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Reportaje:

La 'resurrección' de Javier Otxoa

Tras dos meses en coma, el ciclista inicia ejercicios de rehabilitación

Lejos todavía de las cunetas pobladas de aficionados, Javier Otxoa volvió ayer a ser ciclista. Dos señoras que comparten sus primeros ejercicios de rehabilitación en el hospital vizcaíno de Cruces reconocieron al vencedor de la etapa de Hautacam del último Tour y fueron incapaces de reprimir una fórmula de ánimo que Javier no escuchaba desde hace meses: 'Aupa Otxoa, que eres el mejor', le espetaron. Testigo de la escena, Andoni, el hermano mayor de Javier, sufrió un escalofrío; el interesado clavó su mirada en sus compañeras de gimnasio sin hacer comentario alguno.

'Imposible saber qué habrá sentido, porque combina momentos de lucidez con otros de ausencia', explica Andoni. La mejoría de Javier Otxoa sigue constituyendo para los médicos una carrera contra la lógica. El mismo accidente que segó la vida de Ricardo Otxoa, gemelo de Javier, sumió a éste en un coma profundo causado por una importante lesión cerebral complicada además por múltiples fracturas en todo el cuerpo y la perforación de un pulmón recuperado de forma inopinada. Durante aquellos días de incertidumbre y aconsejado por el pesimismo de los médicos, Andoni llegó a acercarse hasta el cementerio de Barakaldo, donde reposan los restos de Ricardo en un nicho. Reservó el hueco ubicado justo encima de Ricardo. 'Llegué a estar convencido de que se moría, pero ahora estoy seguro de que un día podré bromear sobre este episodio con Javier', reconoce Andoni con alivio. Desde el miércoles pasado, Javier se ha encomendado a las manos de Iñaki, un fisioterapeuta ciego empeñado en recuperar los músculos atrofiados de Javier, que ahora pesa apenas 50 kilos, 16 menos que el día que fue atropellado por el director de deportes de la Universidad de Málaga.

Su hermano Andoni llegó a reservar un nicho junto a Ricardo, su gemelo fallecido en el mismo accidente

A Javier no le cuesta hablar, pero le cansa. Por eso empezó comunicándose con ayuda de una pizarra. Reconoce a familiares y amigos, se ríe con ellos e incluso se enfada. Su madre suele pagar estos saltos de humor, aunque como dice Andoni, 'que llame pesada a mi madre es el mejor signo de su recuperación. La quiere mucho, pero antes del accidente también le molestaba su insistencia'. Esta mejoría tiene múltiples manifestaciones; también notables decepciones. Javier se interesa por el motociclista italiano Valentino Rossi, al que conoció poco antes de tomar la salida en una etapa del Giro. Ese día se intercambiaron las gorras firmadas. En cambio, no quiere oír hablar de ciclismo, de los éxitos de su equipo, el Kelme. Simplemente gira la cabeza y fija su mirada en el canal de documentales al que se ha enganchado, una costumbre que le viene de lejos, cuando tumbado en la cama junto a su hermano Ricardo descansaba frente a la pantalla tras el entrenamiento diario.

El día a día resulta laborioso para la familia Otxoa. También para la novia de Javier, Isabel, que ya ha decidido abandonar su trabajo en Málaga para trasladarse a vivir a Bilbao. Un calendario en la pared permite a Javier recuperar la noción del tiempo, y esto mismo le ha servido para aprender el día de su cumpleaños (nació el 30 de agosto de 1974). El recuerdo de Ricardo continúa difuso. Javier no sabe que su hermano murió, y mientras estudian la mejor manera de comunicárselo, le impiden leer periódicos y sólo ojea revistas de motociclismo. 'El psiquiatra del hospital nos ha dicho que no volverá a ser el mismo, pero también nos dijeron que moriría y después que nunca saldría del coma, así que ya sólo creo en lo que veo, y estoy seguro de que volverá a montar en bicicleta, aunque no a competir', se convence Andoni, que no entiende como el conductor que arrolló a sus hermanos sigue 'representando al deporte de Málaga'.

'Quiero mimos', dice Javier, con una sonrisa picarona. La semana que viene será trasladado al centro de rehabilitación Aita Menni (Mondragón) y poco más tarde su hermano le mimará con un cachorro de Terrier, un capricho antiguo que Javier siempre quiso bautizar con el nombre de Hautacam.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2001