El asesinato de un ex dirigente nacionalista corso bloquea el plan autonómico de Jospin
París Jean-Michel Rossi, un ex dirigente de la Cuncolta Naziunalista -hoy Cuncolta Indipendentista-, y Jean-Claude Fratacci, colaborador suyo, fueron asesinados ayer en Córcega. Ambos se encontraban en el café La Piscine de L'Ile Rousse, al norte de la isla, cuando cinco hombres entraron y les dispararon hasta 50 balas, provocándoles una muerte inmediata. Con este incidente se rompe la condición exigida por el primer ministro francés, Lionel Jospin, de una "paz civil duradera" en Córcega para seguir progresando hacia una futura autonomía de la isla.
El primer ministro Lionel Jospin había puesto "como condición" para seguir progresando en lo relativo a la autonomía corsa que existiera "una paz civil duradera" en la isla. Ayer, esa paz que venía prolongándose desde noviembre fue rota por los asesinatos de Jean-Michel Rossi, antiguo dirigente de la Cuncolta Naziunalista, y de su colaborador Jean-Claude Fratacci. La mayoría de los partidos políticos, de izquierdas y de derechas, condenaron ayer con firmeza el incidente, pero esta nueva escalada de violencia reaviva también el escepticismo sobre el proceso iniciado por Lionel Jospin de devolver la seguridad a la isla.
Rossi y Fratacci se hallaban en la terraza del café La Piscine, cuando cinco hombres, a pie y sin pasamontañas, irrumpieron en el lugar. Dos de ellos dispararon un total de 50 balas. Los dos militantes nacionalistas murieron de inmediato y un camarero resultó herido en un muslo.
Todo ocurrió por la mañana en L'Île-Rousse, población costera del noroeste de Córcega, al día siguiente de que las distintas familias del muy dividido nacionalismo corso se hubieran reunido en Corte, en el centro de la isla, para intentar superar diferencias, crear una plataforma común y negociar conjuntamente con el Ejecutivo de Lionel Jospin una ampliación de las competencias del estatuto de 1992.
Varios movimientos nacionalistas sumaron ayer sus condenas a los asesinatos. Entre otros, A Cuncolta Indipendentista y Corsica Nazione condenaron, en un comunicado común, el acto contra dos de sus antiguos militantes y reafirmaron su "apuesta por la paz de los nacionalistas".
Jean-Michel Rossi había publicado, hace poco más de un mes y en colaboración con François Santoni, líder del brazo armado de la Cuncolta durante la primera mitad de los años noventa, un libro en el que explicaban buena parte de sus andanzas como militantes. Con forma de entrevista, fue redactado por el periodista Guy Benhamou, antigua víctima de la intolerancia de Santoni y del propio Rossi. Éste había conocido a Santoni en la cárcel, en 1985, y de ahí surge una suerte de reparto de tareas. Rossi será el intelectual, Santoni el guerrero.
La muerte de Rossi puede interpretarse como un acto para paralizar la solución política buscada por el Gobierno de Jospin y la gran mayoría de fuerzas políticas insulares. Los únicos beneficiarios son los extremistas de ambos bandos y también la pléyade de ejércitos, nacionalistas y mafiosos que sacan provecho de la confusión y de la violencia. Pero esta reanudación de la criminalidad política también podría ser una venganza o una forma de cerrarle la boca a Rossi.
En efecto, Rossi y Santoni ridiculizan en el libro a dos ex ministros del Interior -Charles Pasqua y Jean Louis Debré-, que negociaron con ellos mientras afirmaban que nunca en su vida hablarían con nacionalistas violentos, pero, sobre todo, demuestran hasta qué punto el independentismo en Córcega está en manos de gente sin escrúpulos. "Nos propusimos asesinar a dos traficantes árabes", dicen, "para ganarnos la simpatía del corso medio y los de la extrema derecha racista". Tras más de 40 crímenes descubren que se habían "hecho manipular" por el policía que les informaba. "La red de narcos fue sustituida por otra controlada por el MPA" .
En 1998, Santoni y Rossi, tras salir de nuevo de la cárcel, abandonaron la Cuncolta e hicieron públicas sus críticas contra la violencia. Han acusado a Jean-Guy Talamoni, hoy cabeza visible de la vitrina legal del independentismo más radical, de "flirtear con la extrema derecha" y de no "condenar la violencia".
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