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HACIA UNA ESCUELA MULTICULTURAL

La enseñanza de la religión, 'al dente' como la pasta, para que sea al gusto de todos

Los buenos resultados de estos programas de integración se basan en la labor del profesorado y personal del centro, la colaboración de los voluntarios de las organizaciones como Alicante Acoge o Alicante Kalí, que intervinenen de traductores y mediadores sociales, y el papel de los padres. El APA del colegio San Roque se encarga de organizar las actividades extraescolares con las que los niños juegan y se sienten iguales a sus compañeros.

La mayoría de los alumnos iberoamericanos y musulmanes se esfuerzan más, aprenden rápidamente, tienen ganas de superarse, coinciden Pablo Guzmán y Pedro Naranjo, que además reconocen que en Latinomérica los padres les inculcan que sólo con la educación podrán llegar más arriba y tener un futuro mejor. La asignatura que menos problemas presenta son las matemáticas, ya que 'son universales', recuerda un docente.

En la enseñanza de religión el San Roque ha tenido que buscar una fórmula alternativa a la programación oficial. Para todos los alumnos se oferta religión católica, o actividades de estudio. Sin embargo, y debido al número de alumnos islámicos (55, entre ellos 12 marroquíes y 35 argelinos) voluntariamente, y fuera del horario escolar, el imán de la mezquita de Alicante les ofrece clases de alfabetización, ya que la mayoría hablan árabe pero no saben leerlo ni escribirlo. La religión, como la pasta al dente, para que sea al gusto de todos. Para el próximo curso la dirección espera contar con un profesor que se encargue del aprendizaje de la religión, lengua y culturas musulmanas. El colegio tiene 18 profesores, de ellos dos son de apoyo y refuerzo en valenciano y castellano, y la Consejería de Educación les aumentó en un millón de pesetas el presupuesto para actividades extraescolares que facilitaran la integración de los niños.

¿La integración es posible? 'Con una escuela bien llevada, sí', afirma el jefe de estudios del Santiago Calatrava. Para Naranjo, los niños necesitan 'tener un modelo de lo que deben de hacer'. El castigo no es el remedio, pero sí ciertas dosis de reflexión conjunta, en el que participe la familia. 'La violencia existe, dentro y fuera de las aulas'. Sin ir más lejos, los mayores la agarraron a golpes con un anciano de 80 años fuera del recinto. 'Yo no me puedo quedar dentro mirando, son los mismos críos, dentro que fuera, qué voy a hacer. Intervenir', concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002