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Alberto Ruy Sánchez explora el deseo a través de los laberintos marroquíes

El escritor mexicano publica 'Los jardines secretos de Mogador'

Narrador, poeta y ensayista, Alberto Ruy Sánchez (México, 1951) se considera un explorador del deseo femenino. A través de su 'fascinación irónica' por Marruecos, el escritor bucea en los secretos del erotismo cruzando laberintos, historias y metáforas. Lo hace con una escritura fragmentaria y poética, sin género. Ésas son algunas de las claves de la novela Los jardines secretos de Mogador, que acaba de publicar Alfaguara.

Ruy Sánchez presentó ayer la novela en la Casa de América, y explicó que durante varios años ha vivido poseído por la idea de que el cuerpo de la persona amada es un paraíso para el amante, 'un lugar privilegiado donde pueden suceder las grandes revelaciones poéticas, pero un paraíso que se gana todos los días y se pierde todos los días para ser ganado de nuevo, quizá. Porque el deseo no se posee para siempre'.

De ahí parten las ideas que inspiran Los jardines secretos de Mogador, sus tres nociones eróticas: el deseo como reto cotidiano para el amante, la contemplación casi mística de la persona amada y la idea del acto amoroso como paraíso común.

Y luego está Mogador, la actual Essaouira, la ciudad inaccesible, por la que debe transitar el protagonista buscando, desde su fragilidad y la inseguridad, contando historias como una Sherezade al revés, los jardines secretos que alimenten el deseo de Jassiba, que saquen la relación de la monotonía.

Y todos esos jardines invisibles existen, de hecho son lo único real de la novela. Ruy Sanchez contó que uno de ellos está en Kansas, que otros los encontró en Chile... 'Son pájaros de deseo, jardines de voces, pequeñas colecciones en las que sus propietarios o artesanos volcaron sus más íntimos deseos'.

Mogador es, entonces, un territorio imaginario, mítico, su Macondo particular, 'un mecanismo para volver al mundo de la poesía, una segunda realidad'. Ruy Sánchez contó que llegó a la ciudad de las murallas de sal hace muchos años, con Margarita Orellana, su pareja, después de alcanzar Tánger tras un terrible viaje en barco de 38 horas con temporal, aliviadas por un contador de historias de Marraquech. Explicó que entonces él era el nieto de un hombre que tuvo muchas mujeres y 60 hijos, un típico macho mexicano. Que trató de quitarse la etiqueta y de entender a su abuelo. Y que su 'fascinación irónica' por Marruecos le ayudó a encontrar la narración de una sensualidad distinta. Los laberintos, la sal, el erotismo místico, el juego poético, la sensación de magia que para otros es vida cotidiana y una voz propia, fragmentada, se metieron en sus libros. 'Y hoy hay un pequeño club de lectores que habla de su deseo a través de esos libros'.

Junto al autor estuvo Juan Cruz, que recomendó tanto la lectura de este 'amigo de Octavio Paz que le llevaba la contraria' como la visita a su página web (www.albertoruysanchez.com), en cuya sección de novedades aparecen un par de fotos del autor... desnudo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002