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Editorial:

El juez y el abogado

Sin entrar en juicios de intenciones sobre los motivos del juez Guillermo Ruiz Polanco para poner en libertad al abogado Pablo Vioque, detenido por la policía en una operación de decomiso de 1.800 kilos de cocaína colombiana, salta a la vista que procedió con ligereza inexplicable y en contra de la más elemental prudencia. Hay que celebrar, en todo caso, la rapidez con que el Consejo General del Poder Judicial ha decidido investigar lo sucedido. La independencia judicial no puede servir de coartada para que un juez haga de su capa un sayo y actúe con criterios rayanos en la frivolidad en asuntos tan serios como el narcotráfico.

Desde el punto de vista de la justicia, las aguas han vuelto a su cauce al rectificar la decisión de Ruiz Polanco otro juez, Carlos Dívar, que desde sus inicios dirigió la operación que culminó con la detención de Vioque y de otros nueve implicados. Pero queda la desalentadora sensación de que algunos jueces de la Audiencia Nacional aprovechan las guardias o las recusaciones para ponerse zancadillas. Ruiz Polanco estaba de guardia cuando la policía detuvo al abogado Vioque. ¿No habría sido más prudente abstenerse de tomar decisión alguna y mantener la detención del abogado unas horas más, dentro del plazo de las 72 legales? El juez de guardia está para solventar los casos del día, algo que difícilmente concurre en asuntos previamente sometidos a diligencias judiciales.

Ruiz Polanco ha señalado en su defensa, en un programa de radio, que 'a la gente no se la mete en la cárcel porque sí'. Por supuesto que la prisión preventiva exige indicios delictivos sólidos. Pero tampoco puede quedar en libertad porque sí un detenido por delito grave si se presume que existen pruebas de su implicación. Ruiz Polanco reconoció ayer que su colega Carlos Dívar 'podía tener otras pruebas que yo no tenía'. Si lo presumía, ¿por qué se apresuró en tomar una decisión que podría adoptar con más fundamento el juez que investiga el caso y que ordenó la detención de Vioque? El asunto no puede solventarse arguyendo que cada uno actuó en el marco de sus competencias y que sus resoluciones son complementarias. El Consejo General del Poder Judicial debe aclarar por qué Ruiz Polanco se dio tanta prisa en poner en libertad -arriesgando la destrucción de pruebas- a un abogado sospechoso de mantener con el narcotráfico unas relaciones que van más allá del derecho de defensa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2001