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Rotaciones a medias

Mucho se ha hablado esta semana de la media docena larga de cambios que iba a introducir Javier Irureta en su once más habitual para proteger a algunos de sus hombres clave con vistas a la final de la Copa, el próximo miércoles, ante el Madrid. Al cabo, se quedaron en cinco porque el técnico vasco se resistió a hacer combinaciones demasiado experimentales y apostó sobre seguro.

Sobre Mauro Silva, por ejemplo, las rotaciones pasaron de largo. El brasileño es fundamental en el centro del campo y, hoy por hoy, no tiene repuesto. Algo parecido a lo que ocurre con Valerón, a quien Irureta no se atrevió a reservar.

Sin embargo, otro de los protagonistas del partido frente a la Juventus, Tristán, sí que se quedó en la caseta. Y los aficionados locales, que aún recuerdan los dos goles que marcó el sevillano en su único partido en el Sánchez Pizjuán, encantados. Con Tristán se quedaron también en el banquillo Romero, Fran, otro habitual; Emerson y el ex sevillista Héctor.

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El técnico del Sevilla, Joaquín Caparrós, ya había advertido, no obstante, de que le daban igual las rotaciones y no se fiaba de la sobrecargada agenda del rival. Él también tenía su presión: tras la goleada al Mallorca, se pasó de la necesidad de certificar la permanencia a la posibilidad de luchar por una plaza en la Copa de la UEFA. 'La palabra Europa a mí me suena a política', dijo en un intento desesperado de rebajar la presión y contener la pasión.

Con rotaciones o sin ellas, el Depor siempre ha sido la bestia negra del Sevilla, que no le gana desde 1973. Cuando todavía no conocía la Primera División y el Sevilla hasta se paseaba por Europa, el Depor ya eliminó de la Copa en dos temporadas consecutivas al cuadro andaluz, al que después, en la temporada 1999-2000, envió directamente a Segunda al vencerle por 1-3 en el Sánchez Pizjuán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de marzo de 2002.

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