Reportaje:

'Nosotros podemos resistir, pero los niños no'

'Por favor, ayúdennos; no tenemos comida, ni dinero, ni casa. Nosotros podemos resistir, pero los niños no', implora Rahima, una viuda afgana de 55 años. 'Llegamos hace cinco meses, en Ramadán, y nos instalamos aquí pensando que sería por unos días... Ni siquiera pudimos celebrar el Eid ', relata mientras las lágrimas inundan sus ojos.

La casa de Rahima, como la de muchos de sus vecinos, fue pasto de las llamas en un ataque de las fuerzas talibán. Rahima perdió a su marido y a varios parientes. Ella, un hijo, su nuera y cinco nietos emprendieron la huida para evitar la leva obligatoria del único varón adulto que quedaba en la familia. Andando primero, en autobús después, hasta llegar a esta tienda de plástico que comparten con otras nueve personas. Aquí, sin la mínima higiene, ha nacido su último nieto hace dos meses. Acostumbrados a las temperaturas fresquitas de las montañas del norte de Afganistán, el calor sofocante de la localidad fronteriza paquistaní de Peshawar les ahoga. Los niños se ponen enfermos.

Un total de 800.000 afganos han huido de sus casas desde el pasado septiembre, 300.000 de ellos han llegado a Pakistán, donde se hacinan en campamentos que asustan a los trabajadores humanitarios curtidos en los Balcanes y los Grandes Lagos. 'Es lo peor que hemos visto', coinciden varias fuentes.

En Nuevo Jalozai, un campamento de tránsito que las autoridades paquistaníes quieren cerrar antes de junio, 70.000 personas como Rahima sobreviven bajo trozos de plástico en dos kilómetros cuadrados. Comparten 835 letrinas, pero en abril apenas superaban el medio millar. No hay baños ni lavabos. Diversas ONG en colaboración con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) les proporcionan ocho litros de agua por persona y día. El objetivo, llegar a 15.

La ONU no puede hacer más. De los 250 millones de dólares (unos 47.000 millones de pesetas) de su petición anual para Afganistán sólo ha recibido un 15%. La situación es tan vergonzante que las autoridades paquistaníes impidieron la visita a Jalozai del secretario general de la ONU, Kofi Annan, durante su viaje del pasado marzo. Y lo peor está por llegar. Con las fuerzas del régimen talibán enfrentándose de nuevo a la Alianza del Norte en las cercanías de Dara-e-Shahidan, a 25 kilómetros al oeste de Bamiyán, y la amenaza del hambre a causa de la sequía, las agencias humanitarias de la ONU y numerosas ONG empiezan a alertar de la catástrofe que se avecina.

'No soy optimista', reconoció anoche en Peshawar el alto comisionado de la ONU para los refugiados, Ruud Lubbers, recién llegado de Afganistán. Lubbers, cuya propuesta de alto el fuego ha sido rechazada por el régimen de los talibán, acusó a los países vecinos de 'animar al comandante del norte en la actual ofensiva contra los talibán'. Afganistán sólo 'se salvará cuando sus mujeres vuelvan a estar presentes en la vida del país', dijo.

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'Sé que durante los tres días y medio que he pasado en Afganistán, tratando de lograr un alto el fuego para facilitar la asistencia humanitaria, había gente reunida discutiendo la ayuda que van a dar a la Alianza del Norte', constató el alto comisionado, en referencia a la alianza de milicias que lidera Masud. 'Esos países están disparando a sus propios pies, ya que nos enfrentamos al mayor problema de refugiados en el mundo: hay 3,5 millones de afganos registrados como tales y medio millón de desplazados internos'.

El ex primer ministro holandés,de 61 años, que realiza su primera visita a la región tras haber relevado a Sadako Ogata el pasado 1 de enero, no quiso mencionar por sus nombres a los países responsables de la nueva ofensiva, 'porque todos lo niegan', pero aseguró que 'es público y notorio quién les facilita armas y dinero'.

Desde la toma de Kabul por los talibán en 1996, los diversos grupos guerrilleros que lucharon contra el invasor soviético, y entre ellos mismos, se han aliado frente al régimen que hoy controla al menos un 90% del país. La resolución 1.333 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en diciembre, sólo prohíbe la venta de armas al régimen talibán. 'Que el embargo no alcance a todas las partes en conflicto constituye una incitación a la guerra', coinciden en señalar fuentes diplomáticas y humanitarias sobre el terreno. Impresionado por la pobreza que ha visto, Lubbers quiso, no obstante, transmitir un mensaje de optimismo. 'Afganistán se salvará cuando sus mujeres vuelvan a estar presentes en la vida del país, y lo estarán, porque están luchando por ellas y por sus hijas'.

Un grupo de desplazados espera en la ciudad afgana de Herat su traslado al campo de Maslaqh el pasado martes.
Un grupo de desplazados espera en la ciudad afgana de Herat su traslado al campo de Maslaqh el pasado martes.REUTERS

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 04 de mayo de 2001.

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