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Reportaje:

Dos banqueros sin banco

Las crisis del SCH y el BBVA provocaron la salida casi simultánea de sus vicepresidentes ejecutivos, Corcóstegui y Uriarte

Vizcaínos, banqueros, expertos en fusiones y frustrados candidatos a presidentes. Pedro Luis Uriarte (Baracaldo, 59 años) y Ángel Corcóstegui (Bilbao, 50 años) han tenido vidas paralelas y han pasado a la reserva, a la espera de otros destinos. Ambos han dejado de ser vicepresidente y consejero delegado (del BBVA y el SCH, respectivamente) en un intervalo de tan sólo dos meses, tras participar en las fusiones bancarias más importantes de Europa, el BSCH y el BBVA.

Uriarte y Corcóstegui se conocen y se respetan desde hace años. En 1988 ambos fueron nombrados directores generales del BBV, si bien Uriarte procedía del Banco Bilbao, y Corcóstegui, del Banco Vizcaya, un aspecto que marcó la evolución profesional de ambos. Uriarte entró en el Bilbao en 1975, aunque entre los años 1980 y 1985 estuvo fuera de la entidad como consejero de Economía del Gobierno vasco.

Emilio Ybarra optó por adelantar su salida del BBVA y Uriarte le acompañó

Emilio Botín recurrió a Sáenz para sustituir a Corcóstegui tras su dimisión en febrero

Corcóstegui entró en el Vizcaya a principios de 1987, de la mano de Pedro Toledo, como subdirector general de mercado de capitales. A los pocos meses vivió su primera disputa: el acoso de KIO, que anunció la adquisición del 4,5% del banco sin conocimiento de la dirección. Amenazaba OPA. La labor de Ángel Corcóstegui le permitió ascender en el banco hasta ser uno de los primeros ejecutivos de la entidad financiera junto a Alfredo Sáenz, Francisco Luzón y José Antonio Sáenz de Azcúnaga, entre otros, con los que participaría activamente en la integración del Vizcaya con el Bilbao en el BBV.

En diciembre de 1989, cuando Corcóstegui era consejero director general del BBV, estalló la crisis de poder en el banco por la muerte de Pedro Toledo, presidente del Vizcaya. Tras la intervención del Banco de España, Emilio Ybarra se hizo con el control del BBV. En 1990 nombró a Corcóstegui consejero responsable del mercado de capitales. Ese mismo año Uriarte recibió el encargo de desarrollar la banca comercial (Corcóstegui se encargaba de la banca de inversión) y entró en el consejo del BBV.

Transcurieron tres años hasta que estalló la crisis del Banesto de Mario Conde en diciembre del año 1993. Alfredo Sáenz -sucesor de Corcóstegui en el SCH y que en aquel momento era vicepresidente del BBV- se encargó de sacar a Banesto de la quiebra. Su marcha dejó una vacante en el puente de mando de la entidad, pero esta circunstancia no mejoró la situación de Corcóstegui. El ingeniero de Caminos sabía que un Vizcaya tenía poco que hacer en un banco cada vez más dominado por los Bilbao.

El año 1994 fue clave para los dos ejecutivos. Uriarte (plus, como se le conocía en el banco) era un valor en alza. Corcóstegui no veía claro su futuro.

Mientras tanto, el BBV perdió la subasta de Banesto, que fue ganada por el Banco Santander. Para agudizar la crisis, Alfredo Sáenz y 12 ejecutivos procedentes del Vizcaya son fichados por Emilio Botín para dirigir Banesto. Fue un momento delicado para el BBV, porque perdió la posibilidad de hacerse con el liderazgo de la banca doméstica y a un equipo gestor de primera categoría que pasó a estar controlado por su eterno rival, Emilio Botín, presidente del Santander.

Fichaje de Sáenz

Ahora, pasado el tiempo, se ha visto lo importante que fue el fichaje de Alfredo Sáenz. Este ejecutivo ha pilotado Banesto durante siete años y desde el 13 de febrero pasado es consejero delegado del grupo SCH. El BBV comprobó que las fusiones se cobraban un alto precio intelectual.

Estos acontecimientos acentuaron la inquietud de Corcóstegui, que no veía claro su futuro. Ybarra reforzó su papel como consejero, director general y miembro del comité de dirección. Pero este gesto no fue suficiente para retener a Corcóstegui. El 30 de junio de 1994 el banquero bilbaíno aceptó la oferta del Banco de España para convertirse en consejero delegado del BCH.

Las funciones de Corcóstegui pasaron a Javier Gúrpide, aunque sólo por tres meses. El 15 de septiembre de 1994 se desató otra crisis. Gúrpide (llamado el banquero poeta) dejó todos sus cargos ejecutivos como vicepresidente. Fue la oportunidad de Uriarte.

En estas fechas, Corcóstegui y Uriarte se echaron sobre sus espaldas la reorganización de dos mastodontes con problemas diferentes. El BBV carecía de organización y orientación estratégica, fruto de años a la deriva. El BCH era una entidad anticuada, que arrastraba una morosidad de casi un billón de pesetas.

El 12 de junio de 1997, tras haber sacado del túnel a la entidad, el ingeniero de Caminos fue nombrado vicepresidente y se abrió ante él la posibilidad de llegar a ser presidente de uno de los grandes. Mientras, el 24 de febrero de 1998, Uriarte sustituyó a Gúrpide en una de las vicepresidencias. También para este alumno de la Universidad Comercial de Deusto se ponía a tiro el máximo cargo de la entidad.

El 15 de enero de 1999, Emilio Botín y José María Amusátegui anunciaron la fusión del Santander y el BCH. No obstante, el BSCH nunca fue producto de una unión entre iguales. Emilio Botín siempre controló un aspecto clave: la mayoría del consejo de administración. Ángel Corcóstegui creyó que su puesto de vicepresidente primero y consejero delegado equilibraría la situación y se equivocó.

Los méritos profesionales de Corcóstegui no ofrecen dudas, como ha destacado el propio Emilio Botín. Sin embargo, el pasado febrero, pocos días después de la junta de accionistas, presentó la dimisión. Botín recurrió a uno de sus hombres de máxima confianza, Alfredo Sáenz, para ocupar su puesto y, de paso, recuperó a su hija Ana Patricia, que salió del banco poco después de la fusión por enfrentamientos con Corcóstegui, para llevar las riendas de Banesto. Algunos directivos del SCH critican que Corcóstegui no se fuera junto a Amusátegui en el momento álgido de la crisis, el pasado agosto. Queda la incógnita de si su dimisión fue un adelanto a una salida anunciada.

Problemas internos

El caso de Uriarte va por otros vericuetos. El BBV se fusionó el 19 de octubre de 1999 con Argentaria, una entidad que acaba de privatizarse y que era la tercera parte del banco vasco. Se acordó que Emilio Ybarra y Francisco González copresidirían el BBVA hasta marzo de 2002, pero los problemas internos lo impidieron. Poco a poco, González tomó el control del consejo de administración.

Cuando llegaron los planteamientos divergentes entre Uriarte y González, Ybarra no tenía fuerzas suficientes para apoyar a su vicepresidente. Todo se complicó demasiado. Ybarra, experto en disputas internas, optó por abandonar su puesto anticipadamente para 'no quebrar la gestión' de la entidad. Uriarte, que tuvo que adelantar el fin de su programa de expansión (CREA) por la crisis económica en Argentina, le acompañó. Éste había declarado que tras la fusión había renunciado a ser presidente, aunque quizá nunca imaginó un final tan duro tras haber protagonizado siete años de exitoso crecimiento del banco.

También dejó su cargo de director general Javier Echenique, uno de los dos delfines de Uriarte junto con José Ignacio Goirigolzarri, quien ha asumido la vicepresidencia del grupo bancario y mantiene una total sintonía con González. La que no tuvieron éste y Uriarte.

Uriarte y Corcóstegui están ahora sin empleo. Se han ido con una remuneración suficiente (se habla de millones de euros) como para vivir prejubilados sin problemas, pero ya cuentan con ofertas sustanciosas para cargos de responsabilidad en importantes empresas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002