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Reportaje:Futuro

Rumbo incierto de la astronomía española

La Administración ignora a la asociación profesional, que incluye al 80% de los especialistas

Un puñado de astrónomos españoles se codea de igual a igual con los líderes de la astronomía mundial; ellos obtienen horas de observación en los mejores telescopios del mundo gracias a la calidad de sus proyectos y dan a conocer sus descubrimientos en las revistas científicas más importantes. Como ejemplo, cabe recordar dos hallazgos publicados muy recientemente en la prestigiosa revista Nature (una burbuja de vapor de agua descubierta en torno a una estrella en formación y un planeta que ha caído en un astro) realizados por equipos liderados, respectivamente, por José María Torrelles y Rafael Rebolo. Otra muestra: Torrelles y otro español, Carlos Eiroa, han presidido hace pocas semanas dos sesiones de un congreso del Observatorio Europeo Austral (ESO), aunque España no está en esa organización.

¿Realmente se ha colocado España entre las potencias astronómicas mundiales? Varios astrónomos sí, casi todos ellos científicos que se han formado en equipos muy competitivos internacionales, que han pasado varios años trabajando en EE UU, en Alemania o en el Reino Unido y que, al regresar a España, realizan investigaciones de altísimo nivel. Sin embargo, coincide la mayoría de ellos, la astronomía española carece de una estrategia clara, sufre serios problemas de coordinación y gestión e, incluso, apuntan algunos, corre riesgo de estancamiento. Por si fuera poco, atraviesa un momento clave, pendiente de terminar el nuevo Gran Telescopio de Canarias (GTC) y esta al margen de ESO y de la proyección hacia el futuro que esta organización europea conlleva.

'Lo fundamental es aprender a trabajar junto a los mejores, y trabajar duro', dice Antxón Alberdi, 37 años, del Insituto de Astrofísica de Andalucía y especialista en observaciones con telescopios combinados para estudiar fenómenos como núcleos activos de galaxias o explosiones de supernovas. Él arrancó en Zaragoza, atraído, recuerda, por el tirón de un científico, Jon Marcaide, que entonces regresaba a España 'con ambición, garra, un excelente currículo y un trabajo muy competitivo a nivel internacional'. Alberdi se fue a Alemania primero y a EEUU despúes para prepararse.

La punta de lanza

Luis Colina estuvo 14 años en Alemania, en Holanda y en EE UU (seis de ellos en el Instituto Científico del Telescopio Hubble). Ahora, a los 41 años, es investigador del CSIC y trabaja en el Instituto de Física de Cantabria (Ifca). ¿Cómo se coloca uno en la primera fila de la astronomía mundial? 'Con muchísimo esfuerzo, muchísimo trabajo, participando y estando en los institutos que tienen más empuje, los que realmente llevan la iniciativa y son la punta de lanza en la investigación', dice. La trayectoria de casi todos los astrónomos de alto nivel es parecida a la de Alberdi y Colina.

Y cuando regresan a España para proseguir su trabajo, ¿qué se encuentran? Nadie niega que la astronomía española ha dado un salto cuantitativo y cualitativo en los últimos 10 o 15 años, en gran medida gracias a las oportunidades abiertas por los observatorios internacionales instalados en la península y en Canarias aprovechando las buenas condiciones geográficas.

Aún así, no es momento de autocomplacencia, señalan los científicos; además, la comunidad de astronomía española todavía es raquítica respecto a los países con investigación consolidada. La falta de contratos para jóvenes científicos, la dificultad de establecer y mantener grupos de investigación, es un problema grave que la astronomía comparte con otras áreas científicas en España, reconocen los astrónomos.

Pero hay dificultades muy específicas de este área. 'No hay un diseño global de gestión de la astronomía, teniendo en cuenta, además, las instalaciones que ya tenemos y las que deberíamos tener', comenta Xavier Barcons, del Ifca. 'Se echa en falta una coordinación, a veces da la sensación de que estamos aquí a ver quién corre más y quién mete su proyecto antes', continúa.

Y si la mayoría identifica la astronomía con los observatorios terrestres ópticos, infrarrojos y de radio, Barcons, de 41 años, que trabaja en la banda de rayos X en sus proyectos de cosmología y de fenómenos extragalácticos, recuerda: 'La desintonía es total en el caso del espacio, y muchos utilizamos recursos espaciales para hacer astrofísica'.

Los científicos se ocupan de sus investigaciones, forman colaboraciones internacionales y sufren los laberintos burocráticos de los programas. Pero muchos se quejan de que nadie les consulta cuando se toman decisiones acerca, por ejemplo, de qué instalaciones poner en marcha o en qué proyectos internacionales participar, y no se sienten informados de las decisiones que se toman, pese a que ellos, como expertos, tienen conocimientos que aportar y necesidades que deberían tenerse en cuenta.

'En los países con una astronomía consolidada, todas las grandes discusiones que se plantean acerca de hacia dónde se debe ir suelen hacerse en foros profesionales bien establecidos', comenta Torrelles, 47 años, experto en procesos de formación estelar y observaciones con radiotelescopios.

Desinformados

En España la única instancia de coordinación es la Comisión Nacional de Astronomía, un órgano asesor del Gobierno de cuyas decisiones, composición, reuniones, actas o informes, la mayoría de los científicos se declara rotundamente desinformada y al margen. 'Jamás se nos ha consultado ni informado, si te enteras de algo es porque conoces a alguien que está en la comisión', dice Barcons. 'Hay una desconexión total entre los científicos y la gente que toma decisiones', puntualiza Torrelles.

Entre las cuestiones candentes de la astronomía española, la más popular es la entrada de España en ESO, el único de los siete grandes organismos de investigación europeos del que está ausente. El pasado 20 de abril, el Secretario de Estado de Política Científica y Tecnológica, Ramón Marimón, celebró una reunión a la cual había convocado a un grupo de personas, sobre todo directores de institutos y miembros de la comisión nacional, para discutir la conveniencia de entrar en ESO (supone una cuota de ingreso de 8.000 u 8.500 millones de pesetas) y en qué condiciones. 'No tengo ni idea de que se esté tratando este tema, ni de que se piense negociar ni en qué términos', dice Barcons.

Rebolo, del Instituto de Astrofísica de Canarias, señala cuáles son, a su juicio, los problemas de gestión: 'Tener cauces para incorporar al personal más válido que hemos formado, atraer a buenos tecnólogos y reducir la carga burocrática que va asociada a los proyectos'. En cuanto al debate y la toma de decisiones, Rebolo, de 39 años, que fue uno de los convocados por Marimón a la reunión del 20 de abril, considera que sí hay cauces para debatir y 'para elevar informes a las autoridades' y sostiene que la Comisión Nacional de Astronomía y la Sociedad Española de Astronomía (SEA), 'son, en principio, cauces suficientes'.

La SEA agrupa al 80% de los aproximadamente 300 astrónomos que hay en España (unos 200 de ellos doctores), según indica su presidente, Eduard Salvador, de la Universidad de Barcelona. 'Hay temas importantísimos para el futuro de la astronomía española que está tratando la Administración y nunca se nos ha pedido opinión', se queja. 'Cuando hay reuniones para tratar esos temas, se invita a personas que se cree que son importantes, pero que no son significativas en la astronomía española, y no se invita a la SEA'. No fue invitada a la reunión del 20 de abril ni informada de lo tratado.

Foro profesional

Tampoco está la SEA representada en la Comisión Nacional de Astronomía y algunos científicos recuerdan que en países como el Reino Unido, los grandes debates estratégicos sobre el desarrollo de la astronomía se abordan en instituciones como la Royal Astronomical Society, un excelente foro profesional. Torrelles (Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña) puntualiza: 'En EE UU he aprendido que es importantísimo hablar en voz alta de los problemas comunes, discutir cuáles deben ser las apuestas para el futuro y que las autoridades escuchen a todos'.

Salvador destaca que al ser la SEA un foro 'de todos' puede canalizar opiniones colectivas por encima de los intereses, legítimos, de cada institución que se defienden en instancias de representación por institutos. 'Después de 20 años en que la astronomía ha evolucionado, siguen existiendo unos cuantos personajes que son a los que consultan los ministros, y esas personas funcionan al margen de la comunidad científica', dice Torrelles. 'Además, se crean intereses locales, y funciona todo de manera que 'yo no me meto en lo tuyo para que tu no te metas en lo mío' y el que sale perdiendo es el astrónomo'.

Cuando hay recursos limitados y varias opciones, la información, el debate y la transparencia son esenciales para el proceso de toma de decisiones, puntualizan los científicos. Se ha dado el caso, por ejemplo, de que la propuesta a la Administración de una participación debatida y consensuada en un proyecto encuentre como respuesta un 'pero si ya teneis esa otra instalación', cuando a lo mejor esa otra instalación responde a la iniciativa de una institución por su cuenta y riesgo.

Cómo elegir y compaginar programas, cómo optimizar los grupos de trabajo, cómo definir las necesidades de instalaciones, o cómo abordar mejor los acuerdos internacionales, son cuestiones en las que los científicos consideran que deben ser escuchados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2001