Refriega entre etarras y policías en el palacio de Justicia de París
El juicio contra nueve etarras, tres de ellos considerados jefes de la banda, se convirtió ayer en una refriega de 10 minutos entre los terroristas y los policías que les custodiaban en el palacio de Justicia de París. El ex jefe de los comandos ilegales de ETA, José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, y otros seis acusados mantuvieron en jaque a los gendarmes y la emprendieron a patadas con el mobiliario y el ordenador de la sala donde iban a ser juzgados entre los gritos de más un centenar de simpatizantes, que forcejearon también con los agentes. La sala tuvo que ser desalojada y la vista suspendida durante 15 minutos.
Además de Kantauri, en la vista de ayer comparecían Ángel Pikabea Ugalde, considerado responsable del armamento; y el presunto jefe militar de ETA, Ignacio Gracia Arregi, Iñaki de Rentería, de 44 años, capturado hace tres semanas en Bidart, cerca de la frontera española, pero que no pudo ser trasladado al palacio de Justicia debido a una huelga de los funcionarios de prisiones franceses. Los tres tenían que comparecer a un juicio que englobaba tres sumarios junto con otras seis personas más. Con los bancos llenos a rebosar de un público que gritaba vivas a ETA y lemas independentistas, los otros ocho acusados fueron conducidos a la sala 31 del Tribunal Correccional de París. En cuanto se les retiraron las esposas, arreció la agitación.
Comenzó la vista y, como suele ocurrir, varios de los acusados se negaron a contestar en francés y rechazaron hacerlo a través de una intérprete. Uno de ellos, Jon Mirena San Pedro Blanco, se dirigió a los jueces y les dijo "Vosotros seréis los siguientes". Otro señaló como traficante de drogas a la fiscal Irène Stoller, que estaba presente.
La ausencia de Iñaki de Rentería provocó que el presidente del tribunal, Olivier Perrusset, aplazase hasta hoy la vista de una parte del sumario y ordenó que salieran de la sala los cinco implicados en ese asunto, advirtiendo de que la vista se reanudaría después con Kantauri; su compañera sentimental, Conchita Iglesias, y Jesús Lecumberri.
Cuando los gendarmes trataron de volver a esposar a los etarras para sacarlos, cuatro de ellos la emprendieron a patadas con el mobiliario y con los gendarmes que les custodiaban. Kantauri intentó salir del sitio que tenía asignado y hubo una lucha abierta entre él y varios policías para reducirle. En medio de un inmenso griterío, algunos asistentes se subieron a los bancos y agitaron banderas proetarras, mientras otros intentaban llegar hasta los acusados. En medio de la refriega, una mesa proyectada a gran velocidad se estrelló contra un panel de cristal. Mientras los agentes trataban de expulsar al público, algunos de los simpatizantes de ETA hacían a los agentes gestos expresivos de que iban a volar.
La vista se reanudó un cuarto hora después y ya no se permitió la presencia de público.
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