LA SITUACIÓN EN EL PAÍS VASCO

Un repartidor de refrescos sale ileso por tercera vez de un atentado etarra

Josemari es un hombre normal, vecino de Bilbao, de 30 años, casado y con un hijo de tres años. Una persona corriente que cada mañana sale a trabajar con su furgoneta de reparto de refrescos. Josemari ha vivido de cerca tres atentados terroristas, de los que siempre ha salido ileso. El último de ellos, el jueves pasado en Portugalete. La furgoneta que conducía paró gran parte de la onda expansiva y de la metralla del artefacto con el que ETA intentó segar la vida de la concejal socialista Esther Cabezudo y su escolta Iñaki Torres. 'Es la tercera vez que me libro', dice.

La primera vez que Josemari vivió de cerca un atentado fue el 23 de julio de 1989, cuando tenía 17 años, en Orozko (Vizcaya). 'Estaba en el cuartel de la Guardia Civil', recuerda. 'Tenía un cuñado allí y fui a ver a mi hermana. Lanzaron seis granadas. Una de ellas entró en la habitación de mis sobrinas. Las niñas no estaban en la habitación. Como mi cuñado estaba de servicio, dormían con mi hermana. A mi hermana y a mí nos pilló en la sala'.

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La segunda vez fue el pasado día 19, en Sestao, cuando estalló la bomba lapa que ETA colocó bajo el coche que conducía el dirigente de las Juventudes Socialistas Eduardo Madina. 'Me dirigía a Trápaga e iba dos o tres coches más adelante', recuerda.

'Me ha pillado una bomba'

Y la tercera le tocó el jueves en Portugalete. Josemari estaba comenzando su jornada laboral e iba, como cada jueves, hacia Portugalete, la zona de reparto que tenía asignada ese día. A 9.10 torció con su furgoneta de Coca-Cola hacia la calle Casilda Iturrizar, camino de la estación de Renfe. 'Tras la explosión enseguida llegaron las ambulancias. La furgoneta quedó en medio y la tuvieron que retirar. A mí me sacaron y me llevaron al hospital'. Llamó a su mujer. 'Me ha pillado una bomba'. Su esposa se puso a buscarle por todas partes hasta que lo halló en el hospital y comprobó que estaba bien.

La furgoneta presentaba evidentes impactos de metralla en uno de sus lados, tenía todos los cristales rotos, las ruedas reventadas, parte del techo había desaparecido y no se podían abrir las puertas. 'Me asusté mucho cuando ví cómo había quedado la furgoneta. Toda la metralla paró contra las latas de Coca Cola'.

También había un gran agujero en la parte media de la puerta del copiloto, por donde penetró un trozo de metralla que milagrosamente no le alcanzó. Le queda el consuelo de que a la concejal socialista y a su escolta 'les tapó la furgoneta' y por eso sus heridas no fueron graves. Josemari es autónomo y el vehículo es de su propiedad. Aún está pagando el crédito. 'Por lo menos ha servido de algo; si ellos han salido bien [los heridos], eso es lo que cuenta'. Admite que todavía le tiembla todo el cuerpo del susto. 'No se si cogerme el coche con mi familia y marcharme tres o cuatro días de vacaciones'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de marzo de 2002.

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