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CARTAS AL DIRECTOR

El poder de los conductores de autobús

Si a un grupo en el que usted se encuentra le amenazan con que "hasta que el que ha cometido determinada acción no alce el brazo se impedirá al grupo continuar con el viaje", le parecerá recordar los viejos tiempos en que se sentaba ante un pupitre.Pues no hace falta que su mente se remonte tan lejos, basta con que viaje en los autobuses de la EMT. Esto mismo ocurrió en el autobús número 14, a la altura de la plaza de Cibeles, cuando un pasajero, equivocándose de parada, la solicitó y fue conminado a identificarse por el conductor, so pena de no continuar el trayecto.

Si a esto se unen la brusquedad de los frenazos, la falta de respeto a los semáforos en rojo, la invasión de otros carriles sin consideración a sus posibles ocupantes y otras maniobras penadas (¿beber cerveza en los descansos?) por el código de conducción y que, en definitiva, atentan contra la vida del pasajero, quizá debería reconsiderarse la situación laboral del conductor del autobús y controlar su labor, pues en la actualidad parece ser inmune a todo tipo de control.

Actúan como si fuesen funcionarios, con trabajo de por vida; si no lo son, lo parecen. Ya se sabe, unos crían la fama y otros cardan la lana.- Rafael de Andrés de Andrés. Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2000