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La Deneuve rompe el hielo

La actriz que Buñuel tachó de "fría como la virtud" exhibe su genio al presentar en Madrid su último filme

Con los dientes nerviosos mordisqueando la uña de su dedo más enjoyado, Catherine Deneuve demostró ayer en Madrid que su célebre frialdad forma parte de una trillada leyenda.La actriz francesa, de 57 años, salió a zancadas y visiblemente malhumorada del cine donde presentó su último filme, La vida prometida, película francesa elegida para concursar en los oscars y que el 18 de febrero se estrenará en España. Un largometraje en el que apenas aparece más de 10 minutos y en el que Deneuve interpreta a una actriz de teatro que ayuda a salir de la antigua Unión Soviética a una francesa acusada de espionaje.

"Deprimente", exclamó Deneuve en plena calle, tras una accidentada rueda de prensa en un cine desangelado que no estaba a la altura de una de las divas del cine europeo. Adelantada al resto de su equipo y marcando con sus botas negras de tacón un paso casi militar, cruzó sin mirar la calle de Fuencarral, abrió la puerta de entrada de una marisquería y desapareció. Retrasados, Sandrine Bonnaire y Régis Wagnier, la actriz principal y el director del filme, intentaban inútilmente seguirle el ritmo.

Primero fueron las luces de las cámaras ("esa luz es horrible, ¿se puede cambiar?", preguntó la actriz, que no obtuvo respuesta y se tragó unos poco favorecedores focos en la cara durante toda la conferencia de prensa); luego, los micrófonos rotos (la actriz se lió a golpes con uno de ellos contra la mesa; "déle, déle usted también", animó a una periodista), y finalmente, una primera pregunta en la que torpemente se le recordaban sus casi 60 años de edad. "¿Cree que le queda algo por hacer?". "Yo creo que sí. ¿Es que a usted no se le ocurre nada para mí? Las actrices europeas no somos como las americanas: aquí no nos jubilan. El cine americano vive sujeto a un estereotipo, el de la locura por la juventud y la fobia a la vejez. En Hollywood, una actriz empieza a tener problemas a los 35 años. En Europa, no".

El remate llegó cuando le preguntaron a su compañera de reparto Sandrine Bonnaire con qué director le gustaría trabajar. La joven intérprete se negó a responder: "Hemos venido aquí para hablar de esta película y no responderé a ese tipo de preguntas". Entonces, Deneuve, con media sonrisa y un cigarrillo en la mano, se lanzó por su cuenta: "Pues yo, como sólo salgo unos minutos en la película, sí le voy a contestar: me gustaría trabajar con Bertolucci, con Coppola, con Jonathan Demme y con Tarantino". "¿Y con Almodóvar no?", interrumpió otro periodista. "Decir en España que me gustaría trabajar con Almodóvar lo considero una perogrullada. Eso lo digo en Italia o en cualquier otro país, no en éste. Por supuesto que me gustaría".

Buñuel la definió como una mujer "hermosa como la muerte, seductora como el pecado, fría como la virtud". Ella ha tachado alguna vez de "topicazo" la frase. Con mucho humor ("para huir de las arrugas, lo mejor es huir de los espejos") y bastante mal genio, la actriz demostró ayer que es algo más que una señora elegante y guapa.

Cuando le recordaron el centenario del cineasta y le pidieron su recuerdo del director de Belle de jour y Tristana, Deneuve afirmó: "No hace falta que me recuerden que es el centenario de Buñuel, lo sé perfectamente. De todas formas, por ser su centenario, no tengo nada especial o más interesante que añadir a lo que he dicho siempre. Siento admiración y respeto por la dignidad del cine que hizo Buñuel. Si yo hubiera sido su guionista o alguien de su entorno tendría algo que contar sobre cómo era él en la intimidad, pero sólo puedo decir que era un hombre de una personalidad muy enigmática y secreta".

Precisamente gracias a Buñuel y a la mujer que en 1967 se inventó el cineasta para Belle de jour, el look Deneuve -que ayer en Madrid consistía en ir toda de negro, pero con una camisa de seda y lentejuelas estampada a lo cebra- vuelve a estar de moda en las pasarelas internacionales. Firmas como Prada o Fendi acuñan ahora la definición de "prendas de lujo con doble vida". Y siguen así el difícil camino de la ropa que Yves Saint Laurent creó para la actriz en aquella película, un vestuario que ha hecho época. El estilo falsamente recatado de la mujer casada aburrida que acepta un trabajo diurno en un burdel ha reavivado la leyenda de esta mujer, que ya no necesita desmentir su fama de fría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2000