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18è SALÓ INTERNACIONAL DEL CÒMIC DE BARCELONA

Del panfleto a la perla gráfica

Son una tentación. Pequeños, baratos, nuevos y generalmente con una frescura difícil de encontrar en las publicaciones comerciales. Son los fanzines, estas publicaciones autoeditadas en las que se han iniciado numerosos autores hoy reconocidos. En el Salón del Cómic tienen un espacio dedicado a ellos, el pabellón F, y allí se concentran una treintena de editores de fanzine de muy diversas tendencias, estéticas y propósitos. Desde, por ejemplo, los clásicos realizados con fotocopias, en un austero blanco y negro que suelen tener un aire de panfleto revolucionario, siempre de agradecer -como los 11 que están agrupados en FFH-, hasta la exquisitez artística en serigrafía de la nueva distribuidora de Zaragoza La Confiture, que presenta el cuidado librito Te leo, de Ana Román e Isidro Ferrer.En casi todos los casos, sin embargo, se trata de publicaciones autoeditadas, con una tirada de entre los 500 y los 1.000 ejemplares, que se costean los propios autores y que a duras penas logran cubrir gastos. Eso sí, les permite publicar y reconocen de forma prácticamente unánime que en los dos últimos dos o tres años han bajado los precios de las imprentas, lo que, junto a un acceso más generalizado a los programas informáticos, les permite ofrecer productos de mayor calidad.

Competencia

"Ahora mismo no hay mucha diferencia entre un fanzine y una revista comercial, al menos a nivel de presentación", comenta Sergio Córdoba, que fue autor revelación el pasado año y que forma parte del colectivo valenciano que hace cuatro años fundó la editora 7 Monos. Con Amaniaco compiten por obtener el premio al mejor fanzine del pasado año.

También optan al premio los creadores de El puñalito, procedentes de Barcelona y Santa Coloma, en donde anteriormente habían formado colectivo en Komikaze con los del fanzine Killer Ink Kompany, según sus responsables, "más irreverentes y salvajes". El puñalito es una revista bimensual que no se centra exclusivamente en el cómic. "Queremos que esté abierto a todo tipo de creaciones", comenta David Muntané, para quien puede estar llegando una época dorada para la autoedición. Competirán con los valencianos de Como vacas mirando el tren idiota y diminuto, que ya obtuvo el premio el año pasado y que reconocen que venden mucho más su revista en las tiendas de museos como el IVAM o el Macba que en las tiendas de cómic.

Y si hay coincidencia en la efervescencia creativa, otro fenómeno cada vez más frecuente es la unión de diferentes publicaciones. Es el caso de Epicentro, nuevo sello que se presenta en el salón y que ha reunido a los vascos de Aleta Ediciones, los valencianos de Fanzone, los madrileños de H Studio, los castellonenses de Otra cosa Comics y los santanderinos de Dies Irae. "Cada uno seguirá haciendo lo suyo, pero nos unimos para la distribución e intercambiar experiencias en la producción", afirma Joseba Basado. "Así también abarcamos más público".

Pero el público, reconocen, no siempre les es fiel. Lo explica Juanjo Sáez, que se autoedita unos bellos fanzines de estética infantil e historias cotidianas y poéticas: "La verdad es que no hay mucho mercado, pero pese a que no hay mucho interés la gente se sigue autoeditando. Supongo que no podemos hacer otra cosa. Es un vicio como otro cualquiera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2000

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