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Reportaje:

El malestar docente

Más 60% de los profesores sufre agotamiento físico y el 17% desea abandonar la docencia

Cada vez hay más profesores que se queman, que sufren y que tienen miedo a entrar en clase. El nivel de estrés y malestar docente en la educación secundaria obligatoria aumenta cada curso. No se trata de un problema psicológico o una cuestión personal de más o menos aguante, sino de un problema social que afecta a la totalidad del profesorado y que viene dado por múltiples factores, pero especialmente por la enorme rapidez de un cambio social que impide sincronizar las soluciones con los problemas.

Los profesores, psicólogos, pedagogos y representantes políticos que participaron en unas jornadas sobre salud y grado de satisfacción del profesorado, organizadas recientemente por el Colegio de Psicólogos de Cataluña, coincidieron en el diagnóstico. Una de las causas que ha contribuido a esta situación es que la sociedad ha cambiado, pero no se ha modificado la formación que recibe el profesorado. Se le enseña a trabajar en un sistema educativo que ya no existe. 'Nos vemos obligados a repetir esquemas, a veces con sentimiento de culpa, que han quedado caducos', explica José Manuel Esteve, profesor de la Universidad de Málaga y autor de diversos libros sobre docencia. Joan Boada, diputado de IC-Verdes, coincide: 'Tenemos un modelo obsoleto que ya no se corresponde con la sociedad actual'.

Caída del prestigio

'Las cosas han cambiado mucho. Ahora se llama a un padre para pedir permiso para darle un analgésico a su hijo', explica Josep Bargallo, diputado de ERC. Ocurre, además, que cada vez se le está exigiendo más al sistema educativo. La propia familia delega cada vez más en la escuela buena parte de su responsabilidad educativa y los conflictos sociales, que debieran dirimirse en un escenario más amplio y multidisciplinar, convergen también cada vez más en las escuelas.

Y mientras aumenta la exigencia hacia el sistema educativo, el aprecio social disminuye. El 66,2% de los profesores creen que en los últimos años el prestigio social de la profesión ha disminuido, según datos aportados a las XII Jornadas Nacionales del Fórum Europeo de Administradores de la Educación que se celebró en Canarias el año pasado.

En las conclusiones de estas jornadas se destacaron como principales problemas de la enseñanza, la falta de medios económicos en los centros, la falta de motivación de los estudiantes, creciente desinterés de los padres, excesivo número de alumnos por clase, falta de ilusión del profesorado y falta de atención de las administraciones.

Los docentes, sin embargo, tienen claro que la crisis no es porque el sistema educativo esté en una fase recesiva. Al contrario. Esto pasa ahora y no pasaba hace 20 años, según José Manuel Esteve, 'porque tenemos el mejor sistema educativo de la historia. En la década de1950 y 1960 el sistema educativo estaba basado en la exclusión, se optaba por la expulsión al mínimo problema. Era un sistema selectivo en el que se rechazaba a los que tenían problemas de conducta o de aprendizaje. En estos momentos el nivel de la enseñanza no para de subir, hay más recursos, más materiales, profesores más preparados, pero también hay una mayor exigencia y, sobre todo, están en clase la totalidad de los niños del país'. Y ahora una proporción cada vez mayor de niños de origen inmigrante, uno de los nuevos retos del sistema educativo, en cuya integración hay que hacer, según Carina Mejías, diputada del PP, 'un esfuerzo especial'.

Para Esteve 'la democratización de la educación ha cambiado su perspectiva social y económica'. Algunos estudios relacionan el aumento de la violencia en las aulas con la escolaridad obligatoria, pero 'la salida', dice Esteve, 'no está en volver a segregar, sino en crear estrategias diferentes'.

Estímulos

En opinión de Montserrat Duch, diputada del PSC, para afrontar la insatisfacción en las aulas 'hay que plantear un nuevo modelo de educación'. La diputada socialista propone diversas medidas para paliar el agotamiento del profesorado, como horarios más flexibles, posibilidad de hacer años sabáticos o acceso a la formación continuada. Y también propone que los centros adopten estrategias de apoyo a los docentes y les ofrezcan la colaboración de otros profesionales como psicopedagogos, bibliotecarios, informáticos, etcétera.

A pesar del alto número de bajas laborales en el profesorado, de las cuales el 25% se deben a trastornos mentales, fundamentalmente depresivos, no existe un estudio de riesgos laborales. Según Rosa Sandoval, responsable de Salud Laboral de USTEC, los problemas se centran sobre todo en la educación secundaria 'porque los profesores no llegan suficientemente preparados para afrontar determinadas situaciones'. Muchos docentes se ven abocados a situaciones de estrés porque no tienen habilidades para enfrentarse a unos alumnos que les están evaluando constantemente.

La profesión docente es ambivalente: puede ser fuente de sufrimiento, pero también de plenitud. 'Para que el trabajo en la enseñanza sea percibido como una actividad positiva', concluye José Manuel Esteve, 'el profesor ha de ganar la libertad de estar en clase, comprender con realismo los problemas del aula, ha de estar arropado por una razonable seguridad en sí mismo y disponer de destrezas sociales suficientes para deshacer los conflictos, seguro de lo que enseña y del papel social que representa'.

La cara oculta de la enseñanza

El profesor José Manuel Esteve, profesor de la Universidad de Málaga, define los diferentes escalones del malestar docente: - Desconcierto. El 91% de los profesores debutantes experimenta desconcierto e insatisfacción al encontrarse con que la enseñanza no es lo que esperaba. El problema es que en la formación inicial del profesorado se enseña psicopedagogía, pero no psicopedagogía de la adolescencia, que es lo que cualquier profesor de secundaria necesitaría para entrar en un aula. - Inhibición. El 29% de los profesores de enseñanzas medias desarrolla una serie de mecanismos de defensa, como por ejemplo la inhibición. Hacia los cuatro o cinco años de docencia uno se da cuenta de que además de tener que ser un profesor estupendo, debe sobrevivir. Y descubre que hay una serie de cuestiones en las que ha de inhibirse. Lo que ocurre es que quien se inhibe no se quema, pero existe el 6% que se autoculpabiliza por inhibirse, y esto puede desencadenar otros problemas psicológicos. - Huida. Otro escalón del malestar docente es la huida. Muchos profesores piden el traslado para huir de situaciones conflictivas. Se dan varias situaciones, desde los que huyen de una zona rural a la ciudad a los que se van de un colegio conflictivo de un barrio periférico a uno de clase media menos problemático. - Abandono. El 17% del profesorado experimenta el deseo manifiesto de abandonar la docencia. El problema es que en España no hay muchas alternativas laborales. En países como Suecia, donde sí existen alternativas, las administraciones se enfrentan ya al grave problema de falta de profesores. - Absentismos. Se utiliza como mecanismo para reducir la tensión. Existe un absentismo físico, de baja médica, y un absentismo mental. Ambos reflejan que existe un malestar, pero también que hay posibilidades de recuperación. - Agotamiento. Entre el 68% y el 90% de los profesores padece agotamiento físico permanente, que se concentra sobre todo en los finales de trimestre y final de curso. Es la antesala de la baja laboral por depresión. - Ansiedad. La ansiedad retroalimenta al estrés. El 9,4% de los profesores dice sufrir mucha tensión y ansiedad y el 43% dice sufrir bastante. El profesor que vive la enseñanza con ansiedad tiene dos tipos de problemas: los que tienen todos los demás, y los que él percibe como problemas, que a veces sólo son imaginarios. - Depreciación del yo. El 28% de los profesores se autoculpabiliza de lo que percibe como una incapacidad de la enseñanza para hacer frente a las demandas. De ellos, el 6,9% padece este proceso de forma más grave. El profesor llega a la conclusión de que el problema es él, de que es incapaz de enseñar bien. En el sistema de formación, se le ha planteado un modelo ideal y lo ha interiorizado. Cuando los docentes tienen un problema en clase piensan que no sirven, ya que no pueden ser profesores modélicos. Y el problema es que más del 90% de los modelos que se utilizan en la formación del profesorado en el actual sistema educativo son de este tipo. La frustración que ello genera es la antesala de bajas psiquiátricas. - Reacción depresiva. La ansiedad como estado permanente puede llevar a neurosis reactivas y a una depresión. El 1,26% de los profesores se encuentra en esta situación. En principio, no parece una cifra terrible, pero eso significa que, en España, 300.000 niños están en manos de una persona enferma mental con graves problemas para asumir su cometido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001

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