El pintor de las letras flamencas El bar Central de La Puebla de Cazalla rinde tributo a la memoria de Moreno Galván

Francisco Moreno Galván (La Puebla de Cazalla, Sevilla, 1925-1999) aún era un chiquillo cuando empezó a seguir a los gitanos en los tratos que durante la feria hacían. De este modo aguardaba a que terminasen los negocios y comenzara el cante, para así poder disfrutar con la afición que llenó su vida. "Le gustaba el cante, pero veía que las letras eran siempre las mismas y le molestaba que aquel gitano o aquel aficionado no cantara otra cosa -penas y alegrías - que ya había oído a otros", relata el artista flamenco Cristino Raya. Y Moreno Galván trató de enmendar esta situación escribiendo nuevas letras flamencas. "Una persona tendrá más posibilidades de trasmitir una queja si a quien le duele es a él", agrega Raya. De este insigne morisco se ha llegado a decir que es el más importante expresionista andaluz de todos los tiempos. Lógicamente, aquella fuerte personalidad influyó en sus paisanos, y aglutinó a su alrededor a un grupo de amigos que, al abrigo del bar Central, se reunían para hablar, cantar y disfrutar una noche tras otra con la celebración del arte andaluz por antonomasia. Ese grupo vive hoy con fuerza y rinde a diario su homenaje a la memoria de Moreno Galván.

Fue en este ahora histórico lugar donde surgió la idea y se concibió el Festival de Cante Jondo de La Puebla. Allí se reunían noche tras noche Fernando el del Central, Pepe el Cacha, José Menese, Miguel Vargas, Diego Clavel, Cristino Raya, Moreno Galván y hasta algunos artístas de los pueblos cercanos que se acercaban en ocasiones a pasar un rato y disfrutar de la compañía de estos grandes aficionados. Por aquel local han desfilado nombres tan importantes para la historia del flamenco como los de Paco Laberinto, El Berza de Jerez, Farruco, Juana la del Pipa, Enrique el Cojo...

Nadie ha abordado la renovación de las letras flamencas como Moreno Galván. Nadie hasta la fecha se había atrevido a escribir una letra nueva a palos en los que hasta entonces la elección estaba marcada por la escasez. La petenera, la farruca, el garrotín, la mariana, cantes que contaban con letras hasta entonces inamovibles. De este modo, Moreno Galván revolucionó el cante y encontró en la figura de José Menese a un joven que se ajustaba a su idea de cómo había que decir el cante. Menese era un árbol joven, pero recio, al que se propuso con todas sus fuerzas alzar recto y sin torceduras.

Aquellas letras siguen siendo modernas y actuales si se las compara con las recopiladas por Demófilo y las escritas por el mismo García Lorca. El verdadero trabajo de este pintor y poeta fue el de llevar a cabo una readaptación de la temática de las letras para traerla a nuestros días. "Señor que vas a caballo / y no das los buenos días, / si el caballo cojeara / otro gallo cantaría (Tientos)". "Por dar al viento trabajo / cosía con hilo doble / las hojas secas del arbol (Soleá)". "Por darle que hablá a la gente / me pus a pescar estrellas / con una caña en la fuente (Soleá)". "La Colegiá tiene Osuna / y Morón castillo y gallo / y La Puebla por ser jembra / azúcar, canela y clavo (Bulerías)".

Moreno Galván fue, además, el pintor que mejor ha retratado el flamenco. Cante, toque y baile se reúnen en su obra de un modo único e inigualable. Silverio, La Niña de los Peines, Carmen Amaya, Fernanda, Diego del Gastor, Juan Talega, Paco Valdepeñas y otros muchos artistas sirvieron de inspiración a este Miguel Ángel del siglo XX. Aunque residió en Madrid durante algunas temporadas, donde entabló relación con Chumy Chúmez, Fernando Quiñones, Antonio Gala y José Manuel Caballero Bonald, lo que a Moreno Galván le gustaba era pasear, trabajar y convivir con su gente en La Puebla.

Todos los que le conocieron dicen de él que era una persona desprendida hasta el extremo de que todo lo que tenía o ganaba con su trabajo era puesto a disposición de sus amigos. En el bar Central guardan con honor la llama de su memoria.

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