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Crítica:DORMIR

A un minuto de las playas del Sardinero

Hoyuela, un hotel de nueva planta frente al casino de Santander

La pátina del tiempo va otorgando a este edificio el clasicismo que pretende. Enclavado frente a la playa del Sardinero, donde a principios del siglo XX se concentraba la flor y nata de la hostelería santanderina, el Hoyuela cuenta sobre sus cimientos con apenas seis años de existencia, pero parece que lleva ahí toda la vida. El estilo cour jardin en que fue construido, inmerso en el ambiente belle époque de la avenida de los Hoteles, refuerza esa impresión en cuanto se pone un pie en la plaza de Italia, bañada en la blancura de sus fachadas monumentales y en la frescura que le brinda el oleaje espumoso del Cantábrico. Vieja mar, siempre reciente, en la prosa distante de Unamuno y los de su generación literaria.

Hoyuela

Categoría oficial: cuatro estrellas. Dirección: avenida de los Hoteles, 7. Santander. Teléfono: 942 28 26 28. Fax: 942 28 00 40. Internet: www.gruposardinero.com. Instalaciones: garaje, salón de estar, sala de convenciones (500 personas), bar, comedor. Habitaciones: 5 individuales, 42 dobles y 8 'suites'; todas con baño, calefacción, teléfono, minibar gratuito, TV vía satélite y secador de pelo. Servicios: no hay facilidades para discapacitados, no admite perros. Precios: temporada alta, 174,29 euros + 7% de IVA; temporada baja, 126,21 + 7% de IVA; desayuno, 8,71 + 7% de IVA; fin de semana, 90,15 + 7% de IVA. Tarjetas de crédito: American Express, Diners Club, MasterCard, Visa, 6000. Arquitectura ... 8 Decoración ... 7 Estado de conservación ... 8 Confortabilidad habitaciones ... 8 Aseos ... 7 Ambiente ... 8 Desayuno ... 6 Atención ... 9 Tranquilidad ... 7 Instalaciones ... 6

Un destello de elegancia entrelaza su planta neoclásica con el perfil algo más palaciego del Gran Casino, cuyos muros casi se rozan en la perspectiva de la plaza. Y si éste subraya su empaque histórico con dos soberbias torres octogonales en los laterales, aquél se hace admirar además por su cúpula de cristal traslúcido y rutilante, de noche, entre los tejados de la ciudad.

En un establecimiento de capacidad relativa no cabe esperar un gran nivel de instalaciones, pero sí un servicio próximo, confiado y resolutivo con las necesidades de la clientela. A menos que se produzca un lapso de saturación, desde el jefe de recepción hasta el mozo de equipajes centran enseguida toda su atención en el recién llegado. El registro se resuelve rápidamente, mientras el coche es conducido al garaje. Sólo cabe echar en falta el arreglo vespertino de la habitación y su pertinente servicio de cobertura de camas.

Seriedad decorativa

Amplios y bien señalizados, los corredores distribuyen satisfactoriamente las diferentes zonas privadas y comunes del hotel. Nada de falsos adornos, ni de adminículos sobrantes. Tampoco su extensión natural, los dormitorios, ofrecen menor seriedad en la propuesta decorativa. Suelos enmoquetados de rojo, muebles de cierta calidad en estilo clásico y lámparas modernas de bronce, a juego con las tonalidades festivas de las paredes interiores. Verdaderamente recomendables son los que miran al mar, en la fachada y en la franja lateral más próxima a la playa, iluminada por los relieves neobarrocos del casino.

Acorde con las últimas tendencias, el hotel dispone detrás del vestíbulo-recepción de una zona polivalente que se aprovecha para la celebración de banquetes y convenciones de empresas, cada día más solicitados fuera del inefable periodo estival, cuando la gran afluencia de visitantes satura por completo los establecimientos turísticos de la ciudad. Conviene informarse de esta circunstancia a la hora de efectuar una reserva, no vaya a ser que el ajetreo de un evento de grandes magnitudes perturbe la estancia a quienes creían haber encontrado, entre la arboleda del Sardinero, un lugar para descansar.

ALREDEDORES

PUERTA CON puerta, el hotel se mira y compara en su prístina blancura con el edificio del casino, frente a otro clásico de la hostelería montañesa, el Sardinero, y la playa de su mismo nombre. Cuesta arriba se localiza la iglesia de San Roque, centro de la zona residencial más elegante de la ciudad. De nuevo junto al mar, las avenidas de la Reina Victoria y Castañeda configuran un delicioso paseo marítimo jalonado de tamarindos, entre el cabo Mayor y la península de la Magdalena, demediado por los jardines de Piquío. Un mirador sin igual de los crepúsculos santanderinos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2002

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