McCain gana las primarias de New Hampshire y rompe el mito de que Bush es invencible

John McCain, el senador republicano y ex piloto de guerra que pasó cinco años y medio en las prisiones de Vietnam del Norte, rompió ayer en las primarias de New Hampshire el mito de la invencibilidad de su correligionario George Bush. McCain, según los primeros votos escrutados y los sondeos difundidos por televisión al cierre de los colegios, obtuvo una clara victoria frente al gobernador de Texas. En el campo demócrata, la situación era más complicada. Al Gore y Bill Bradley, según los sondeos, estaban muy igualados.

McCain, que ganaba por un 47% frente al 31% de Bush -con el 29% de los votos escrutados-, animó a "mantener los intereses especiales alejados de Washington". Se refería a los grandes grupos económicos que, a través de donativos electorales, deciden la política en EEUU.Unos 350.000 ciudadanos, la mitad del censo electoral del Estado que tiene como divisa "Vive libre o muere", acudieron a los colegios electorales, que cerraron a la 1 de la madrugada de hoy, hora peninsular española. A falta de comenzar el recuento, las cadenas de televisión daban por segura la victoria de McCain en el campo republicano. Bush venía en segunda posición y muy detrás los otros tres candidatos republicanos.

Esta derrota de Bush supone la destrucción de uno de los dos mitos con los que comenzó la carrera presidencial: el que decía que Bush es invencible. El gobernador de Texas sigue teniendo muchos fondos electorales, el apoyo del sector más moderado de su partido y sondeos que le dan el triunfo en el resto del país. Pero al emitir esta madrugada un parte de victoria desde New Hampshire, McCain demostró que Bush es vulnerable.

El otro mito inicial de esta campaña presidencial estadounidense, que dice que el demócrata Gore no puede ganar la Casa Blanca, seguía sin encontrar una clara confirmación o desmentido a primeras horas de la madrugada de hoy. Las encuestas a pie de urna de CNN, ABC y NBC no se atrevían a dar un ganador en el pulso entre el vicepresidente y el ex jugador de baloncesto Bill Bradley. Pero, con el 29% de los sufragios escrutados, Gore obtenía un 54% y Bradley el 46%.

Bradley se jugaba mucho ayer. Su solitario desafío a la candidatura de Gore parecía hace apenas dos meses un caballo ganador. Hasta el punto de que el senador demócrata neoyorquino Daniel Patrick Moynihan justificó su apoyo al ex baloncestista con el argumento de que Gore jamás podrá conquistar la Casa Blanca. Pero la ventaja que los sondeos de otoño le daban a Bradley en New Hampshire se había erosionado ayer, cuando, en un paisaje nevado, los electores se desplazaron a las urnas.

Como en EEUU la campaña puede continuar en la mismísima jornada electoral, cientos de jóvenes recorrieron ayer New Hampshire con pancartas que decían: "Integridad, honestidad, verdad, Bradley". Esos jóvenes voluntarios, las tropas por excelencia del ex baloncestista, se habían congregado la noche anterior en la vieja cervecería Stark Mll, de Manchester. Alto, cargado de hombros y desgarbado, de ojos azules, labios delgados y buena papada, Bradley, mascando chicle, resumió allí su mensaje en una cita de Eleonore Roosevelt, la esposa del gran presidente demócrata. "El futuro", dijo, "pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños!.

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A continuación, Bradley resumió así el sueño con el que ha levantado la bandera progresista del Partido Demócrata: aprovechar la gran expansión económica de EEUU para hacer universal la asistencia sanitaria. "Ningún niño", dijo, "debería sentirse culpable por estar enfermo".

No es inevitable que los derrotados en New Hampshire pierdan cualquier posibilidad de ocupar la Casa Blanca, como lo demuestra el caso de Bill Clinton, que obtuvo aquí una segunda posición en el campo demócrata en 1992. Pero el pinchazo en hueso en la primera gran cita popular del ciclo presidencial supone un tremendo lastre para cualquier candidato. Y en muchas ocasiones ese lastre es insuperable.

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