Reportaje:(VITORIA) | NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

La nave simbólica de Carvajal

Como una nave en la que todo fiel tiene que embarcarse como muestra de su fe, así diseñaron Javier Carvajal y José María García de Paredes la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Vitoria. Considerada una de las más atractivas muestras de arquitectura contemporánea en la capital alavesa, la iglesia une a su calidad arquitectónica una serie de connotaciones simbólicas que muchas veces pasan inadvertidas a los visitantes.

El diseño del templo se tuvo que remitir a la parcela con la que contaba el Obispado de Vitoria. Y esta geometría triangular condicionó también la solución de la cubierta. Pero Javier Carvajal (Barcelona, 1926) también ha optado en construcciones religiosas posteriores por esa planta en forma de triángulo, que colabora en la orientación de la asamblea hacia el púlpito, como las capillas de la Sagrada Familia en Puerta de Hierro (Madrid) y la de la Universidad de Comillas, en Canto Blanco (Madrid).

Frente a estas dos últimas, más elitistas, Santa María de los Ángeles es una iglesia de barrio obrero. Aunque hoy está en el centro de la ciudad, cuando se construyó parte de sus alrededores eran todavía huertas y la mayoría de los feligreses eran inmigrantes que trataban de integrarse en la nueva Vitoria. De este modo, Carvajal dejó a la vista las vigas de hierro en un homenaje a Forjas Alavesas, una de las empresas punteras de la provincia. Y al mismo tiempo utilizó el ladrillo para vincular a la parroquia con las viviendas del barrio, recién construidas con el fin de albergar a los trabajadores que llegaron a Vitoria en el decenio de los cincuenta.

El resto de los materiales, repartidos con sobriedad, son la pizarra de la cubierta, el hormigón, que recorre en una franja todo el templo, la madera que recubre los muros en su parte superior, y el cristal de vidrieras y ventanales. La relación que establece Carvajal entre estos últimos y la cubierta es lo que verdaderamente sorprende al visitante, que disfruta con el juego de engaños y apariencias con las que surge una luz que no se sabe de dónde viene cuando se mira hacia el altar desde el centro de la iglesia. Esta iluminación homogénea se consigue gracias al 'doble mecanismo de la luz indirecta y la reflejada, mediante el especial dibujo de las cerchas de la cubierta', tal y como explica Javier Mozas en su Guía de Arquitectura de Vitoria.

Y es que la cubierta se presenta como media barca invertida, encajada en una estructura similar, con los ventanales en transición. Las dos estructuras miran al mismo punto: la zona donde se encuentra el altar, desde la que el oficiante desarrolla la ceremonia y predica a la asamblea.

A la hora de estudiar esta disposición, hay que tener en cuenta que Carvajal y García Paredes diseñaron el templo en 1957, en tiempos de cambio, pero todavía preconciliares.

Esto queda de manifiesto en la memoria del proyecto, cuando los autores señalan que 'la Casa de Dios no debe ser una parte más de una fachada de la calle'. 'Es preciso', dicen 'que su especial significación se ponga de manifiesto desde el primer momento, creándose un volumen peculiar, acusándose su masa independientemente de las viviendas colindantes'.

A pesar de esta rebuscada descripción, característica de los arquitectos, el asunto estaba claro. Pero, el espíritu del Concilio Vaticano II estaba al caer, y ya se dejaba notar en algunas cuestiones, como la apuesta por la austeridad tanto en la construcción (el templo no sobresale de las casas colindantes) como en la decoración y distribución interiores.

Como señala el propio arquitecto, 'este planteamiento estético lleva subsidiario el planteamiento moral de lograr con los menores gastos posibles un conjunto expresivo de nuestro momento católico'.

Por otra parte, hay que reseñar la delimitación de dos espacios diferenciados dentro de la iglesia. Además de la nave central, dedicada a la asamblea, Carvajal diseñó en paralelo una zona dedicada a la iniciación sacramental.

Es aquí donde se observa la mayor apuesta por lo simbólico. Se accede a la pila bautismal, para proseguir por el espacio de la penitencia y concluir en la eucaristía. Siguiendo estos criterios, estos espacios no están integrados en la nave figurada que es la zona principal del templo, a la que accederían aquellos que han recibido los sacramentos necesarios para ser un cristiano más.

Después de pasar por la zona de bautismo, se accede al apartado de la confesión para acabar en una segunda capilla, dedicada a la eucaristía. Las vidrieras que recorren todo este espacio, juegan con los colores azul, morado y rojo, que van progresando en intensidad según pasan de la zona del bautismo a la de la eucaristía.

Y en cuanto a la imaginería, siguiendo esa austeridad dominante en todo el proyecto, sólo destaca la escultura de la Virgen de García Donaire que domina el templo desde el ángulo donde se encuentra el altar.

Dependencias parroquiales

El buen momento católico al que hacía referencia Carvajal en su memoria queda reflejado en el resto del complejo de edificaciones de Nuestra Señora de los Ángeles. Ahí están los seis pisos de la casa parroquial o el curioso campanario de 42 metros, especie de espadaña adosada a unas viviendas contiguas.

Aquellos fueron los últimos años de esplendor. Aunque proyectada con austeridad y sin grandes volúmenes, el mantenimiento de estas edificaciones 40 años después de su construcción, es sumamente costoso para los Dominicos que atienden la parroquia. Así se desprende de una visita por el interior de este complejo, que se mantiene gracias al trabajo y la imaginación de sus usuarios. Pese a todo, el templo mantiene la fuerza y la belleza que le sitúan entre las mejores construcciones católicas del siglo XX en el País Vasco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0004, 04 de mayo de 2001.