ayuntamiento de Barcelona celebrado el 30 de marzo de 2001, en cuyo orden del día -punto 41- puede leerse: 'Aprobar la creación del Consejo Interreligioso de Barcelona'. Lo que se proponía en realidad era 'aprobar inicialmente' las normas reguladoras del nuevo órgano y someterlas a información pública durante 30 días.

El asunto, lógicamente, ya había sido debatido durante meses y acordado con representantes de la inmensa mayoría de las confesiones religiosas con presencia en la ciudad, incluidos naturalmente los de la Iglesia católica. Se esperaba, por tanto, superar sin trabas el trámite de información pública y celebrar la constitución del consejo en pocas semanas.

Pero el arzobispo Ricard Maria Carles, en lugar de presentar alegaciones y profundizar en el debate, optó por una vía más directa y llamó al alcalde Clos. Porque más que modificar la norma, lo que de verdad interesaba a la autoridad eclesiástica, según las fuentes informantes, era frenar la discusión del pleno e impedir de esta forma la creación del nuevo 'órgano consultivo y de participación sectorial', pues esta era la forma jurídica que amparaba la constitución del Consejo Interreligioso de Barcelona.

La llamada del arzobispo Carles al alcalde Clos debió de producirse tan en el último momento que, estando ya aprobado el orden del día del pleno en el que iba a debatirse la medida, no hubo otra solución que retirarlo sobre la marcha. Esta versión de los hechos ha sido confirmada a este diario por fuentes municipales, del gobierno y de la oposición, que participaron de alguna forma en la discusión del proyecto. El portavoz oficial del Ayuntamiento, consultado sobre los motivos de la retirada del dictamen en el pleno, no ha facilitado ninguna versión.

Entre las causas que propiciaron la intervención del arzobispo destaca, según las fuentes informantes, que la representación de la Iglesia católica en la comisión permanente del consejo no sólo no reflejara la situación hegemónica de que goza en la ciudad, sino que quedara incluso en franca minoría. De los 17 puestos que se otorgaban a los representantes de las distintas confesiones religiosas, sólo cinco iban a ser ocupados por miembros de la Iglesia católica. Los 12 restantes estaban destinados a protestantes (tres), judíos (uno), ortodoxos (uno), islámicos (dos), budistas (dos), mormones (uno), testigos de Jehová (uno) e hindúes (uno).

Tampoco resultaba del agrado del arzobispo que se otorgara plena libertad a las restantes religiones a la hora de elegir a sus respectivos representantes y se precisara, en cambio, la procedencia de los que debían sentarse en la comisión permanente del consejo en nombre de la Iglesia católica, de forma que representaran, a su vez, al Consejo Episcopal, al Consejo Presbiteriano, al Consejo Pastoral, a la Unión de Religiosos de Cataluña y a los movimientos laicos. Desagradaba, en fin, a las autoridades eclesiásticas el 'gran número' de funcionarios, técnicos y políticos municipales que se preveía integrar en la repetida comisión permanente y en el consejo plenario, órgano de máxima representación del nonato Consejo Interreligioso de Barcelona.

En el cajón del olvido

Nadie afirma, entre las fuentes consultadas, que la creación del Consejo Interreligioso de Barcelona sea un proyecto definitivamente aparcado, pero todas admiten que llevarlo de nuevo a los primeros puestos de las listas de prioridades exigirá, cuando menos, una enérgica operación arqueológica para rescatarlo del fondo del cajón en el que permanece olvidado. Aunque nada ha de resultar imposible: de hecho, la constitución del consejo figura entre los compromisos adquiridos por el actual equipo de gobierno en su programa de actuación municipal para el actual mandato.

Las circunstancias de la demora, en cualquier caso, son consideradas cuando menos 'sorprendentes' en una ciudad con alcalde socialista que aspira a acoger -en 2004, coincidiendo con el Fòrum- la cuarta asamblea del Parlamento de las Religiones del Mundo.

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