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LO MÁS ÚTIL | EL VIAJERO HABITUAL

Salir de viaje, la mejor terapia

Al viajar se entra en contacto con otras culturas, lo que permite tomar conciencia de que la propia no es perfecta ni mejor y disminuye así el narcisismo. Además es una fuente de creatividad, fomenta una actitud universalista y puede convertirse en un instrumento para el autoconocimiento. Según explica el psiquiatra Juan Luis Miranda, viajar 'no sólo sirve para disfrutar, sino también para perfeccionarnos'. No hacerlo 'significa una importante carencia cultural'.

En términos generales, el psiquiatra Enrique Rojas explica que viajar favorece la salud mental porque produce un cambio de actitud provocado por vivir experiencias gozosas, amplía el conocimiento al entrar en contacto con la historia, la literatura o el arte y funciona como auténtico motor de la ilusión desde el mismo momento en que se empieza a planear el recorrido. 'Todo viaje culto se inicia en la biblioteca', dice.

Además, Juan Luis Miranda destaca que en los viajes se dan las circunstancias idóneas para alcanzar alguna de las denominadas experiencias cumbre. Éstas consisten en una vivencia emocional especial, creativa y extraordinaria: una experiencia de éxtasis. 'El viajero dispone de una infinidad de posibles estímulos [un paisaje, el folclor, el modo de vida de una cultura ancestral...] que le pueden transportar a una de estas experiencias cumbre'.

Autonomía emocional

La inteligencia emocional es uno de los aspectos que sale más beneficiado: si bien es cierto que un viaje supone alejarse de lo que resulta familiar y de los seres queridos, eso mismo puede convertirse en una gran ventaja, porque se aumenta la autonomía emocional y la inteligencia. Miranda asegura que esto se produce especialmente si se viaja solo, porque 'se logra el mejor y mayor crecimiento como persona'. Aun así, Enrique Rojas asegura que hacerlo en compañía tiene también sus ventajas, porque el placer se multiplica si la experiencia se comparte con las personas adecuadas.

En su justa medida

Si muchas veces viajar relaja, los especialistas coinciden en advertir del riesgo de que se convierta en una fuente de estrés. El psiquiatra Enrique García Bernardos indica que es relativamente usual que se produzca en las personas que tienen el empeño de salir de una ciudad 'habiéndolo visto todo': levantarse al alba para trotar de museo en museo, haciendo un alto en cada iglesia, no sólo es cansado para el cuerpo, sino también para la mente. En este mismo sentido, el psicólogo Antonio Catalán señala que muchas veces el estrés también se produce cuando se ha planificado el viaje milimétricamente: 'Hay quien se lo inventa antes de ir; en la imaginación todo es perfecto, y frente a ella la realidad casi siempre sale perdiendo'. Además, el estrés puede afectar a quienes están apegados a su rutina, y al cambiar de lugar tiene que modificarla: aunque quieren disfrutar del viaje, no pueden. A estos casos hay que añadir que a cada persona puede producirle ansiedad una causa distinta: separarse de la familia, viajar solo, tomar el avión, etcétera.

Pequeños turistas

En el proceso de formación del individuo, la infancia es un momento esencial. Por ello, los viajes en esta época de la vida tienen una gran trascendencia. 'Su cerebro está en edad de maduración; es como un disco duro que se puede moldear y obtener en vez de 20 gigas, 30', explica José Luis de Dios, de la Unidad de Psiquiatría Infantojuvenil del Hospital Clínico de Madrid. Precisamente por este motivo también hay que ser cuidadosos: 'Cuantos más estimulos, más se aprende, pero si lo sobreestimulamos, se puede producir justo el efecto contrario'. Por ejemplo, no es conveniente llevar a un niño a un recorrido por cinco o seis países en ocho días porque le puede bloquear. 'Es lo mismo que ocurre con los estudios', argumenta De Dios: 'Si se le dice constantemente 'estudia, estudia', se crea un rechazo hacia ello'. Por eso los viajes deben adecuarse a su edad, compaginando las visitas con el descanso y el recreo.

Desde el punto de vista emocional, conocer otros lugares es también muy enriquecedor para los niños. La compañía de sus padres o personas queridas logra que, aunque estén en un lugar desconocido, no se sientan inseguros. 'Los niños tienen la necesidad de vivir en un ambiente estable', explica De Dios; 'es entonces cuando desarrollan la curiosidad y se lanzan a explorar el mundo que les rodea. Los niños no se aventuran en lo desconocido'.

A esto hay que añadir una última precaución: viajar es sano para los niños, pero no se debe hacer con excesiva frecuencia. 'Si se le está separando habitualmente de sus amigos, horarios, etcétera, puede ser perjudicial; incluso hacer un viaje todos los fines de semana puede ser negativo, porque puede impedir que desarrolle con normalidad la relación con sus compañeros'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2002