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Reportaje:

La danza de los planetas

Todos los planetas observables a simple vista, Mercurio, Venus, Saturno y Júpiter, coinciden durante mayo en una zona del cielo, y esta noche los tres primeros formarán un triángulo equilátero

Hoy hace exactamente dos años que el mundo debía haberse terminado. El 5 de mayo de 2000 todos los planetas visibles se alinearon con el Sol, un fenómeno que, según repitieron astrólogos y demás charlatanes, pero también pretendidos científicos heterodoxos, debía reunir las fuerzas gravitatorias para provocar el cataclismo.

¿Alguien recuerda ahora el libro de Richard Noone Hielo: el último desastre, escrito en 1982 y reeditado como bestseller justo antes del fin de milenio, que fue portavoz de los catastrofistas? Se suelen olvidar con demasiada facilidad los errores de quienes afirman ser capaces de predecir el futuro, con lo que siempre quedamos expuestos de nuevo a que otra vez nos vengan con el cuento.

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Resulta que estos días estamos viviendo una conjunción no demasiado diferente de la de hace dos años. Todos los planetas observables a simple vista, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, se congregan en una zona de cielo que casi podemos tapar con la palma de la mano extendida.

Esta vez, el Sol queda a un lado, de manera que podemos observar el fenómeno, la conjunción, tras la puesta de Sol. Entre los días 13 y 15 de mayo, además, la Luna estará en esa misma zona. Pero este año los agoreros han permanecido relativamente callados, posiblemente porque después de tanta predicción fallida en torno al cambio de milenio han preferido olvidarse de este suceso celeste.

Lo que vemos en el cielo no es sino la representación de lo que se ha llamado a veces 'la danza de los planetas' al son de la gravedad. Cada cuerpo del sistema solar revoluciona en torno al Sol, con su órbita y su periodo, que ya fueron descritos por las leyes de Kepler y formulados por la mecánica de Newton hace más de tres siglos.

Las órbitas de los planetas descansan cerca del plano orbital de la Tierra, la eclíptica. Visto desde aquí, a veces, algunos planetas se juntan en el cielo. Aparentemente, porque las distancias son muy dispares: hoy tenemos a Venus a menos de 100 millones de kilómetros, mientras que Júpiter está siete veces más lejos.

Hoy mismo, en el cielo, Venus, Saturno y Marte parecen formar un triángulo equilátero de algo menos de tres grados de lado. Pero si lo viéramos desde otro planeta, o desde el Sol, esa conjunción aparente desaparecería.

Aunque desde antiguo se ha querido conceder a estas reuniones de planetas influencias más o menos esotéricas (y a veces se ha invocado erróneamente fuerzas de marea para justificar estas creencias), lo cierto es que las conjunciones suceden porque tienen que suceder.

No podría ser de otro modo, porque de vez en cuando, algunos de los planetas se verán desde la Tierra en posiciones cercanas. Grandes conjunciones como la que ahora vivimos suceden en promedio cuatro o cinco veces por siglo.

La última ocurrió hace dos años, y la próxima no la veremos hasta el 2040. Gracias al cálculo astronómico sabemos que nunca se puede producir una alineación completa, porque las órbitas de los planetas no son coplanarias. Lo más que se han juntado en los últimos 3000 años es dentro de un grado de cielo, aún así, eso es el doble del tamaño del disco solar. Un suceso así sucede muy raramente, menos de una vez cada 10.000 años, pero si ampliamos nuestro criterio, es decir, si consideramos conjunciones con mayor separación angular, casi cada año tenemos alguna configuración interesante.

En cualquier caso, lo que merece la pena es observar al atardecer los planetas. Justo por donde se ha puesto el Sol, entre el Oeste y el Noroeste, cuando aún está el cielo iluminado por el crepúsculo vespertino, podemos ir descubriendo a los protagonistas de la conjunción.

En primer lugar, el más brillante, Venus. Sobre él, a un palmo de distancia, veremos al también brillante Júpiter. Conforme va oscureciendo, nos podemos fijar que un poco debajo de Venus hay un punto menos brillante, pero notable: es Mercurio. Y por encima de Venus, tenemos a Marte y Saturno, menos brillantes, pero más rojizos.

Conforme van pasando los minutos, la luz crepuscular permite ver, además, las estrellas de la región del Toro, Orión, el Cochero y los Gemelos, las constelaciones sobre las que se sitúan.

No hace falta ningún instrumento óptico, sólo observar hacia el Oeste con el cielo claro. Eso es lo más llamativo de esta conjunción, que está ahí, a la vista de todos, sin influencias malignas, recordándonos que nosotros mismos vivimos en un planeta como los demás.

Javier Armentia es el director del Planetario de Pamplona.

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