El Ecofin traslada otra vez al Consejo Europeo su disputa sobre el pacto fiscal

Los ministros de Economía y Finanzas (Ecofin) de la UE acordaron ayer llevar por segunda vez a una cumbre europea el espinoso asunto de la armonización fiscal del ahorro. Pese al fracaso vivido en la cumbre del pasado semestre, en diciembre pasado en Helsinki, la presidencia portuguesa de la UE decidió que el asunto vuelva a discutirse en el Ecofin extraordinario el domingo 18 de junio, en vísperas de la cumbre de Feira (Oporto). "Tenemos que lograr un acuerdo aunque estemos dos noches sin dormir", afirmó el ministro alemán Hans Eichel.

Las cosas se han movido mucho desde entonces, aunque está por ver si en la dirección del acuerdo o de la ruptura. Si en Helsinki el Reino Unido jugó el papel del bloqueo y tuvo que cargar con la responsabilidad política del fracaso para defender los intereses de la City y la opacidad de sus emisiones de eurobonos, ahora ha logrado pasar a otros la patata caliente.El canciller del Exchequer, Gordon Brown, le ha dado la vuelta a la tortilla y son Luxemburgo, Austria, Bélgica y Grecia los que bloquean la propuesta que está sobre la mesa: que a medio plazo la armonización se base sólo en el intercambio de información y no en la retención. En pocos meses, el Reino Unido ha conseguido hacer saltar por los aires el acuerdo de 1997 por el que cada país podía elegir entre imponer una retención o informar al resto de socios sobre la identidad y rendimientos de las inversiones en su territorio.

El acuerdo parece aún lejano. En Helsinki se rompió porque Londres quería excluir a los eurobonos de la obligación de informar. Ahora, Luxemburgo, Austria, Bélgica y Grecia se oponen a la propuesta británica de renunciar a la coexistencia de los dos sistemas porque a la larga, cuando desapareciera la posibilidad de retener y estuvieran obligados a informar, se acabaría el secreto bancario. Un asunto políticamente sacrosanto en Austria y económicamente todavía más sagrado en Luxemburgo.

No es el único inconveniente. Varios países -también el Reino Unido- condicionan la entrada en vigor de cualquier acuerdo de armonización de la fiscalidad del ahorro al cierre de acuerdos semejantes con paraísos fiscales como Suiza, Liechtenstein, Mónaco y territorios dependientes o asociados como las islas del Canal y la isla de Man. Luxemburgo y Bélgica quieren incluir también a San Marino y Andorra en esa lista y el Reino Unido a EE UU. Lo que es casi tanto como decir que un acuerdo en Europa nunca llegará a ser aplicado, o al menos puede tardar muchísimos años en entrar en vigor. Y aún no está completamente la otra gran pata del paquete fiscal: el código de conducta sobre la fiscalidad que grava a las empresas.

La presidencia portuguesa optó finalmente por llevar el asunto a la cumbre, a pesar del riesgo de que se viva allí un nuevo fracaso de las negociaciones. "Sé que corremos ese riesgo", admitió el ministro portugués Joaquim Pina Moura, "pero el acuerdo es muy importante para el euro y para la integración". "Estamos condenados al éxito. Hay que lograr un acuerdo en Feira aunque estemos dos noches sin dormir", le apoyó el ministro alemán, Hans Eichel.

El primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Junker, responsable de la cartera de Economía y Finanzas, discrepó: "Este problema no se puede tratar a la ligera. Por una cuestión de prudencia, no podemos ir al galope". "Está por probarse que el sistema de información sea más eficaz que la retención en la fuente", objetó.

Revitalizar el euro

Los ministros, en otro orden de cosas, dieron su apoyo político al ingreso de Grecia en el euro, un acuerdo que será hecho oficial en la cumbre de Feira y que entrará en vigor el 1 de enero próximo. El ministro francés, Laurent Fabius, propuso que Grecia se incorpore desde entonces al Euro-11, el foro informal que reúne a los ministros del euro, adelantándose así al ingreso oficial de la dracma en el euro. El español Rodrigo Rato propuso adelantar a 2001 el objetivo de déficit cero, pero sin respaldo. Entre otros de Fabius, que informó a algunos de sus colegas de su intención de presentar nuevas propuestas para revitalizar el Euro-11 durante la presidencia francesa, el próximo semestre.

Francia quiere dar un impulso al llamado gobierno económico, que tanto ruido suscitó cuando en 1997 se propuso crear el Euro-11 en contra de la opinión dominante en Alemania. Aquel gobierno económico del euro apenas ha aparecido mientras la divisa europea se debilitaba un 25% frente a su teórico competidor, el euro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 05 de junio de 2000.

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