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Reportaje:

Los 23 años del alcalde Royes

El líder socialista deja el cargo tras haber ocupado la alcaldía de Terrassa durante 23 años

El 3 de abril de 1979 el socialista Manuel Royes ganaba la alcaldía de Terrassa por un escaso margen de votos. Veintitrés años después, ni un día más ni un día menos, el aún alcalde de Terrassa se despidió de la prensa con un exhaustivo repaso a más de dos décadas de gobierno. El viernes dirá adiós definitivamente en un pleno extraordinario.

'Han sido 23 años vividos apasionadamente', comentó. Cinco mandatos 'positivos' para Terrassa, porque dan 'tiempo a empezar y acabar los proyectos', pero no tan satisfactorios a nivel personal. En su despedida, Royes lamentó haber pagado un 'peaje muy duro': no haber visto crecer a sus hijos.

Aun así, el alcalde de Terrassa no deja la política. Le queda un año como presidente de la Diputación de Barcelona, que piensa aprovechar para preparar la institución ante 'una futura e hipotética nueva división territorial de Barcelona', y pone su persona a disposición de Pasqual Maragall. Continuará en la comisión ejecutiva del PSC y tiene claro su futuro: 'Siempre estaré en la política porque no sé hacer otra cosa'. Su hija, Helena Royes, de 28 años, sigue el ejemplo de su padre y también desde hace años participa en política. Desde 1999 es concejal de Comunicación.

El auténtico cambio de la ciudad en la última década ha sido pasar del gris al verde

Royes nació el 24 de mayo de 1940 en el seno de una familia de industriales catalanes de tradición catalanista. Empezó su trayectoria política con Maragall, Isidre Molas y Narcís Serra, y fue fundador del Front Obrer de Catalunya (FOC). En 1987 fue elegido presidente de la Diputación de Barcelona.

Fue elegido alcalde en las primeras elecciones democráticas y, al igual que sucedió en otras poblaciones, le tocó vertebrar una ciudad dividida por la gran oleada inmigratoria de los sesenta -entre 1950 y 1970 triplicó la población-. Su primer reto fue integrar los arrabales.

En 1999 le tocó lidiar con una nueva oleada inmigratoria. Los sucesos de Ca n'Anglada, reconoció ayer, fueron los momentos más difíciles de su mandato. En este barrio se vivió en el verano de 1999 un brote racista que duró días: palizas a magrebíes, ataques a carnicerías musulmanas y las iras xenófobas de muchos de los vecinos convirtieron este barrio humilde en un campo de batalla. 'Pero a raíz de este conflicto', dijo Royes, 'la población tomó conciencia de la nueva inmigración'. Fue, concluyó, 'una vacuna'.

Está especialmente orgulloso de que su ciudad participara en los Juegos Olímpicos. Fue un punto de inflexión para al ciudad. Terrassa invirtió 4.000 millones de pesetas en equipamientos municipales para la efeméride. 'Antes de 1992 nuestra autoestima era baja; a partir de los Juegos, evolucionó en positivo y se ha consolidado', afirmó.

'Los terrasenses son catalanes y vecinos de Barcelona'. No es un secreto para nadie que las relaciones entre Terrassa y Sabadell no han sido nunca fáciles. Royes encabezó la iniciativa de lograr una comarca para Terrassa. Consiguió que su ciudad compartiera la capitalidad con Sabadell después de recoger más de 30.000 firmas. Pese a las críticas, lo tiene claro: 'No soy anticomarcal, soy terrasense'. En su opinión, lo que 'funciona realmente es el área metropolitana y no las comarcas'. La alianza con Barcelona es lo que 'ha funcionado realmente: los túneles de Vallvidrera, los Juegos Olímpicos y la ciudad de la imagen '. De la vecina Sabadell, gobernada por su compañero de partido, Manuel Bustos, Royes comentó que tiene un problema: 'Un término municipal muy pequeño y agotado. Nosotros aún podemos crecer'.

Pero la auténtica transformación que ha vivido la ciudad en la última década, dice, ha consistido en pasar del gris al verde. Desde 1995 ha duplicado el espacio verde y ha cambiado la cara de su centro urbano. Otro hito del que se enorgullece Royes es haber conseguido que la ciudad tenga 'el segundo campus universitario urbano de Cataluña'. Y de las comunicaciones. Su último logro ha sido conseguir cuatro kilómetros más de Ferrocarrils de la Generalitat y tres nuevas estaciones.

Royes se marcha satisfecho por haber 'contribuido a cambiar la ciudad, a hacerla más libre y más feliz'. Su receta para ser un buen alcalde: 'Querer a la ciudad y a los terrasenses'. Antes de despedirse, habló de su relevo. Dos concejales se disputaban la sucesión: Pere Navarro y Josep Aran. El escogido ha sido Navarro, presidente del PSC de Terrassa y concejal de Cultura. 'Pequé de ingenuo al predecir quién me tenía que suceder', reconoció. 'Afortunadamente', concluyó, 'lo cortamos a tiempo'.

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