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La crispación mató al Barça

La crispación acabó con las posibilidades del Barcelona. El equipo de Aito había asumido el reto como su última pelea para dar sentido a una temporada marcada por las ocasiones perdidas. Sus jugadores, hiperresponsabilizados, no supieron aprovechar la ventaja del factor campo y contagiados por un ambiente como sólo se crea en el Palau, por la vehemencia de Aito en el banquillo y por los gestos de arenga de algunos de sus jugadores, fueron olvidándose de que para ganar un partido también hay que jugarlo hasta el final.Tres cuartas partes del juego fueron de persecución intentando acabar con su presa de un mordisco definitivo y, con ello, con las posibilidades de un Real Madrid que huía de una batalla que sólo podía vencer con astucia y capeando el temporal. La gran defensa del Barça y el acierto en los triples hizo que 10 puntos de diferencia parecieran definitivos. En el Madrid, ahogado Djordjevic, solamente Angulo entendió el histórico problema de un equipo en el que en los últimos años sus estrellas parecen apagar al resto del equipo, agravada esta situación por la ausencia de Herreros, que en esta final sólo ha podido ser un símbolo.

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En el último tramo del partido, por contra, en la fase crucial, el Madrid casi sin enterarse empezó a tener posibilidades, esgrimiendo soluciones de urgencia. Todos tuvieron que jugar, sobre todo después de la cuarta falta de Djordjevic que obligó a Scariolo a reservarlo para los minutos finales. Galilea anotó una entrada antológica, los balones empezaron a circular, a entrar y salir de la zona para acabar en francas situaciones de tiro para los blancos. El acierto y la claridad de ideas del Barça se agotaron y sólo Navarro, una vez más, fue capaz de dar todo su talento. Las jugadas de conjunto dieron paso a acciones individuales poco elaboradas que acababan en malos tiros.Sin darse cuenta el Madrid, solucionada la fase aguda, se metió en el partido y se encontró de repente con posibilidades de victoria y ahí jugó sus mejores minutos, donde cada uno hizo lo que tenía que hacer. Partido jugado de más a menos, con un final apoteósico para unos y patético para otros. Temporada nefasta ésta que se cierra para el Barça, cuando todo apuntaba a ser candidato a todos los títulos. Y en Madrid, espaldarazo definitivo a un equipo que vivió sus mejores momentos en los play-off, ganando un partido en el que muy pocos creían, incluyendo el que escribe estas líneas.

Sería conveniente que este éxito no supusiera una victoria anestésica, que insensibilizara a los responsables para apreciar los problemas de un equipo que desde Petrovic es incapaz de hacer que sus figuras potencien al resto de sus jugadores. Ocurrió con Sabonis y ha sido la tónica con Djordjevic. Analizar seriamente este aspecto sería una gimnasia que Scariolo tendría que hacer en el futuro si quiere hacer del Madrid de nuevo un grande de Europa.

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