Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

De Pyongyang a Disney

La visita a Corea del Norte de una alta delegación de la Unión Europea ha servido para que el régimen de Kim Jong Il ofrezca un ramo de olivo a EE UU en forma de prolongación hasta 2003 de su moratoria sobre las pruebas de misiles, declarada tras sorprender al mundo en 1998 con el lanzamiento por encima de Japón de un cohete balístico. El presidente Bush ha endurecido la actitud hacia Pyongyang, suspendiendo el incipiente acercamiento de Clinton, mientras EE UU revisa a fondo su política hacia un país al que mantiene en su lista negra de patrocinadores del terrorismo planetario.

El motivo fundamental alegado por la Casa Blanca es que la dictadura norcoreana sigue sin ser fiable. Los hechos han venido anecdóticamente a corroborarlo con la detención del hijo mayor de Kim Jong Il cuando intentaba entrar en Japón con pasaporte falso. El sarcasmo superlativo de la situación -y recordatorio de que el aislado régimen comunista sigue funcionando bajo normas singulares- es que Kim Jong Nam, heredero aparente del supremo norcoreano y alto cargo de la policía política de su país, explicó que pretendía visitar con su familia... la Disneylandia nipona. Tokio, rápido de reflejos, ha deportado a Pekín al incómodo visitante.

Corea del Norte debe elegir entre abrirse al mundo, con sus inevitables consecuencias de suavización interna, o desplomarse definitivamente bajo el peso del atraso y las insoportables condiciones de vida en un país donde la expresión 'derechos humanos' carece de significado. Pese al ínfimo papel que Europa desempeña en aquella parte del mundo, política y militarmente bajo el ojo estadounidense, el encuentro comunitario con el presidente norcoreano merece ser resaltado en su doble oferta de apoyo a las estancadas conversaciones de reconciliación con Corea del Sur y de ayuda internacional, siempre que el líder comunista se muestre más cooperativo y respetuoso con sus súbditos.

Dado que, pese a todo, Corea del Norte es una potencia militar regional que coquetea con el poder atómico y es capaz de lanzar misiles a larga distancia, el mensaje de la UE resulta más positivo que la dureza mostrada por Bush. Los norcoreanos han hecho en los últimos tiempos algunos sorprendentes gestos sociables. Y la entrevista entre Kim Jong Il y sus interlocutores europeos sugiere que quizá Washington obtendría más explorando la vía Disneylandia, vale decir reanudando su cautelosa aproximación a Pyongyang, que demonizando a un sistema desesperado que tiene poco que perder.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2001