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COLUMNA

La fiesta de la libertad

Creo que los dirigentes socialistas son conscientes de que tienen un problema con las llamadas 'primarias'. Y un problema muy serio, del que no se van a librar haciendo de necesidad virtud. Por mucho que el secretario de Organización del PSOE, Luis Pizarro, las califique de 'fiesta de la libertad' y 'envidia de muchos militantes de otros partidos' todo el mundo sabe que, si pudiera, la dirección socialista se ahorraría 'la fiesta' y preferiría que los militantes de los demás partidos los envidiaran por otras cosas.

No cabe duda de que las primarias son un procedimiento de designación del candidato de un partido mucho más democrático que cualquier otro. En realidad, es el único procedimiento democrático que existe. La designación del candidato de un partido o es democrática o es oligárquica, cuando no unipersonal. O la designación del candidato se hace mediante el voto secreto de todos los afiliados o de los afiliados más los 'simpatizantes' o se hace mediante el comité correspondiente, integrado directa o indirectamente por los dirigentes del partido, o por el presidente o secretario general del mismo. Las fórmulas de designación de los candidatos pueden ser variadas, según la cultura política de cada partido, pero al final o es una elección democrática mediante el ejercicio del derecho de sufragio de los afiliados o es una elección oligárquica o unipersonal con técnicas propias de cooptación.

Las primarias son, pues, la fórmula democrática de designación de los candidatos de los partidos para concurrir a las elecciones y es, por tanto, una fórmula preferible en principio a cualquier otra. Nadie puede discutir desde una perspectiva democrática la superioridad de las primarias sobre los demás modelos de designación de candidatos.

Y, sin embargo, es una fórmula de la que no se ha hecho uso en el continente europeo. Las democracias realmente existentes en Europa han descansado en partidos políticos de ideología inequívocamente democrática, pero de organización inequívocamente oligárquica. La democracia se ha articulado a través de un proceso de selección oligárquica de los candidatos refrendado democráticamente por el cuerpo electoral en el acto de la votación. El momento final del proceso electoral ha sido democrático. El momento inicial del mismo no lo ha sido. Los ciudadanos hemos elegido democráticamente entre candidatos o candidaturas seleccionadas oligárquicamente. Las democracias realmente existentes han sido una combinación de un momento oligárquico en la definición de las ofertas electorales y un momento democrático en la decisión entre dichas ofertas.

Las primarias suponen extender el momento democrático a la definición de la oferta electoral. La sustitución del momento oligárquico actualmente presente en todos los procesos electorales por otro democrático es el objetivo que se persigue con las primarias y es evidente que, en el caso en que se consiguiera organizarlas de manera adecuada, su celebración supondría una mejora indiscutible en la calidad de la democracia.

Ahora bien, hay que poder primero y saber después organizarlas de manera adecuada, pues de lo contrario, pueden ser un elemento negativo, que en lugar de mejorar el funcionamiento de la democracia, pueden convertirse en un elemento perturbador de la misma, en la medida en que pueden contribuir a incrementar y hacer inmanejables los conflictos en el interior del partido que las organiza y, como consecuencia de ello, a hacer más confusa la propuesta que se le hace a los ciudadanos.

Las primarias suponen un cambio muy importante en las reglas aceptadas hasta la fecha en la definición de la oferta electoral. Y un cambio de esta naturaleza no se puede improvisar. Hay que pensarlo muy bien antes de proponerlo y hay que pensarlo todavía mejor a la hora de organizarlo técnicamente. En política cualquier innovación no sólo tiene que ser intelectualmente pensable, sino que tiene que ser, además, técnicamente organizable. El poder, que es a fin de cuentas lo que está siempre en juego en todo proceso político en cualquiera de sus momentos, tiene que ejercerse de manera eficaz. El criterio de la organizabilidad técnica, esto es, que el resultado final del experimento sea un ejercicio eficaz del poder, es la prueba del nueve de cualquier proyecto en el ámbito de la política. O se acierta en la organización técnica de las primarias o la 'fiesta de la libertad' puede acabar como el 'rosario de la aurora'. El remedio, como dice el refrán, puede acabar siendo peor que la enfermedad.

Y aquí es donde el Partido Socialista no ha demostrado que tenga resuelto el problema. En la teoría, esto es, en la superioridad de las primarias como fórmula democrática de designación de los candidatos, parece haber un acuerdo muy amplio. En la organización práctica de las mismas, no parece que existan ideas muy claras. De ahí que en la posición de los dirigentes del partido se detecte una cierta esquizofrenia. Las primarias son maravillosas, pero mejor evitarlas si se puede.

Así no se puede seguir por mucho tiempo. Las primarias no pueden ser simultáneamente la norma y la excepción. La norma en la teoría y la excepción en la práctica. En teoría, las primarias son la 'norma socialista' frente a la de los demás partidos. En la práctica, deben ser la 'excepción', de la que únicamente se hace uso cuando no queda más remedio. El cinismo puede servir para salir ocasionalmente de un aprieto, pero no puede convertirse en norma de conducta. Así, lo único que se va a conseguir es multiplicar los conflictos internos y perder credibilidad hacia el exterior. Un partido no puede decir una cosa y hacer otra distinta, de manera continuada en el tiempo, sin que los ciudadanos desconfíen de él. Y esto puede pasarle al Partido Socialista con las primarias. La reiteración de la ambigüedad y de la confusión a medida que se aproximan los procesos electorales, le resta credibilidad a la oferta socialista. Las primarias deben ser un momento de transparencia en la definición de la oferta electoral y no convertirse en un momento de confusión. La dirección socialista debería coger el toro por los cuernos y enfrentarse con el problema ya. No se puede posponer indefinidamente una decisión sobre las primarias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002