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La Alianza cede la presidencia para controlar el Gobierno

Las facciones afganas aceptan el despliegue de una fuerza internacional de la ONU

La negociación sobre el reparto del poder en Afganistán entraron ayer de lleno en la elección de un presidente para el Gobierno provisional y la distribución de las carteras entre las cuatro facciones reunidas en Bonn. Según el borrador de acuerdo presentado por la ONU, aceptado anoche por todos los delegados, el Gabinete que gobernará durante los próximos seis meses tendrá 29 integrantes, entre ellos un presidente y cinco vicepresidentes, puestos que serán repartidos a partir de hoy.

Se desconoce aún cuál será el papel en la transición del máximo líder de la Alianza del Norte, Burhanudin Rabbani, todavía reconocido como presidente de Afganistán por la ONU. Lo que sí parece claro es que a cambio de ceder el puesto de primer ministro a otro grupo, la Alianza conservará los puestos clave en el Gabinete. Abdulá Abdulá, Yunus Qanuni y el general Mohamed Fahim, todos ellos tayikos del valle del Panshir, seguirán al frente de los departamentos de Exteriores, Interior y Defensa. Los tres tienen alrededor de 40 años y mantienen serias discrepancias con Rabbani, que ha intentado en varias ocasiones socavar las negociaciones de Bonn para mantenerse en el poder.

Pero después de una semana de intensos debates en el lujoso hotel de Petesberg, en las afueras de la antigua capital alemana, la conferencia interafgana parecía anoche aproximarse a su final, con la aceptación general del preacuerdo. Según Ahmad Fawzi, portavoz de la ONU, los delegados deben hoy asignar los distintos puestos del Gobierno provisional, informa France Press. El texto también incluye el acuerdo para un despliegue de una fuerza internacional de la ONU en Kabul y sus alrededores, aunque su presencia podría extenderse después a otros territorios.

Entre los delegados y observadores internacionales que asisten a la reunión se barajaban los nombres de cuatro candidatos para el puesto de presidente del Gobierno provisional. Ninguno de ellos pertenece a la Alianza del Norte, la coalición de tayikos, uzbekos y hazaras que ejerce el poder en Kabul tras conquistar buena parte de Afganistán con el apoyo militar de Estados Unidos. Todo indica, sin embargo, que la Alianza conservará las carteras clave del Gabinete.

De los cuatro aspirantes a jefe de Gobierno uno es uzbeko y los otros tres pertenecen a la etnia pastún, la más numerosa de Afganistán y a la que pertenecen la mayoría de los talibanes. La ONU pretende que el reparto de carteras tenga en cuenta la diversidad étnica y la importancia de que la mujer participe en la política.

Los aspirantes a jefe del Gobierno provisional son: Pir Sayed Ahmad Gailani, un líder espiritual pastún; el ex presidente afgano Sibghatulá Mojaddedi, y con más posibiliddes de obtener el puesto:

- Hamid Karzai, un líder pastún que actualmente combate a los talibanes en la zona de Kandahar. Jefe de la tribu popolzai, fue viceministro en el Gobierno muyahidin entre 1992 y 1996. El asesinato de su padre, el año pasado en Peshawar (Pakistán), no hizo más que aumentar su odio por los talibanes, sospechosos del atentado. En octubre, tras el comienzo de los bombardeos estadounidenses, regresó a Afganistán para participar en el asedio a Kandahar.

- Addul Satar Sirat, de etnia uzbeca, ex ministro y asesor del ex rey Mohamed Zahir Shah, es experto en estudios islámicos. Encabeza la delegación del Grupo de Roma, que aglutina a los partidarios del antiguo monarca. Si el sábado parecía que Sirat sería el jefe del Gobierno provisional, ayer todos apuntaban a Karzai, dijo una diplomática italiana que participa en la negociación.

El borrador propuesto por la ONU establece la creación de una comisión independiente de 21 personas para convocar, en el plazo de seis meses, una loya jirga (asamblea de notables tribales), que estará presidida por el ex rey. La loya jirga elegirá un jefe de Estado y un Gobierno de transición que ejercerán el poder 18 meses, hasta que se convoquen elecciones libres. La ONU propone restaurar la Constitución de 1964, la más liberal en la historia de Afganistán, hasta que se redacte una nueva, y que se cree un Tribunal Supremo como embrión del futuro sistema judicial.

Los delegados deberán terminar su trabajo antes del fin de semana porque, entre otras razones, el próximo viernes comienza en Petesberg, escenario de la conferencia, un congreso de dentistas.

Garantizar la seguridad y el desarme de las milicias

La ONU considera imprescindible garantizar la seguridad antes de que comience la transición política y la reconstrucción del país con la ayuda financiera de la comunidad internacional. El trabajo será especialmente difícil en un país donde la mitad de la población masculina lleva un fusil al hombro y donde campan a sus anchas grupos armados incontrolados.

Con el objetivo de despejar el terreno, la ONU ha propuesto a las facciones afganas en Bonn (aceptada ayer, aunque sin especificar su composición) que acepten el despliegue de una fuerza internacional y el desarme de los combatientes que permanecen en la capital y sus alrededores.

La ONU quiere que los afganos se comprometan a retirar todas sus unidades armadas allí donde se desplieguen fuerzas multinacionales, y que colaboren con ellas en las operaciones de desarme voluntario de ex combatientes. El desarme afectará principalmente a los milicianos de la Alianza del Norte, que controla Kabul y buena parte del país. Tras oponerse al envío de soldados extranjeros, la coalición que encabeza Burhanudin Rabbani parece ahora dispuesta a aceptar los planes de la ONU.

El borrador de acuerdo presentado por Naciones Unidas en Bonn también establece que las partes deben comprometerse a no conceder una amnistía a quienes hayan cometido crímenes de guerra o graves violaciones de los derechos humanos. Según un observador europeo de las conversaciones, la Alianza del Norte se niega a aceptar el compromiso, temerosa de que alguno de sus comandantes sea procesado por atrocidades como las cometidas en el motín de Mazar-i-Sharif. Con el objetivo de despejar el terreno, Naciones Unidas ha propuesto a las facciones afganas reunidas en Bonn que acepten el despliegue de una fuerza internacional, así como el desarme de todos los combatientes que permanecen en la capital y sus alrededores. La ONU quiere que los afganos se comprometan a retirar todas sus unidades armadas allí donde se desplieguen fuerzas multinacionales, y que colaboren con ellas en las operaciones de desarme voluntario de ex combatientes. El desarme afectará principalmente a los milicianos de la Alianza del Norte, que controla Kabul y buena parte del país. Tras oponerse al envío de soldados extranjeros a Afganistán, la coalición que encabeza Burhanudin Rabbani parece ahora dispuesta a aceptar los planes de la ONU. El borrador de acuerdo presentado por Naciones Unidas en Bonn también establece que las partes deben comprometerse a no conceder una amnistía a quienes hayan cometido crímenes de guerra o graves violaciones de los derechos humanos. Según un observador europeo de las conversaciones, la Alianza del Norte se niega a aceptar el compromiso, temerosa de que alguno de sus comandantes sea procesado por atrocidades como las cometidas en el motín de Mazar-i-Sharif.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de diciembre de 2001

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