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Mateo Díez ensalza el valor de la palabra en un libro de relatos cortos

El escritor leonés inaugura el sello editorial Territorio Personal

Dueño de una de las voces más intimistas y genuinas del panorama literario, el discreto escritor Luis Mateo Díez inaugura el nuevo sello Territorio Personal, de la editorial Temas de Hoy, con el libro Las palabras de la vida. Mateo Díez, que evocó la mítica de los viajantes en Camino de perdición, indaga ahora sobre el sentido de la palabra en la vida. Un libro en el que se muestra más explícito acerca de sí mismo.

Este autor y funcionario, reservado no sólo porque es reticente a narrar sobre su intimidad sino porque es casi imposible encontrarle en actos públicos, rompe un poco su silencio en este nuevo libro, Las palabras de la vida. Entre otras cosas, porque así lo exige la filosofía del nuevo sello, Territorio Personal.Por una vez, la obra de Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942), un escritor que huye de las modas (y no sólo con su vestimenta, impecablemente clásica) contiene reflexiones y recuerdos personales ausentes en sus otros libros. En Las palabras de la vida elabora un discurso en el que defiende que "somos fundamentalmente palabra, hijos de la palabra, porque ellas nos hacen y somos sus dueños", dijo ayer en la presentación de la obra en Madrid.

El libro, que contiene 17 relatos, arranca con impresiones de su infancia y cuenta cómo se ha pasado la vida huyendo del silencio, de su horror vacui, inoculado por una imperiosa necesidad de contar historias. "Soy un niño de pueblo que se hizo urbanita por miedo al silencio. Y quizá ese terror que me producía fue el antecedente de que iba a ser escritor. Porque este oficio se convirtió en refugio contra ese miedo de la infancia".

A pesar de su imagen atildada, el autor de Las horas completas, con el que logró el Premio Nacional de Literatura 1987 (un viaje hilarante de tres canónigos, que se encuentran con un peregrino que les desmonta su fe), confesó ayer que tanto su vida como su escritura están presididas por cierto desorden.

Así, en Las palabras de la vida combina la reconstrución de las voces que escuchó de niño, voces que expresan vitalidad y otras sufrimiento ("he encontrado en las voces de las personas el sentido de sus vidas"); pequeños ensayos e historias de charlatanes, con relatos de ficción, "la gran herencia de la invención humana", a juicio del autor de La fuente de la edad, que se siente más vinculado a Cervantes que a Quevedo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2000