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La reacción a una manifestación ultra acaba con 23 detenidos y múltiples destrozos en Valencia

Durante la marcha por el barrio de Russafa proliferaron gritos racistas y saludos nazis

Tres sucursales bancarias, un coche y dos motos de la Policía Local destrozados, una docena de contenedores quemados, cabinas de teléfono y lunas de escaparates arrancadas y 23 contramanifestantes detenidos fue el balance que arrojó la tarde de ayer en el barrio de Russafa de Valencia. La mayor parte de los actos vandálicos fueron provocados por un grupúsculo que trató de romper la actitud pacífica de la concentración contraria a la manifestación ultra convocada por Plataforma 2000 bajo el lema Ruzafa limpia. En esta marcha proliferaron los gritos contra los negros y los saludos nazis.

Cuando acabó la manifestación, unas decenas de ultras se lanzaron a por los 'rojos'. No llegaron a su destino porque la Policía Nacional cargó contra ellos hasta que se dispersaron por las calles de Russafa. Pero los disturbios de mayor relevancia se produjeron antes.

Todo empezó minutos después de que la manifestación ultra, que contaba con la autorización de la Delegación de Gobierno, arrancara desde la plaza de San Lorenzo a los sones de la música de Wagner y con una parafernalia de estética nazi. Mientras los cerca de 250 ultras, según estimación de la Policía, desfilaban profiriendo gritos como Negros no, España no es un zoo o Arriba España o contra la 'invasión silenciosa' de los inmigrantes, las fuerzas de seguridad intentaban mantener alejado al grupo de antifascistas, compuesto por unas 200 personas y que en su mayoría mostró una actitud pacífica.

Tras una carga para provocar la dispersión del grupúsculo que intentaba soliviantar a los contramanifestantes, una veintena de jóvenes radicales empezó a volcar contenedores y a quemarlos por las calles, según fuentes policiales. Llegaron hasta la plaza llamada popularmente de la Pantera Rosa, donde destrozaron a patadas y con pedruscos un coche de la Policía Local. Cruzaron la avenida de Perís y Valero y cortaron la calle de Doctor Walksman con contenedores, incendiando algunos ellos con el fin de impedir el paso de las patrullas. Algunas cabinas y una sucursal de La Caixa fueron pasto de los ataques de este grupúsculo que huyó por la carretera de la Fonteta de Sant Lluís. Allí se dispersaron, tras dejar el rastro de una batalla campal.

Al final, la Policía Nacional detuvo a 23 jóvenes, tres de los cuales fueron los causantes del destrozo a la unidad policial. Dos efectivos de este cuerpo identificaron a los autores. La Policía afirmó que varios miembros de este grupúsculo tiene antecedentes por actos similares. Insistió, a su vez, en que la mayoría de los integrantes de la contramanifestación, que denunciaba la marcha ultra como un acto de provocación, no originó ningún altercado. Vecinos del barrio y otras asociaciones civicas recorrieron con cacerolas las calles de Russafa protestando por la marcha de consideraban xenófoba y antidemocrática que transcurrió minutos después 'con normalidad'. De hecho, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia y entidades como SOS Racisme advirtieron a lo largo de la semana del carácter provocador y racista de la manifestación, por lo que criticaron la autorización.

Entre los manifestantes ultras se hallaba Alain Lavarde, un representante del Frente Nacional Francés, liderado por Jean-Marie Le Pen. El portavoz de la valenciana Plataforma 2000, Andrés Santo, rechazó que se tratara de una manifestación racista, violenta o xenófoba y aseguró que sólo quieren 'limpiar' de droga, delincuencia e inmigración ilegal a Russafa, el barrio de Valencia con mayor número de inmigrantes asentados desde hace años.

La marcha estaba capitaneada por el conocido ultra valenciano José Luis Roberto, asesor de la Asociación Nacional de Clubs de Alterne y responsable de la compañía privada Levantina de Seguridad. Durante la manifestación, insistió en no responder a los insultos que llegaban desde balcones y aceras, si bien en un momento dado tranquilizó a los suyos señalándoles que estaban grabándolo todo y que podrían volver otro día, lo que provocó la sonrisa de muchos de ellos.

Tras la disolución de las concentraciones, la Policía, que desplegó numerosos efectivos de antidisturbios y una veintena de unidades secretas, respaldos por un helicóptero, mentuvo anoche un dispositivo especial en el barrio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002