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REPORTAJE

Voz de resistencia en tiempos oscuros

La profesora Gotzone Mora narra el declive de valores y derechos, oculto bajo la falsa normalidad, que vive la Universidad vasca

Es viernes 1 de marzo, 11.45 horas, en la facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad del País Vasco en Leioa (Vizcaya). Bajo una lluvia fría, destemplada, varias decenas de profesores van congregándose en el patio de la facultad para testimoniar en silencio su repulsa al atentado que la víspera hirió a la concejal socialista Esther Cabezudo y a su escolta. La profesora de Sociología Gotzone Mora es asidua a estas manifestaciones pero cree que hoy no puede en ningún caso faltar a la cita con sus compañeros de claustro. 'No han venido los de Batasuna', constata con alivio.

Hace 10 días, en ese mismo lugar, durante la protesta por el atentado que mutiló al dirigente de la Juventudes Socialistas Eduardo Madina, tuvo un altercado con los contramanifestantes que pretendían que abandonara su plaza para que no les tapara su pancarta. 'Siempre me coloco en el mismo lugar y no me dio la gana de cederles también mi ladrillito. Me conminaron a que me fuera, les pregunté cómo podían boicotear la protesta contra el atentado a un joven universitario como ellos; entonces me sacaron a colación a los presos de ETA y yo les respondí aludiendo a los asesinados por ETA; nada más'.

Su nombre ha aparecido en papeles del 'comando Vizcaya'. El informante pudo ser un alumno

El incidente, filmado por las cámaras de la televisión, ha acabado por colocarle simbólicamente entre las manos la deshilachada bandera de la resistencia activa al terrorismo en la Universidad vasca.

Militante socialista -formó parte de la Ejecutiva del PSE-EE hasta la dimisión de Nicolás Redondo- esta mujer de 53 años ha pasado a ser el blanco preferido de los simpatizantes de ETA tras los abandonos registrados en los últimos tiempos en el grupo de profesores universitarios vascos más caracterizado por su participación en el combate intelectual y político contra el terrorismo. 'Lo que pasa es que antes éramos 15 o 20 y ahora muchos menos, así que tocamos a más', indica, con un gesto de fatalidad, mientras sortea las pancartas que cuelgan en el vestíbulo de su facultad, la mesa instalada por Batasuna en la entrada para recabar firmas de protesta por la instalación de cámaras de vigilancia y los múltiples carteles del mismo tenor en los que también se señala como terroristas a quienes defienden la Constitución.

Y es que lo de la facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de Leioa, escenario privilegiado de la confrontación abierta por los simpatizantes universitarios de ETA, se corresponde poco con el decorado de contestación juvenil habitual en los centros universitarios. Es una ocupación en toda regla del espacio común, la saturación de la atmósfera universitaria con un mensaje ideológico unívoco, sin contestación alguna, teñido y trufado de la complicidad más o menos manifiesta con el mundo de ETA.

Gotzone Mora dice que, en efecto, las juventudes de Batasuna no encuentran prácticamente oposición entre el resto del alumnado, que la participación de los alumnos en las actividades ha caído notablemente, que no hay vida universitaria y sí mucha inhibición y pasividad, que los chicos cumplen con la clase y se vuelven a casa. 'En mi clase', dice, 'yo trato de evitar el choque, pero no siempre se puede pasar de puntillas sobre los asuntos conflictivos y claro, aunque yo me llevo muy bien con los alumnos... Un día, después de clase, se me acercó una chica llorando y pidiéndome perdón porque no se había atrevido a apoyarme en la discusión. También hay padres que aconsejan a sus hijos que no se metan en líos con los de Batasuna. Es normal que la gente tenga miedo', indica. 'Aquí, en Leioa, ya sabemos que hay gente que informa a ETA. Pusieron la bomba en el ascensor de la facultad y otra, en el coche de una guarda jurado'.

El nombre de Gotzone Mora, una mujer activa pero igualmente discreta, ha aparecido como objetivo en los papeles intervenidos a dos grupos del comando Vizcaya. Y no sólo el nombre. El dossier contenía también fotos de la profesora y una serie de detalles, entre ellos, la manera en que se pone y se quita las gafas, que invitan a pensar que el informante pudo ser uno de sus alumnos. A Gotzone Mora le han intentado quemar la casa -alguno de sus vecinos le ha pedido encarecidamente que se mude de domicilio- ha sufrido el acoso telefónico, lo que le ha obligado a cambiar su número de teléfono en dos ocasiones, pero no termina de acostumbrarse a las risitas y comentarios desdeñosos con que le zahieren los simpatizantes de ETA en la Universidad.

'Cuándo tomé la decisión..., bueno, la decisión de no achantarme y de resistir, pensé que tenía que intentar hacer una vida lo más normal posible. No es fácil porque desde que llevo escolta hemos tenido que renunciar a las salidas habituales con los amigos y a la casa que tenemos en Francia. Como algunos no quieren que se les vea en la calle con guardaespaldas, nos dicen que si queremos quedar con ellos tiene que ser dentro de sus casas. No, no es fácil vivir así, pero tengo una familia que me arropa. Mi marido, que proviene de una familia nacionalista, cada vez entiende mejor qué es lo que defiendo y también cuento con el apoyo de mis hijos. Lo que yo les digo es: ¡ayudadme a resistir!'.

Desde el cariño, casi siempre, y a veces también desde la distancia, hay compañeros de facultad que le aconsejan que desista, que se retira de las concentraciones, que pase a un segundo plano, que no merece la pena arriesgarse. 'Pero yo', dice esta mujer encarcelada durante el franquismo por organizar la protesta contra el Juicio de Burgos, 'sólo dejaré de comportarme como una ciudadana libre el día en que el miedo me supere'.

Añade que, a lo largo de la historia, se ha mostrado que la resistencia puede llegar a cambiar el rumbo de las cosas, aunque reconoce que tiene unos límites y una 'fecha de caducidad'. En su caso no es un comentario ligero porque en estos momentos ella acusa tanto la crisis de la Universidad vasca, -donde reina entre el profesorado un clima espeso de rencores y desconfianzas, con reproches públicos y cruces de manifiestos- como la división interna de su partido, el PSE-EE.

'La Universidad es la única institución que no controla el nacionalismo vasco y eso explica también lo que está pasando. Como Max Weber, yo también establezco la dicotomía entre el político y el científico, pero fue HB (ahora Batasuna) la que introdujo la politización de la Universidad y en circunstancias como las presentes no se les puede dejar el terreno libre', indica. 'Quieren que nos vayamos, que sigamos los pasos de los que se han ido y además piensan sustituirnos. Nosotros llevamos aquí a decenas de presos de ETA que están haciendo la carrera a través de la UNED, la universidad a distancia. ¿Sabe que la gran mayoría de los profesores les aprueban no por examen, como es preceptivo, sino por trabajos? Así obtienen una notas brillantísimas y al cabo de unos años cuando salgan de la prisión puede muy bien ocurrir que se queden con nuestras plazas', indica.

Sin entrar en polémicas recientes, como la disputa entre la profesora Edurne Uriarte y Francisco Letamendía, dice que se siente decepcionada por el comportamiento del rector, Manuel Montero.

'Le elegimos para que formara un muro con el que detener a HB y el muro se ha desmoronado', señala. Le preocupa mucho la pasividad que detecta en los jóvenes estudiantes y la posibilidad de que el trabajo de defensa de los conceptos y valores democráticos en la Universidad vasca se vaya al garete en unos años. 'Como ese concejal de Llodio que acaba de dimitir, yo también tengo', dice, 'la impresión de que la sociedad vasca está mirando para otro lado. Hay una desmovilización permanente desde el nacionalismo y yo quiero que mi partido -Gotzone Mora está alineada con las tesis de Nicolás Redondo- esté en la política vasca en las mismas condiciones de igualdad que cualquier otra fuerza política'.

Está, por supuesto, cansada, enormemente cansada. Desde el incidente con los contramanifestantes, Gotzone Mora, además de recibir llamadas intempestivas y amenazantes en su teléfono móvil -ella no acierta a comprender cómo han conseguido enterarse del número- y notar un endurecimiento en las miradas de odio y desprecio que le prodigan los militantes de Batasuna, percibe también cierta frialdad en círculos bienpensantes de su facultad, allí donde otras veces dice que encontraba compasión y cariño. Después de 25 años de docencia, tiene últimamente la impresión de que algunos de sus compañeros de claustro la ven casi, casi, como un elemento exaltado y perturbador de la inexistente 'paz universitaria', como si hubiera entrado en el 'círculo de la sospecha', en terrenos pantanosos.

'Gotzone, no te metas con ellos, no respondas a las provocaciones'. Es el consejo, inspirado por la buena fe, con el que, según ella, se descuelgan miembros del cuerpo docente de su facultad. Expresión y reflejo de lo que acontece en la sociedad vasca, pero territorio de obligada convivencia que facilita los roces, la comunidad universitaria parece habituada a soportar las contramanifestaciones, las agresiones verbales, la ocupación propagandística del espacio público. En estos tiempos de oscuridad, la joven Universidad vasca no ha logrado crear el poso académico, la cultura universitaria, que le sustraiga de las miserias y debilidades, que le sitúe por encima de la política ramplona mientras la amenaza y la persecución, la presencia de escoltas y escoltados pasa a integrarse en el paisaje universitario.

Gotzone Mora cree que buena parte de la comunidad universitaria, divida en capillas de adscripción ideológica, parece también tentada a aceptar el sacrificio de los valores y los derechos de una parte de los suyos en aras a una 'normalidad' ficticia a la que algunos se aferran desde la impotencia y el cansancio, y otros desde el conformismo, el interés particular o político y el cinismo. A su juicio, a partir de las elecciones del 13 de mayo que ratificaron la hegemonía nacionalista, una parte de la comunidad universitaria busca el centro ético moral, el equilibrio y la virtud en el centro político resultante de la relación de fuerzas acreditada en las urnas. El resultado de este corrimiento moral sería que la defensa elemental de valores y derechos, la justa indignación ante los atropellos, habría quedado resituada en un extremo y que los resistentes habrían sido marcados simbólicamente con el sello de la intransigencia y la marginación.

'Esos que huelen a perro'

Hay profesores que juzgan intolerables las agresiones verbales del estilo: 'Ahí viene esa españolista de mierda y esos dos que huelen a perro', con las que algunos alumnos de Batasuna les saludan, pero que no se sienten capaces o no están dispuestos a ir más allá de la condena moral, explica Gotzone Mora. Piensa que la coherencia se diluye en las divisiones políticas y en los rencores personales y que la mala conciencia encuentra consuelo en el descrédito de las víctimas, a las que se juzga implacablemente por no responder a un ideal de perfección. Surgen así las teorías maledicentes que atribuyen a los profesores que han abandonado la facultad a intereses bastardos, afán de protagonismo y hasta el haber encontrado un placer morboso en el hecho de estar perseguidos. 'Quieren creer que es agradable irse a rehacer la vida con 53 años, que a los que se han ido les encanta la soledad, que no tienen problemas económicos, que no. Les gustaría pensar que para mí es muy cómodo vivir con escoltas. La pretensión de normalidad es una broma. No soy aficionada a banderitas pero ¿qué pasaría si pusiera una bandera española en la facultad, cuánto duraría esa bandera?'

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002

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