TRAGEDIA EN SORIA

"Seguro que conozco a alguien que iba en el autocar"

Viladecans suspendió su festival de teatro tras saberse que entre las víctimas había alumnos del colegio Modolell

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Los padres viajaron a Soria sin saber si sus hijos estaban vivos o muertos

La noticia corrió por Viladecans como la pólvora. La rambla, uno de los centros neurálgicos, se caía de silencio y los únicos comentarios eran para referirse al accidente. "Si es cierto que la culpa la ha tenido el camión es que no hay justicia divina", protestaba una vecina. La tragedia se hacía más evidente en las plazas, donde los escenarios estaban ya preparados para las representaciones del festival de teatro de calle, que debía iniciarse a las siete de la tarde.Los actores de las compañías extranjeras, sin embargo, no tardaron mucho en entender lo que estaba ocurriendo. El hecho de que los niños fueran del colegio Modolell, acrecentó la tragedia. En el centro de la localidad son pocas las personas que no conocen a alguien que estudie en esa escuela. Sin embargo, pasaban las horas y no había lista de las posibles víctimas. La frase más repetida era: "yo seguro que conozco a alguien que iba en el autocar". En algunos casos particulares el conocimiento era mayor porque entre los chavales que viajaban a Burgos había hijos de comerciantes de la localidad. Muchos, no obstante, optaron por esperar las noticias desde la misma puerta del colegio.

La Guardia Urbana tuvo que acordonar la zona ante la llegada de alumnos, familiares de otros chicos y muchos curiosos. "Yo he venido por Zoila", decía una mujer de unos 50 años a otra que acababa de cruzar la puerta del colegio. La mujer la tranquilizaba: "Zoila está bien". Uno de los primeros padres en acudir al centro, al conocer la noticia se felicitaba por la buena suerte de que su hijo no hubiera podido ir a las colonias "aunque le hacía mucha ilusión".

María, una adolescente de 15 años se apoyaba en una de las vallas instaladas por la policía local para evitar el paso. Esperaba noticias de sus compañeros de curso. "A mi me tocaba ir el día 17", aseguraba. Otra chica esperaba, impaciente, en la puerta del colegio recordando cómo a su mejor amiga la habían castigado a última hora y se había quedado así sin poder acudir a a las colonias de verano: "Y eso que ya había pagado la inscripción".

La gran tensión que tuvieron que soportar los familiares, junto al fuerte calor también propiciaron algún desvanecimiento entre los padres y amigos de los pasajeros del autocar siniestrado. Siete ambulancias hicieron guardia ante la puerta del colegio para evitar males mayores.

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Hacia las seis de la tarde se incorporó un auténtico regimiento de médicos, psicológos y otros expertos que se ofrecían para apoyar a las familias en lo que fuera necesario. Muchos de ellos acabaron acompañándolas a Soria.

A última hora de la tarde aún llegaba gente a la escuela que se habían enterado de la trágica noticia a través de los medios de comunicación. Todos aseguraban tener algún familiar o conocido dentro del autocar, pero ninguno consiguió información sobre su estado. La angustia imperaba.

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